¿Lo que pensamos afecta lo que nos pasa?

 

*Por Gabriela Soberanis Madrid

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¿Qué relación existe entre tus expectativas y tu comportamiento? ¿Qué relación hay entre tus creencias y los resultados que tienes en tu vida?

Todavía hay muchas personas que piensan que las cosas simplemente ocurren y no son conscientes del gran poder que tienen sus creencias y expectativas en los resultados que obtienen en su diario vivir. Lo cierto es que todos los días tomamos decisiones y nuestras decisiones están íntimamente relacionadas con el significado que damos a nuestras circunstancias y las expectativas que tenemos respecto a los resultados que queremos obtener. Estos “significados” y estas “expectativas” son lo que comúnmente llamamos creencias.

Como vimos en escritos anteriores, hablar de creencias es hablar del mundo interior de un individuo. Es identificar las ideas (conscientes e inconscientes) que las personas tienen respecto a algo o a alguien y que dan por verdaderas, basándolas en su conocimiento o experiencia. Aun las personas más abiertas, flexibles y receptivas tienen creencias, ya que éstas nos dan estructura, nos permiten comprender nuestro entorno y actuar en consecuencia. Lo que muchos seguimos ignorando es que las creencias las fabricamos nosotros, son producto de circunstancias diversas pero, a final de cuentas, se gestan en nuestro interior porque en alguna forma nos han sido o siguen siendo, útiles. Si aceptamos este hecho, entonces nos hará sentido saber que las creencias pueden modificarse, desecharse, enriquecerse o empobrecerse; pueden trabajar a nuestro favor o en nuestra contra. Dicho de otra forma, las creencias o bien nos limitan, o bien, nos empoderan.

Existen dos efectos íntimamente relacionados con las creencias: el efecto Pigmalión y la profecía autocumplida. La primera vez que escuché hablar de estas teorías me hicieron todo el sentido del mundo, pero ante todo, me llevaron a reflexionar sobre la forma en que los seres humanos procesamos lo que nos ocurre y lo que ocurre a nuestro alrededor.

El efecto Pigmalión describe la forma en que nuestras creencias  afectan nuestras circunstancias y a las personas que nos rodean. Digámoslo de forma rápida y resumida: lo que piensas que va a ocurrir, ocurrirá. Seguramente estarás pensando en las muchas veces que deseaste que ocurra algo y no ocurrió o que pensaste que aquello no podría pasar, y pasó. Pero hay que comprender claramente a qué hace referencia este efecto y básicamente es al hecho de que son más las veces en que no tenemos consciencia de todas las cosas que hacemos para que la realidad se amolde a nuestra concepción de las cosas y las personas. Es decir, cuando una persona se convence a sí misma del significado que tiene una situación para ella – muy al margen de que verdaderamente la tenga o no -, ajustará su comportamiento a esa percepción y éste tendrá efectos en el mundo real. Lo que esto nos dice es que las personas no reaccionamos a las situaciones tal como son, sino que reaccionamos a ellas de la forma en que las percibimos y de acuerdo al significado que les damos.

Existe una estrecha relación entre el efecto Pigmalión del que hablamos anteriormente y la profecía autocumplida (expresión acuñada por el sociólogo Robert K. Merton). En sí, se refiere al hecho de que las creencias son la causa de que se haga realidad algo, debido a que desencadenan una serie de sucesos que favorecen su cumplimiento. Cuando una persona  tiene una firme creencia sobre algo o alguien, ésta acaba cumpliéndose porque la  conducta que manifiesta a cada momento intenta a toda costa alinearse con las creencias que sostiene.

A propósito del reciente deceso del escritor colombiano Gabriel García Márquez, en un cuento contado por él en un congreso de escritores,  se ilustra claramente el efecto Pigmalión: El cuento narra la forma en que el presentimiento de una madre de familia se convierte en una profecía autocumplida para todo un pueblo. Una señora mayor le comparte a sus hijos que presiente que “algo muy grave va a suceder en este pueblo”, el hijo mayor se va consternado por el comentario dando lugar a que pierda una apuesta, algo inusual en su trayectoria de juego. Esto desconcierta a sus contrincantes y el hecho se  esparce como rumor de que algo grave va a suceder, lo que desencadena una serie de acontecimientos que ponen en alerta a todos, paralizando las actividades del pueblo y provocando pánico en los pobladores, al punto de que terminan huyendo. Uno de los últimos en abandonar el lugar, incendia su casa antes de partir con el fin de evitar que la desgracia caiga sobre el pueblo. Algunos otros le siguen. Al final, la madre le dice al hijo “Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.”

Con esto vemos que nuestras creencias y prejuicios ejercen una fuerte influencia en nuestras circunstancias y los resultados que obtenemos, lo que nos hace constatar que lo que pensamos puede condicionarnos o impulsarnos y que nada ocurre porque si. Podemos elegir pensar en forma tal que veamos los obstáculos y construyamos una realidad que nos limite o podemos elegir pensar de tal manera que abramos un abanico de posibilidades ante nosotros, creando una realidad donde la vida nos favorece. Pero siempre es una elección personal. ¿Cuál eliges tu?




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