Letras marginales

El don de las lágrimas

Por: Mario Barghomz (*)

lloramos porque en el llanto nos reencontramos… sobrevivimos

Llorar es justo, llorar es fácil, llorar es natural, llorar es necesario. Llorar a veces requiere de valor, de libertad y voluntad. Se llora a veces no de pena ni dolor, de amargura o soledad; se llora también de orgullo de ser y en defensa de la dignidad.

Se llora siempre por lo que se debe llorar, la emoción del llanto es lo más libre y natural del ser; las lágrimas limpian, sanan, dignifican. Las lágrimas relajan y curan las heridas del alma, nos acogen y nos benefician.

Las lágrimas nos abrazan, nos reconstruyen, nos edifican, nos expían y nos sanan. Las lágrimas son consuelo y también baño, agua que emana de nosotros mismos y nos abraza desde las mejillas.

Llorar es salud, ternura y sensibilidad. El que llora se lamenta, desahoga su tristeza pero se repone, se abre y se ofrece una nueva posibilidad.

El llanto, dice Santo Tomás, es un consuelo para la tristeza y el dolor. Pero también lloramos de alegría -dice Dorothe Solle-; las lágrimas la aumentan. No pocas veces el llanto lleva al hombre a su verdad. Los que no pueden llorar sufren por ello, haciendo de la tristeza y la desgracia sentimientos más fuertes en ausencia del llanto. Lloramos y lo comprendemos todo, escribió Dostoievski.

El que llora bien no se justifica, muestra su ser; desnuda su alma ante el otro, se la ofrece. Pero el que mal llora ofende, manipula, aprovecha sus lágrimas de cocodrilo para chantajear y aprovecharse de una situación de dolor y pena. Llorar bien dignifica, llorar mal acobarda. Llorar es luchar, levantarse, asirse del corazón de uno mismo para fortalecerse y volver a la batalla de la vida por el ser mismo de uno.- Mérida, Yucatán.

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*) Escritor y filósofo




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