La voz de los trabajadores

La voz de los trabajadores

Líderes y corrupción

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

En las dos marchas del pasado 1 de mayo, realizadas por trabajadores de sindicatos independientes y los llamados “oficialistas”, se escucharon demandas similares: mejorar los salarios, freno a las alzas, al gasolinazo y mejor atención médica en las clínicas del Seguro Social.

La situación económica, los recortes presupuestales, la austeridad, la falta de empleos y las reformas del actual gobierno federal sacuden y estrangulan los bolsillos de cientos de miles de trabajadores que piden mejorar en el sueldo y el trabajo para sacar adelante a sus familias.No es fácil vivir en la actualidad con dos salarios mínimos, menos, por tanto, con uno o, peor aún, sin empleo. Y esto es una realidad que viven millones de familia en el país. La situación se torna difícil, por eso surgen las demandas en la voz de los trabajadores.

Sin embargo, en esos desfiles el oficialismo hace de las suyas y ante las órdenes de las autoridades en turno los líderes oficialistas convocan e incluso presionan buscando concentrar la mayor cantidad de agremiados para mostrar la unidad y la tranquilidad en el sector obrero. En los discursos estos mismos dirigentes hablan de mejoras salariales, alto a los gasolinazos, rectificación de la reforma fiscal, rechazo a los cambios del Infonavit, pero después en el mismo discurso, aparentemente combativo y crítico, doblegan la cerviz y aplauden y elogian las reformas presidenciales y el trabajo del gobernante en turno.

Lamentablemente estos dirigentes sindicales que hablan de defender los derechos de los agremiados son los mismos que realizan acuerdos con las autoridades en turno y guardan silencio cuando los trabajadores protestan y exigen. Son los mismos que utilizan el liderazgo sindical para satisfacer sus aspiraciones políticas y ambiciones económicas. Son los que congelan la democracia y con acciones autoritarias buscan anquilosarse en el poder durante décadas hasta que la vejez los obliga a retirarse; son aquéllos que buscan una diputación local o federal e incluso una senaduría para dividir su tiempo en estas dos posiciones, tener un mayor control entre los agremiados y obtener mejores salarios.¿Qué le puede preocupar a un dirigente sindical que también es diputado las condiciones económicas de los agremiados y sus derechos laborales si él percibe dos jugosos sueldos, percepciones, prebendas y canonjías? ¿Qué le preocuparía a estos dirigentes si, además, tienen a los hijos, a los sobrinos, a la familia casi completa, amigos y compadres en las nóminas oficiales aprovechando el poder político y sindical?Lo que siempre sorprende es que los trabajadores con el voto, obligado o comprado, mantienen a estos lidercillos y no se dan cuenta que, al mismo tiempo, frenan sus derechos, la democracia sindical y sus demandas, porque nunca verán a uno de estos dirigentes oficialistas demandar mejores salarios y condiciones de trabajo ante el gobernante o presidente en turno.Hay ejemplos claros de lidercillos que hacen de las suyas y atentan contra los derechos de los agremiados. Un botón de muestra es el dirigente de la Sección 67 del Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Salud, Alvar Rubio Rodríguez, cuyo nepotismo escandaloso, abusos y favoritismos dañan a los trabajadores y la imagen del servicio en el Sector Salud. Estos dirigentes olvidan los postulados del sindicalismo y los derechos de los trabajadores con los abusos y la corrupción que estimulan. La voz de los trabajadores es la única que puede poner límites o desaparecer con el voto a esta especie de lidercillos.- Mérida, Yucatán.

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*) Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional




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