La segunda Independencia

Pasajes de la historia

Rubén J. Bolio Pastrana (*)

Don Eligio Ancona, historiador, abogado y político del terruño, nos cuenta en su libro “Historia de Yucatán”, que después de independizarse de la Corona Española, nuestro Estado se unió al fugaz imperio de Iturbide y luego a la República, el 29 de mayo de 1823, por un acto espontáneo de voluntad, con la condición de que aquella adoptase para su régimen interior el sistema federal, pero que de hecho ese pacto se rompió desde 1836, por lo que en la Península brilló el deseo de separarse de una nación que quería gobernar nuestra tierra como un cacicazgo, armándose a los pocos años el ejercito federalista capitaneado por Santiago Imán, quien tomó la ciudad de Valladolid, emitiendo el 12 de febrero de 1840 un acta en la que se exigía el restablecimiento de la Constitución Mexicana de 1824.

Pasados seis días se proclamó la independencia del territorio yucateco del resto del país, hasta que el gobierno centralista mexicano reconociera que el estado de Yucatán era libre y se restituyera la citada Carta Magna del año de 1824.

El 16 de marzo de 1841, estando en sesión el primer ayuntamiento constitucional de Mérida, penetró al recinto un grupo de personas comandadas por Miguel Barbachano y Terrazo y Martín Francisco Peraza, entre otros, solicitando al Cabildo que se hiciera la petición al Congreso, a fin de requerir la separación de Yucatán del resto de México, la cual culminó oficialmente el 1 de octubre de 1841, cuando la legislatura local aprobó el “Acta de Independencia de la Península de Yucatán”, cuyo primer postulado decía: “El pueblo de Yucatán en el pleno uso de su soberanía se erige en república libre e independiente de la nación mexicana”.

Cuando don Antonio López de Santa Anna ocupó la presidencia de la República ese mismo mes y año, no acogió la ideología federalista de los diputados y mantuvo su postura centralista del gobierno mexicano, misma que nuestra entidad, coherente con sus principios de libertad, no apoyó, confirmando así el acuerdo de no obedecer los mandamientos gubernativos hasta que hubiese un ministerio estrictamente federal.

Santa Anna comisionó a Andrés Quintana Roo para establecer un diálogo con las autoridades yucatanenses, con aparente éxito, al suscribirse los tratados de 28 y 29 de noviembre de 1841, en los que se aceptó que Yucatán conservaría sus leyes y aranceles de aduanas, así como la libre introducción de mercancías a los puertos de territorio nacional que había sido suspendida; sin embargo, ya en la ciudad de México, esos pactos fueron desconocidos, pues el centralismo exigía que se acataran los decretos establecidos por el dictador, por lo que la presunta reintegración fracasó, no obstante de haberse usado todas las vías diplomáticas. El Presidente se negó a reconocer la emancipación de Yucatán, prohibió el intercambio de la navegación, afectando la economía yucateca, lo que hizo que el gobernador Barbachano negociara con el gobierno central, por lo que el 5 de diciembre de 1843, se le reconoció autonomía plena a nuestro Estado, el cual por dicha razón se reincorporó a la República.

El nuevo presidente José Joaquín de Herrera organizó otra vez al país bajo un régimen centralista y al revisar los convenios aprobados argumentó que eran contrarios a las bases orgánicas de su gestión gubernamental, por lo que a fines de 1845, el Congreso Mexicano los reprobó. Este nuevo curso originó que el 1 de enero de 1846 la Asamblea Legislativa de Yucatán declarara nuevamente su independencia del territorio mexicano. La situación se agravó, pues los mayas cansados de la explotación de que eran víctimas por parte de la población blanca se levantaron en armas el 30 de julio de 1847, resultando así que este conflicto que se llamó guerra de castas, para el año de 1848 ya había cundido en toda la península.

La sublevación llegó a ser significativa que el gobernador Miguel Barbachano informó al gobierno de México, a fin de solicitar ayuda económica y militar, a lo que el presidente Herrera, quien aún permanecía en el poder, accedió enviando una cantidad de dinero al estado, en apoyo a la solicitud, derivando todo ello en la necesidad de concluir la ruptura que hubo en dos ocasiones y el 17 de agosto de 1848, Barbachano decretó nuevamente la reincorporación definitiva de Yucatán a la federación, como hasta nuestros días.- Mérida, Yucatán.

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*) Abogado y notario público




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