La Línea 12 rumbo a 2018…

En unos párrafos

Ernesto Castillo Rosado (*)

Han pasado prácticamente cuatro meses desde que el gobierno del Distrito Federal decidió suspender el servicio en un tramo de la Línea 12 del Metro por seguridad de los casi medio millón de usuarios que a diario hacían uso de tan importante medio de transporte.

Fue en octubre de 2012, un mes antes de finalizar la gestión de Marcelo Ebrard, cuando se decidió inaugurar a como diera lugar una obra inconclusa que estaba destinada a convertirse en la obra del sexenio.

No había mejor forma de terminar un gobierno bien calificado en términos generales que con la puesta en marcha de una obra de tal magnitud proyectada para mejorar la movilidad de la ciudad para los próximos 50 años. La Línea 12 sería, pues, la cereza del pastel de la administración del perredista que representaría su pase automático a la candidatura presidencial de su partido para las elecciones programadas para 2018.

Pero desafortunadamente, a sólo 15 meses de su inauguración, la obra que en su momento fue anunciada como el proyecto de construcción más importante no sólo de la capital sino de todo el país, está por convertirse por consiguiente en el mayor escándalo de corrupción no sólo del Distrito Federal sino de todo México.

Y es que resulta más que lógico que un proyecto en el cual no sólo se necesitaron 10 mil millones pesos adicionales a los 17 mil millones presupuestados originalmente para su construcción, sino que además esté generando pérdidas económicas diarias por concepto de renta de autobuses para transporte de usuarios y por gastos de rehabilitación de las vías, tenga todos los reflectores puestos encima. Desde su suspensión, esta obra le sigue costando al gobierno de la ciudad, mejor dicho a los capitalinos, quienes son a final de cuentas los que terminan cubriendo estas pérdidas con el pago de sus impuestos y derechos.

Estamos hablando de cantidades multimillonarias que nos resultan difíciles de dimensionar y que para poder hacerlo es necesario tomar un punto de referencia para su comparación. Por ejemplo, nos serviría saber que el gasto de todo un año de la Universidad Nacional Autónoma de México es de alrededor de 35 mil millones de pesos, o que el presupuesto anual del Estado de Yucatán asciende aproximadamente a unos 40 mil millones de pesos, o tal vez, que el programa federal Oportunidades necesita anualmente cerca de 66 mil millones de pesos para su operación. Ahora sí, con estas cifras ya podemos darnos más o menos una idea de la magnitud del caso.

Con todo esto, y como era de esperarse por tratarse de un gobierno emanado del mismo partido, la actual administración capitalina sigue retrasando lo inaplazable. El caso Oceanografía, la discusión de las leyes secundarias de la reforma energética, y hasta el Mundial de Fútbol, por también decirlo, le han comprado algo de tiempo muy valioso al gobierno del Distrito Federal.

Pero llegará el día en el que el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, tenga que tomar la decisión política más importante de su sexenio. Una decisión que lo tiene entre la espada y la pared, porque de hacer lo que debe acabaría con las aspiraciones presidenciales de Marcelo Ebrard, y en caso contrario, entonces estaría encubriendo el mayor escándalo de corrupción en la historia de los gobiernos de la ciudad de México.

El vagón “Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano” de la mal lograda Línea Dorada sólo tiene un asiento reservado para el próximo candidato presidencial del PRD. Dependerá de Miguel Ángel Mancera quién será ese pasajero. En sus manos está el futuro político de Ebrard, y por consiguiente, el suyo.- San Francisco de Campeche, Campeche.

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@ECR1978

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*) Regidor de mayoría del Cabildo de la capital de Campeche, por el PRI. Ex secretario de Gestión Social del Comité Directivo Estatal del PRI en Campeche

»La obra que en su momento fue anunciada como el proyecto de construcción más importante no sólo de la capital sino de todo el país, está por convertirse en el mayor escándalo de corrupción…




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