La golpiza del 4 de julio

Despertar de las conciencias

Autor: Marcelo Pérez Rodríguez (*)

Cuando las autoridades se sienten presionadas por la voz de los ciudadanos buscan estrategias fuera de la ley para controlar, acallar las voces y apaciguar los descontentos. La amenaza, el despido laboral, la compra de conciencias o la violencia física son tácticas oficialistas que buscan desesperadamente los gobernantes para que inconformes no alteren la “tranquilidad” de los demás ciudadanos.

Sin embargo, son esas mismas autoridades las que alteran la buena marcha de la sociedad; al no escuchar la voz ciudadana hacen surgir la inconformidad, las protestas y las demandas de la comunidad.

En el caso del paso deprimido la ahora ex alcaldesa Angélica Araujo Lara hizo oídos sordos a las voces de los especialistas y de los ciudadanos para reconsiderar la destrucción de la glorieta e impuso sus caprichos de construcción. Hizo caso omiso a recomendaciones y sugerencias, a protestas e inconformidades, y dio paso a la represión, a la violencia para silenciar a los inconformes.

Y los pelafustanes hicieron su aparición en la manifestación pacífica ese 4 de julio de 2011, arremetieron contra los asistentes. Sin tocarse el corazón golpearon a hombres y mujeres. La cruenta agresión sacudió las conciencias de los meridanos, de los yucatecos.

Las autoridades municipales y estatales guardaron silencio. Los mandatarios policíacos se resguardaron y no defendieron la seguridad de los ciudadanos. En una red de complicidades trataron de confundir a los medios de comunicación y a la gente, pero la verdad salió a flote. No se pudo ocultar la agresión ni las fotografías que mostraban la barbarie cometida contra personas indefensas.

A pesar de las pruebas documentadas y las fotografías las autoridades encargadas de impartir justicia congelaron el caso. ¡Qué dificultad para el ciudadano cuando las vías de las leyes y la justicia son controladas por manos autoritarias, cuando a pesar de todas las pruebas la impunidad se alza como ganadora de una contienda donde las autoridades son árbitros unilaterales!

A tres años de distancia aún no hay castigo para los actores intelectuales ni para quienes golpearon y patearon a los manifestantes en ese día aciago. La sangre derramada no ha dado frutos ante un sistema de justicia que se cierra a cumplir su cometido. El bloqueo sigue para los procesos penales y los golpeadores están libres, aunque en sus manos y frente lleven el signo de la agresión cometida.

Pero la brutal represión ayudó en mucho a despertar la conciencia de los meridanos, de los yucatecos, tan necesaria ante la pasividad cívica. Hubo una sacudida de mentes y corazones, los ciudadanos unieron sus voces de rechazo a la agresión y exigieron castigo para los vándalos, pero la justicia no avanzó más, todo se guardó en el cajón de los olvidos.

A tres años de distancia, donde las heridas físicas ya sanaron, el recuerdo queda en la mente de los ciudadanos. Es importante que ese civismo no decaiga, no cicatrice como las heridas de los agredidos, sino que siga latente, multiplicándose. La unión de los ciudadanos da la fuerza necesaria para que las conciencias se multipliquen y hagan frente a las injusticias, abusos y corruptelas de las autoridades. El 4 de julio no se olvida.- Mérida, Yucatán.

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*) Profesor de la UPN




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