La falsa democracia de México

Nada con el ciudadano

Autor: Filiberto Pinelo Sansores (*)

Está de plácemes la partidocracia mexicana porque se acaban de aprobar nuevas reglas electorales que, según dicen, servirán para que en lo sucesivo se desarrollen contiendas pulcramente democráticas. No obstante, es de dudar que esto sea así porque el ámbito en que se deberán aplicar está saturado de elementos antidemocráticos que se contraponen a los deseos del pueblo de que haya en nuestro país verdadera democracia.

Incluso, cuando los partidos políticos legalmente registrados, o algunos de sus miembros tienen rasgos de sensibilidad política que les permiten captar las demandas populares en torno a los grandes problemas de México y tratar de actuar en consecuencia para satisfacerlas, los grandes intereses que están representados mayoritariamente en los órganos constitucionales de decisión del país, los Congresos -el de la Unión y los locales- maniobran para impedir que se concreten cambios que en verdad beneficien al pueblo y asegurar que sigan privando, con nuevas formas, los viejos vicios que caracterizan la vida de la nación.

Ejemplo actual de ello es la maniobra con que el presidente Peña Nieto y sus empleados del Poder Legislativo del país quieren hacer nueva víctima de engaño a los mexicanos, en relación con una de sus tan cacareadas reformas constitucionales, la de telecomunicaciones, aprobada, supuestamente, para terminar con los monopolios de la radiodifusión. Hoy, sin embargo, descaradamente están tratando de descarrilarla mediante la aprobación de leyes secundarias que la contravengan. La socorrida estrategia: que las cosas cambien para que todo siga igual.

Contra lo que dice la Constitución, pretenden que se considere como monopolio no a quien monopoliza un servicio, sino a quien monopoliza todo un sector. Con esta trampa buscan que Televisa no sea declarada monopolio, ni en el ámbito de la televisión abierta, donde controla más del 70% del mercado, ni en el de la televisión de paga, donde controla el 62%, dos servicios donde tiene un dominio pleno que impide la competencia. De este modo, el grupo que gobierna al país y a muchos estados de éste le devuelve el favor al monopolio televisivo por haberlos ayudado a escalar el poder.

Por eso causa risa que los que se dicen partidos de oposición echen las campanas al vuelo para decir que con la reformita que hicieron en materia electoral ha quedado garantizado el acceso a la democracia. Están de plácemes, eso sí, porque ahora se podrán reelegir a la medida de su gusto los integrantes de la partidocracia y hacer carrera política sin el obstáculo de la no reelección, en un país donde la democracia está suplantada en gran medida por el dinero, sobre todo el público, pero también el privado.

¿Puede haber democracia, aunque haya nuevas reglas, en un país donde se usa la maquinaria del poder para garantizar que los nuevos funcionarios electos salgan de las filas de quienes controlan esa maquinaria? ¿Puede llamarse democracia al sistema en que los programas asistenciales son descaradas plataformas que permiten formar clientelas para ser utilizadas en los procesos electorales, donde se controla a los sindicatos imponiéndoles a sus dirigentes, como recientemente vimos en nuestro Estado, en el de la Salud; donde cientos de miles de trabajadores de otros, como la CROC o la CTM, son obligados a pertenecer al PRI? ¿Donde tirios y troyanos se embarcan en adelantadas campañas electorales aceitadas con mucho dinero en el afán de madrugar para quedarse con las mejores tajadas en el reparto del pastel? Por favor, no me hagan reír que traigo el labio partido.

La principal retranca que existe para que nuestro país salga de la marginación, el atraso político, la inseguridad, el desempleo, la pobreza y la falta de desarrollo en que se encuentra es la camarilla gobernante que lo ha dominado durante decenas de años y hoy está nuevamente de regreso. Desgraciadamente las fórmulas antidemocráticas de ésta han sido copiadas por muchos de los integrantes de los otros partidos que de alguna manera comparten con ella el poder. La experiencia ha demostrado que se pelean abajo por los huesos, pero se entienden en las alturas cuando de aprobar medidas lesivas al pueblo y a la nación se trata. Por eso estamos como estamos.- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa




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