La calidad de los servicios del Issste

La calidad de los servicios del Issste

Naufragan las buenas intenciones

Por: Mario A. Romero Bolio (*)

La vida del hombre es navegar donde la relación es una necesidad continua, para ello es necesario un clima cálido para poder alcanzar la calidad -Juan J. Larios G.

Hubo un tiempo en que experimenté el deseo de reconocer públicamente el cambio que, de manera evidente para este servidor, ha experimentado el Hospital Regional del Issste Mérida en sus servicios, sobre todo los que atañen a los empleados de escritorio y los camilleros. La atención médica es de buena calidad en general, salvo las infaltables excepciones (médicos ya añosos que esperan displicentes su jubilación, galenos especialistas jóvenes frustrados por tener que aceptar “trabajar” en una institución pública donde no reciben “la suficiente paga” por aplicar sus doctos conocimientos). Hoy ese buen deseo se ha esfumado casi por completo.

Baños sucios, sin papel ni jabón, atención pésima en el área de rayos x en donde te dicen “Primero tiene que pasar aquí antes de solicitar su próxima cita”, con un desagradable tono de regaño. Lo peor es que no hay un solo cartel que lo señale. Un solo baño para toda el área del primer piso.

Presencié un día cómo un señor llegó a las 9:30 y dándole su carnet a la enfermera correspondiente le dijo a ésta que su cita era para 10:20. La enfermera con ironía manifiesta le respondió que no, ya que habían unos ocho pacientes que llegaron antes que él. Y eso a pesar de unos afiches grandes que le indicaban al paciente que se presentara sólo 20 minutos antes de la hora programada. El señor, estupefacto, replicó que se había levantado a las 2 a.m. para venir desde Ciudad del Carmen, rentar un cuarto de hotel para su familia y estar a tiempo para su cita. La enfermera permaneció firme en su arbitrario proceder. A propósito, ya retiraron los “posters” que nos informaban que no perdamos tiempo y estar sólo 20 minutos antes de la hora de la cita. Ya decía que no podía ser tanta belleza.

La semana pasada coincidí con una señora de Motul en la ventanilla del asistente de la Dirección. Me narró su odisea: a su padre lo operaron y le hicieron estudios enviados a un laboratorio subrogado, ahora le exigían el nombre de dicho laboratorio cuando nunca le informaron de ello. He ido a los laboratorios del hospital, me enviaron con un médico, luego con otro, éste me envió de nuevo a los laboratorios, ya perdí más de 4 horas sintiéndome peloteada, nadie sabe nada y por último estoy haciendo fila aquí, me confió cansada y desanimada.

Al día siguiente de tal suceso fui por mis medicamentos, ¡sorpresa! No hay “colas”, se maneja con una expendedora de “tickets” numerados, pero un señor de apellido Arceo estaba pendiente de su turno y, ¡otra sorpresa!, los encargados de la farmacia fingían no ver que había vivales que pasaban con dos o más carnets solicitando medicamentos para parientes y amigos, y el buen señor se puso a reclamar justamente, pero a nadie le importó el abuso. Lo felicité y le dije que ya nos acostumbramos a ser sumisos ante las injusticias y el miedo a represalias. Lástima.

A dicho nosocomio acudo cada tres meses, me imagino que habrá decenas de irregularidades que no he podido presenciar. Pero es notable que en esa institución son, generalmente, las que dan al traste las más loables metas que se quieran lograr y la Dirección que lo permite.

Son éstas, las enfermeras, que hacen un desorden con los horarios de citas y algunos médicos les temen pues no tienen afinidad de amistad y los acusan ante la Dirección por cualquier pretexto y “son del sindicato”. Los pacientes deberán ir pasando a sus consultas médicas callados y sumisos, y conforme a la lista de la enfermera en turno y no acorde al horario de la cita, anotado y sellado debidamente en el carnet mucho tiempo atrás.

Acuso públicamente al cuerpo de enfermeras del Issste, sobre todo a las que trabajan en la zona hospitalaria, de trato deshumanizado en detrimento del paciente, de la Institución y de lesa ciudadanía, y a la Dirección General por solapar este tipo de situaciones: En su momento lo haré ante las instancias correspondientes.

Si culpo al director es porque a finales de 2008 tuve un altercado con una enfermera que me quería imponer “sus” condiciones. Denuncié los hechos a los entonces delegado y director general. Este último me dijo que en realidad los médicos especialistas hacían lo que les venía en gana en contubernio con las enfermeras y que él lo permitía porque no había suficiente dinero para ofrecer a los especialistas un sueldo justo para ellos. Le contesté que sobraba un puesto en el organigrama: el suyo; pues cómo puede cobrar un “director” que no dirige a su gente. Me pidió que no hubiera más denuncias ya que si tuviese algún otro problema me dirigiese a él y él me lo solucionaría. Le contesté que mi queja era por el trato a todos los derechohabientes, no lucho por mí, sino por todos, doctor.

Cuando por negligencia de los encargados de los archivos, no llega el expediente al consultorio, es la enfermera quien te ordena, ¡sí, te ordena como si fuésemos empleados del nosocomio, nunca usan el “por favor”!, ir por él y si se “perdió” nadie es responsable y menos culpable. No es el caso de la Clínica Familiar del Issste en donde existe un gran trabajo de equipo y limpieza sanitaria.

Hay enfermeras honestas, que actúan según su vocación de servicio humanitario pero… son las menos numerosas. Existen médicos excelentes y dignos de su preciado encargo, profesionales a carta cabal; a modo de ejemplo nombraré sólo a uno: el doctor Edwin Franco, quien hace honor a su título. Modelo para aquellos “médicos” “cobra y vete”, que aún los hay. Seguiré pronto con este tema. Hasta entonces.- Mérida, Yucatán.

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*) Profesor jubilado




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