La buena nueva en Semana Santa

El toque humano

 Por Richard L. Clifford  (*)

Cierta mañana, muy temprana, una joven judía -triste y deprimida, desconsolada y confundida- se para, llorando, frente a un sepulcro vacío, en las afueras de la ciudad de Jerusalén. Sus ojos -rojizos y llenos de lágrimas- le impiden ver con claridad; su co razón profundamente acongojado no le ofrece esperanza más allá de este momento. La mujer mira fijamente al interior del cuarto oscuro de la tumba.

De repente, una voz, reconfortante y llena de amor, de seguridad y vida, le dice, suave y tiernamente, una sola palabra: “María”. La mujer se vuelve rápida hacia El Señor, contesta con efusividad: “Maestro y abraza a Jesús Resucitado (Juan 20; 16)”.

Pero el gozo de María no se extiende en un abrazo prolongado. Enseguida, El Señor la comisiona para “ir y relatar” a sus hermanos su presencia, anunciar el misterio pascual, ser la primera en proclamar la Buena Nueva del Señor Resucitado.

Aquella conmovedora escena frente al sepulcro vacío, en la ladera del calvario a la pálida, rosada luz de la madrugada del domingo, nos llena de alegría y esperanza, y nos trae, también, un profundo mensaje: Como a María Magdalena, El Señor nos llama por nuestro nombre; como ella, estamos mandados a “ir y relatar” el misterio pascual de salvación; de proclamar, en la vida diaria y en nuestro ambiente familiar y comunitario, la Buena Nueva de la presencia, la palabra y el poder triunfante del Señor.

En el espíritu de este Tiempo Pascual y de la “Buena Nueva” que nos trae El Señor, pedimos: Que el mensaje y espíritu de Pascua nos sostenga en cada ansiedad y aflicción.

Que encontremos consuelo y valor en Cristo Resucitado, quien ennoblece y enriquece nuestra fe con la presencia de su paz.

Una paz que trasciende y transforma nuestras penas y dolores, sembrando en el campo de cada invierno las mejores semillas de una feliz primavera, de una nueva vida de esperanza en El Señor, de una vida que asegura, ahora y siempre, muy felices pascuas.- Nueva York, Nueva York.

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*) Misionero de Maryknoll, presbítero católico




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