La batalla apenas empieza

Por Jesús Cantú

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La determinación de los agentes preponderantes, en materia de televisión y telecomunicaciones, por parte del Instituto Federal de Telecomunicaciones es muy relevante y corresponde a los términos del mandato constitucional. Sin embargo, es muy pronto para echar las campanas al vuelo, como ya hacen muchos políticos y analistas en comunicación y política.

En primera instancia hay que estar muy claros que lo que esta ruta eventualmente permitirá es ampliar el número de opciones para los consumidores (y es muy importante establecer que es en términos de consumidores, para nada de ciudadanos, como algunos plantean) y en algún momento se traducirá en una disminución de los costos de estos servicios o bien en tener disponibles alternativas más baratas. Es prematuro hablar de mejor calidad en los servicios y mayor competencia.

Por otra parte, a favor de los integrantes del órgano de gobierno del IFT hay que decir que respetaron estrictamente los términos planteados en los artículos transitorios de la reforma constitucional; pero como los legisladores no respetaron los suyos, esto eventualmente puede operar en su contra, pues habrá que ver cómo afecta esta decisión el proceso y producto legislativo.

Y en este sentido, los impactos pueden ser diametralmente opuestos: uno, tomar el documento de IFT como base para algunas de las disposiciones de la legislación secundaria y, por ende, no únicamente respaldar el camino que ya emprendió el órgano regulador sino incluso ir más allá y fortalecerlo todavía más; pero, el otro lamentablemente puede ser exactamente al contrario, ante esta demostración de autonomía colocarle restricciones, no sería la primera ocasión que esto ocurriera en México.

Además hay que tener plena conciencia de que ésta fue apenas la primera acción de una batalla que seguramente será muy larga, librada en muchos frentes y con enemigos muy poderosos enfrente. Desde luego, uno de los frentes será el jurídico, en los tribunales especializados y con nuevas reglas -como la inoperancia de la suspensión provisional-, lo cual ya es una gran ventaja para la autoridad, pero de cualquier manera, seguramente enfrentarán a los mejores y más avezados litigantes; otro, el cabildeo en el Congreso para lograr una ley ad hoc, como ya se mencionó en el párrafo anterior; otro más será seguramente en el espacio técnico para tratar de cumplir en el mínimo posible algunas de las restricciones impuestas, como compartir las infraestructuras, y seguramente también lograrán establecer cláusulas en los contratos que sin establecer la exclusividad para la transmisión de ciertos eventos los conduzcan al mismo fin.

El listado no pretende ser exhaustivo, sino simplemente ilustrativo de lo que seguramente sucederá en los siguientes meses y años. Y también hay que estar conscientes de que las presiones sobre los comisionados del IFT serán cada vez mayores y los retrocesos pueden venir tanto porque las empresas cuenten con argumentos válidos o con mejores expertos -que les ayuden a ganar algunas de las batallas-, como por debilidades o titubeos de la autoridad.

Pero incluso si se ganaran todas estas batallas y los comisionados del IFT sostuvieran su autonomía, ambas (Telmex, a través de todas sus distintas empresas, y Televisa, igualmente con todo su conglomerado) mantendrán un indiscutible liderazgo en el mercado, pues la barrera colocada en la reforma constitucional se los permite, ya que basta con limitarse a conservar el 49.9% en cada una de las dimensiones señaladas (audiencia, concesiones, etcétera) para que cesen todas las medidas decretadas la semana pasada por el IFT.

Ahora bien, abundando en el caso de las televisoras, incrementar el número de opciones no necesariamente conducirá a mejorar la calidad de los servicios y para ejemplificarlo basta repasar lo que se dijo en 1993, cuando se privatizó Imevisión y surgió TV Azteca, y ver qué televisión tenemos hoy. Fueron muchas las voces que en aquel entonces auguraron que al tener dos opciones de televisión comercial mejoraría la calidad de la oferta televisiva y en varios de los reglones es posible afirmar que sucedió precisamente lo contrario: empeoró.

Esto, desde luego, sin pensar en el papel estratégico que juega la televisión para asegurar la igualdad política, dimensión indispensable de una democracia. Aunque ya se establecieron los tiempos para la licitación de dos nuevas cadenas comerciales de televisión, aún no se conocen las bases de la misma y habrá que esperar a conocerlas para evaluar si algunas disposiciones permitan avanzar en este sentido, pero hasta hoy esta dimensión ha estado ausente en todo el proceso legislativo.

Es justo reconocer la importancia y trascendencia de la decisión que adoptó el IFT y, particularmente, la actuación de sus comisionados que asumieron la realidad incuestionable: Telmex y Televisa (con todas sus filiales y conglomerados) son agentes preponderantes, pero sobre todo por el valor de dictar medidas consecuentes con dicha determinación. Pero hay que estar muy conscientes de los alcances de esta decisión y, muy especialmente, de que para ganar esta batalla (simplemente el mantener firme el dictamen y aplicar a cabalidad las medidas) todavía hay muchos combates que librar.

Éste es apenas el primer combate de una larga batalla de muchas que seguramente se librarán en esta guerra contra la concentración. Hay que respaldar la decisión del IFT y no escatimarle méritos, pero es muy pronto para celebrar y echar las campanas al vuelo.- México, D.F.

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*) Periodista




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