Impunidad que nos agobia

México lindo y querido (y 2)

Mario A. Romero Bolio (*)

La esperanza de la impunidad es para muchos hombres una invitación al delito -Villaume, Pierre

El IFE informa que el padrón actual de ciudadanos (con credencial para votar) asciende a 87 millones de mexicanos. Que cada credencial cuesta unos $10. Es fácil darse cuenta que, para empezar, el propuesto INE que englobaría a consejos locales y estatales erogaría unos $870.000,000 sólo en parte del cambio de imagen, pero las urnas con logotipo, papelería, uniformes, etcétera… Y sólo, insistimos, es una parte del proyectado Instituto Nacional Electoral. Caray, ya basta de dispendios para tratar de maquillar robos, latrocinios y desvíos de recursos. Sabemos que nada se mueve sin la voluntad de la dictadura perfecta. No pasamos de los umbrales de la Democracia (así, con mayúsculas).

La corrupción es como una espiral invertida, nace de lo más alto y va bajando y bajando hasta los estratos más empobrecidos, de tal manera que no hay denuncias porque todos se sienten parte de la corrupción.

Nos permitimos narrarles cómo un inspector de campo de una Secretaría antecesora de la actual Sagarpa, dijo: “Ordeno a los campesinos agricultores que no siembren nada, yo reporto que sí lo hicieron y les llega el apoyo para ello, claro una buena parte es mía. Luego, cerca del tiempo de cosecha reportamos que se incendió el plantío, cobramos el seguro contra siniestros y lo dividimos, fácil ¿no?”. ¡Claro que hay contubernio y por ende no se denunciarán estas atrocidades! Además, los altos mandos están al tanto y cobran “su” correspondiente tajada.

En la década de los 60, varios movimientos comenzaron a impugnar la legitimidad del Estado mexicano; sin embargo, es hasta 1968, con el movimiento estudiantil encabezado por el Consejo Nacional de Huelga (CNH), cuando se constituye un actor fuerte y capaz de evidenciar e impugnar la crisis de legitimidad del Estado en el México moderno. El Estado masacró al CNH y todo quedó impune. El control político que habían construido el Estado y su partido no fue suficiente para negociar una salida pacífica con el CNH y quedó evidenciada la ausencia de legitimidad en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

En 1988, el fantasma de la legitimidad reapareció. La falta de certeza en las elecciones presidenciales -dicen los autores- generó en un importante sector de la sociedad mexicana la idea de que hubo fraude en los comicios. A este conflicto siguieron otros no de menor importancia: en 1994 el alzamiento armado del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas y el asesinato de Luis Donaldo Colosio; la reforma electoral de 1996; y en 1997 el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas como primer jefe de Gobierno electo del Distrito Federal. Saben que no peleamos por los desatinos y autoritarismos por temor o, peor, por conveniencia.

El autoproclamado “Subcomandante Marcos”, después de declarar la guerra al gobierno mexicano, se pasea libremente por las principales avenidas defeñas sin temor alguno. Impunidad pura. La Constitución Política Mexicana señala:

“Artículo 136. Esta Constitución no perderá su fuerza y vigor, aun cuando por alguna rebelión se interrumpa su observancia. En caso de que por cualquier trastorno público se establezca un gobierno contrario a los principios que ella sanciona, tan luego como el pueblo recobre su libertad se restablecerá su observancia y, con arreglo a ella y a las leyes que en su virtud se hubieren expedido, serán juzgados así los que hubieren figurado en el gobierno emanado de la rebelión, como los que hubieren cooperado a ésta”.

Las autoridades de cualquier rango desfalcan a la nación, hacen “licitaciones” sesgadas para cualquier obra, asignadas previamente al mejor postor: “su” amigo, compadre o pariente. Conviene que haya pobres y hambrientos, ya que son políticamente manipulables. Los acostumbran a pedir y recibir migajas, ya que se cobrarán con creces en las elecciones. Padecemos de inmadurez democrática y de vivales que son parásitos presupuestarios.

Los siete partidos actuales que viven de nuestros impuestos, varios de ellos como comparsas de los mayores, no son suficientes. Quieren añadirse Morena, el Social Demócrata (PSD), el Revolucionario Nueva Imagen (antes PARM) y cuando menos otros dos. Buen negocio ¿no? Sobra el ¡Viva Zapata! (y que muera el mal gobierno).- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro jubilado. Ex consejero electoral




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