Hoʻoponopono en Navidad

El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió. – Madre Teresa de Calcuta

La Navidad en sin duda la fiesta más celebrada por los hombres, casi sin importar si son ateos o si practican alguna religión. Esta fecha tan especial significa diferentes cosas para diferentes personas. Para algunos es la celebración del nacimiento de Jesucristo. Para otros, es tiempo de recibir aguinaldos, hacer posadas, comprar regalos y descansar. Otros esperan estas fechas para reunirse en familia, ver a seres queridos que hace mucho no ven y la oportunidad de expresar su cariño a otros. Algunas personas consideran que la Navidad es mera mercadotecnia y otros se deprimen, porque suponen que todo lo anterior no forma parte de su realidad .

Mi sentir personal es que la Navidad es una época maravillosa. No importa cuán difícil haya sido el año, estas fechas siempre nos brindan la oportunidad de crear espacio para la unión, la alegría, la magia, el amor y el perdón. Y de todos, quizás sea el perdón el más importante; pues el amor y el perdón son las dos caras de una misma moneda. La moneda de la felicidad.

Esta época de paz nos invita a liberarnos de sentimientos negativos, a aligerar la carga de resentimientos y rencores. Lo cierto es que muchas veces no sabemos cómo, ya que el perdón no surge en los seres humanos de forma espontánea y natural – al menos no en la vida adulta -. De ahí que el proceso sea capaz de convertirse en una experiencia liberadora. Pero ¿cómo lograrlo?

Hace un tiempo escuché hablar de una práctica tradicional polinesia cuyo objetivo principal es la reconciliación y el perdón. Si bien en casi todas las filosofías antiguas y las religiones del mundo el perdón es un elemento común, en el Hoʻoponopono se presenta una peculiaridad que la distingue de las demás y que deseo compartirla hoy con ustedes.

Esencialmente, este antiguo método hawaiano consiste en tomar consciencia de que el aparente problema nunca está afuera de nosotros (en el otro, en la relación o en la situación), sino que está en uno mismo. Se basa en la creencia de que todo lo que nos rodea en este preciso momento ha sido creado por nosotros y que para crear una realidad armónica es necesario hacernos cien por ciento responsables de todo lo que hay a nuestro alrededor. En esta técnica es necesario pedirle a un Poder Superior (Dios, La Naturaleza, La Divinidad, El Universo) que nos perdone y que nos libere; con esto limpiamos nuestro interior usando la repetición de Ho’oponopono: Lo siento, Perdóname, Te amo, Gracias.

Cuando decimos “Lo siento”, somos capaces de reconocer que hay algo – no importa qué sea – en nuestro interior que está creando desarmonía y por tanto, nos duele. Es aquí donde podemos tomar completa responsabilidad de nuestra vida, porque sabemos que ese estado de desequilibrio interior solo puede resarcirse desde adentro. Es la forma en que expresamos nuestro arrepentimiento y dolor por lo ocurrido. Cuando decimos “Perdóname” es una forma de dar paso a la reconciliación, en principio, con nosotros mismos. Es pedir perdón a esa Divinidad que habita en nuestro ser y a la cual hemos hecho daño albergando sentimientos y pensamientos hostiles y que han creado la realidad que estamos viviendo en ese momento. Este paso es quizás el más difícil, pero el más sanador de todos y lo que hace tan diferente este proceso de cualquier otro sobre la pacificación. Porque no importa si soy el agresor o el agraviado, lo que importa es que deseo estar en paz y para ello tengo que hacerme responsable de lo que se ha manifestado en mi vida. En el paso tres decimos “Gracias”. Aquí reconocemos que todos los involucrados en el conflicto me han enseñado algo y hemos aprendido algo, por lo tanto, todo ha sido para el máximo bien de todos y en este punto somos capaces de expresar esa gratitud por las circunstancias tal como son. Por último, decimos “Te amo”. Esa expresión sublime que no ayuda a comprender que solo el amor puede permitir que cualquier cosa que haya ocurrida se convierta en algo positivo en nuestra vida. Cuando decimos “Te amo”, lo decimos al otro y lo decimos a nosotros mismos. Comprendemos desde lo más hondo que no podemos amar a otra persona si no nos amamos a nosotros mismos. Así como no podemos amarnos a nosotros mismos, si no somos capaces de dar amor a los demás.

Desde mi punto vista, lo más remarcable de esta técnica de reconciliación es que nos muestra una nueva perspectiva acerca de lo que es la total responsabilidad. La responsabilidad total y absoluta se extiende a todo lo que está presente en nuestra vida; por una sencilla razón: porque es nuestra y la de nadie más. Cuando hablamos de responsabilidad total, lo decimos en un sentido literal. Todo lo que existe en nuestro mundo es creación nuestra. Es por eso que, aunque difícil de aceptar, ser responsable de tu vida va más allá de hacerte cargo de lo que piensas, dices y haces. Hacerte responsable de tu vida es hacerte cargo de cómo influyes en la vida de otros, de tal forma que eres consciente de que todo aquello que recibes de afuera también es creación tuya: todo lo que escuchas, tocas, sientes o experimentas.

Es digno de resaltarse que, aunque pudiéramos cuestionar la base de esta filosofía, lo que es irrefutable es que nadie puede ser realmente feliz si alberga rencor en su corazón. Solo si somos capaces de asumir nuestra responsabilidad total en la realidad que estamos viviendo, solo así podremos obrar cambios en nuestro exterior. Lograr la paz de nuestra mente y nuestro corazón necesariamente contribuye a la paz de nuestro entorno.

Practiquemos el Ho’oponopono hoy y permitamos que la paz reine en esta Navidad. Hagamos de éste, un mundo mejor…

Gracias por leerme y por compartir lo que escribo. Les deseo felicidad, armonía y paz interior.

Por Gabriela Soberanis Madrid




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