Historias de malolandia

Historias de malolandia

De reuniones de justicia e inauguraciones

Por: Alberto López Vadillo (*)

 

Hemos de proceder de manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos -Baltazar Gracian

Una semana muy especial para quienes están involucrados en algo relacionado con la impartición de justicia en el Estado: por un lado, se llevó a cabo una reunión más de todos los procuradores de justicia de los estados con el procurador general, y por otro, la inauguración, a cargo del Presidente, del edificio donde se llevarán al cabo los juicios de oralidad, marcando algo muy significativo, ser de los primeros estados en llegar a la meta de implementar en su totalidad el nuevo sistema de justicia penal.

En entregas anteriores reflexionamos sobre el nuevo sistema de justicia penal, hablamos de la responsabilidad que tendrán las diferentes partes que intervendrán en este proceso y recalcamos la importancia de respetar los tres preceptos que le dan sentido y que finalmente convierten al sistema de justicia penal actual en uno verdaderamente innovador, en el entendido claro que de no respetarse a cabalidad estos preceptos, entonces se convertirá en más de lo mismo.

Los preceptos a los que nos referimos son “el respeto al debido proceso”, que será absoluta responsabilidad de la Fiscalía General del Estado; “la presunción de inocencia”, que si en verdad el Poder Judicial lo asume con la debida seriedad, se modificaría por completo la manera de impartir justicia en el estado, y finalmente y no menos importante “la reinserción social”, a cargo del Poder Ejecutivo a través de la Dirección de Prevención y Reinserción Social y de los juzgados de Ejecuciones y Sanciones que dependen del Poder Judicial; evidentemente, además de la complejidad de tener que hacer valer el precepto de la reinserción social como tal, está la de la responsabilidad compartida, porque, como decía mi abuela, responsabilidad de varios, responsabilidad de nadie.

En esta entrega final sobre estos temas haremos una reflexión sobre este último precepto del nuevo sistema de justicia penal, “la reinserción social”, ya que, de suyo, cobra especial importancia porque de alguna forma permite evaluar la pertinencia del sistema.

Reflexionemos juntos, estimado lector: ¿Cuál será la razón de haber hecho todas las adecuaciones en las etapas anteriores?, como las de garantizar que a un ciudadano común, a quien se le acusa de haber cometido alguna falta contra la sociedad, le respeten sus derechos a la hora de ser investigado, interrogado y finalmente consignado ante un juez por la Policía Ministerial y que después, al ser juzgado en una audiencia oral, sea con la convicción del juez de la “presunción de inocencia”; esto es, que este mismo ciudadano es inocente hasta que se demuestre lo contrario, más allá de toda duda razonable y además con absoluta independencia de quien sea la persona que pide justicia.

Pienso que la razón es para que al final, cuando el estado ingrese a un ciudadano a un centro de reinserción social, lo haga con la absoluta certeza de que efectivamente es la persona que cometió esa falta contra la sociedad y, además, ingresa exactamente por la falta que cometió, ni más ni menos, y que cumplirá la sentencia que se determinó a partir de un juicio que fue pronto y expedito.

Resuelto lo anterior, entonces queda echar a andar el tercer precepto de todo el sistema de justicia penal, la reinserción social, que no es otra cosa que la convicción del Estado de que en lugar de llamarlos reos y llevarlos en camiones a construir la vías por donde pasará el tren transpeninsular, es mejor invertir tiempo, dinero, recursos humanos y voluntades en un sistema penitenciario eficaz y eficiente que convierta, a través del trabajo, el deporte y la educación, a este ciudadano común que cometió una falta contra la sociedad y se convirtió en un interno penitenciario. En una persona lista para cohabitar de manera pacífica, ordenada y legal con sus semejantes y entonces pueda reinsertarse a la sociedad.

No es una tarea sencilla y es por eso que las personas sobre quienes recae esta responsabilidad de hace valer este precepto de la reinserción social deben ser personas con mucha experiencia en su área, desde el director de Prevención y Reinserción Social, hasta los jueces de ejecuciones y sanciones, deben ser personas con un perfil y experiencia comprobada en sus distintas áreas; aquí no hay espacio para el aprendizaje sobre la marcha o para cometer errores; sobre sus hombros está el éxito de todo el nuevo sistema de justicia penal como tal.

Ésta es la única parte del sistema que tiene un tiempo funcionando, ya casi tres años, pienso que es un buen momento de evaluar y revisar resultados preliminares y, por supuesto, hacer los ajustes necesarios.

Finalmente, se trata de convertir la justicia penal de expedientes con un montón de hojas regidos por días hábiles y por el poco o mucho compromiso de quien lo maneja, en procesos que tomen a un ciudadano común que cometió una falta contra la sociedad y lo conviertan en uno que pueda regresar a su vida cotidiana como alguien que aprendió a convivir socialmente en paz… Que así sea…- Mérida, Yucatán.

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*) Psicólogo. Interno en el Cereso meridano




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