Gente de mente abierta

Por Gabriela Soberanis Madrid

“La mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre.” – Albert Einstein

Actualmente estamos viviendo un cambio de paradigmas sin precedentes. La era que estamos atravesado ha dado lugar a que las transformaciones conceptuales, ideológicas, sociales, espirituales, económicas y políticas se destaquen por la velocidad y profundidad con que se producen. Es por eso que, más que nunca, debemos considerar que nuestros procesos de evolución deben incluir no solo un profundo deseo de cambio, sino apertura de mente y una ampliación de los criterios bajos los cuales funcionamos. Pero cuando no comprendemos en su totalidad lo que son los paradigmas, en esa comprensión a medias se pierden de vista muchos de los efectos que éstos tienen en la vida de las personas.
 
Los paradigmas hacen referencia a un sistema de creencias (entendiendo como creencia una idea que consideramos lo suficientemente “verdadera” como para interiorizarla en nuestro subconsciente).  Es decir, no se trata de una creencia en particular,  sino de un conjunto de creencias que están interrelacionadas y que, en su conjunto, dan lugar a nuestra forma de ver el mundo. Los paradigmas son modelos de actuación a seguir en una situación dada. Se refieren a las directrices o reglas que un grupo establece y que determinan cómo una persona debe proceder dentro de ciertos límites. Por eso es que al hablar de cambios de paradigmas necesitamos hacer acopio de todas las facultades de las que está provista nuestra mente porque exige un profundo cambio de mentalidad, una redefinición de nuestra escala de valores y creencias principales y la incorporación de nuevos criterios que puedan regir nuestra vida.

Lo cierto es que nuestra sociedad vive y se comporta, la mayor parte del tiempo, a través de paradigmas. Las personas parecen empeñadas en vivir de la forma en que vive la mayoría y cuando alguien se sale del esquema convencional, aseveran que debe estar equivocado. Son más las personas que hacen lo que todo el mundo hace y menos las que se detienen a cuestionarse las creencias y comportamientos que hemos adoptado como sociedad y como individuos.
 El más grande error que hemos cometido no es seguir los parámetros sociales que otros han marcado, sino hacerlo sin considerar nuestro propios criterios. Entonces, le pregunta es ¿por qué hemos tomado por ciertos los modelos bajos los cuales actúa nuestra sociedad? ¿Qué nos impide cuestionarlos, analizarlos y comprobar su veracidad? La respuesta es que estamos carentes de individuos con criterio.

Para que una persona pueda mantener una creencia o su sistema de creencias, necesita de un criterio o un conjunto de ellos para que esas creencias se cumplan dentro de un contexto establecido. De tal manera que los criterios se conviertan en las condiciones que un individuo emplea para realizar una elección, tomar una decisión o hacer un juicio de valor. Dicho de otra forma, el criterio es el eslabón entre las formas de pensamiento de un individuo y su accionar.

Veamos un ejemplo concreto donde la creencia se vincula a un criterio. El criterio bien puede modificarse y la creencia podría seguir siendo la misma, pero ésta operaria bajo un nuevo principio:

Creencia: “Creo en el valor de desarrollar una carrera profesional”.
Criterio: “Una carrera profesional se desarrolla concluyendo todos los niveles educativos existentes”.

El problema es que las personas suelen quedar atrapadas en criterios rígidos y poco flexibles lo que les impide cuestionar sus convicciones y los deja imposibilitados para probar nuevas formas de pensamiento. En contraste con lo anterior, ampliar nuestro criterio es dar oportunidad a probar la veracidad de nuestras ideas, percepciones y juicios y reconocer si nos son útiles. Esto nos deja de manifiesto que puede ser más importante considerar nuevos criterios, que nuevas ideas o creencias.
Necesitamos admitir la importancia de que se formen criterios sólidos, no sólo en los jóvenes que se están formando sino en las generaciones que estamos guiando a esos jóvenes.  Ha sido y es un craso error dejarnos arrastrar por el ambiente, validar conceptos superficiales para mantenernos en nuestra zona de confort y dejarnos guiar por paradigmas impuestos. Esto solo ha contribuido a que vivamos inmersos en una dinámica social que se mueve a través del impulso y la vehemencia de las masas y por leyes inconscientes e inconsistentes. Nos ha llevado a tomar decisiones azarosas, carentes de reflexión y con base en justificaciones muy superficiales.
Un criterio bien formado está íntimamente vinculado con un ser que se ha ocupado de descubrir el mundo tal y como es y que ha examinado diferentes sistemas de creencias y escalas de valores para así comprender mejor el ritmo de la vida, tomar consciencia de todos los componentes de su entorno y clarificar su realidad mediante las respuestas a sus interrogantes personales. La formación de un criterio firme pero abierto, da lugar a personas con capacidad de crítica y de decisión, refleja libertad para pensar por cuenta propia y, en consecuencia, responsabilidad ante esa libertad.
Necesitamos promover ideas más conscientes y más dignas en todas las esferas de la vida. Entendiendo por idea digna aquella que conduce a comportamientos dignos, nobles y respetables. Disponemos de una infinidad de medios para conquistar ideas que enaltezcan nuestra calidad humana y de pensamiento y existen acciones específicas que nos pueden conducir a ello: escuchar, observar, reflexionar, preguntar, estudiar, investigar e innovar – por mencionar algunos -. Lo importante es poner al ser humano en las condiciones propicias para tener acceso a nuevas y grandes ideas. Nuestro mundo pide a gritos que abramos nuestra mente y que renunciemos a la necesidad de mantener ideas obsoletas o rutinas rígidas solo porque pensamos que lo contrario representa un riesgo para nuestro bienestar. La humanidad necesita más gente de mente abierta. Gente que sea capaz de considerar las ideas de otros como un medio para enriquecer las propias y que cuestionen las propias para estar en condiciones de abrirse a las de los demás.

Cuando una persona se da la oportunidad de analizar con detalle cada nueva conclusión acerca de un tema específico se está abriendo a una amplia gama de posibilidades, porque está dejando entrar a su mundo interior percepciones, convicciones y opiniones que antes no había contemplado. La ventaja más grande de mantener una mente abierta y ampliar nuestro criterio es que nos permite vivir la vida al máximo y aprovechar todas las ideas y pensamientos que existen a nuestro alcance. Tener una mente abierta significa ser neutral al momento de tener contacto con otras formas de pensamiento y estar dispuestos a profundizar lo suficiente hasta llegar a “nuestra” verdad.

Las personas que han dejado huella en este mundo han sido revolucionarios. Han impactado en la vida de los demás porque se atrevieron a poner en duda preceptos que en algún momento fueron aceptados como verdad absoluta. Se dieron a la tarea de analizar de forma meticulosa los paradigmas de su tiempo y fueron lo suficientemente valientes para romperlos y descubrir nuevas formas de pensar, de hacer y de ser.  Fueron gente de mente abierta.

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