Gabo, el periodista

Por Juan Ruiz Healy

De todas las facetas del colombiano Gabriel García Márquez -novelista, cuentista, guionista de cine y periodista-, fue ésta última la más significativa y que marcó el origen de su brillante trayectoria como escritor.

Como novelista y con su obra cumbre “Cien años de Soledad” trascendió al ámbito internacional, pero fue en el periodismo donde comenzó su carrera y en donde hizo importantes aportaciones a tan apasionante actividad.

En 1976 en una entrevista en Radio Habana, el popular “Gabo” sostuvo que “mi primera y única vocación es el periodismo. Nunca empecé siendo periodista por causalidad -como muchas gentes- o por necesidad, o por azar, empecé siendo periodista porque lo que quería ser es periodista”.

A los 20 años trabajó en el diario “El Heraldo de Cartagena” y en 1954 ingresó a “El Espectador” de Bogotá, en donde afianzó su vocación periodística al surgir su primer éxito reporteril con sus populares crónicas en primera persona de la travesía del marinero Luis Alejandro Velasco y que años después darían vida al libro “Relato de un Náufrago”.

El Premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, fue ante todo un reportero de una realidad que transformó poéticamente de manera mágica y fantasiosa, pero como periodista comunicó con realismo la vida del pueblo latinoamericano con toda su soledad y sufrimiento.

Además de la historia del náufrago, el colombiano derrochó su talento periodístico en “Noticia de un secuestro”, al narrar la terrible situación que sufría Colombia durante la época más álgida del narcoterrorismo, en los inicios de los años 90.

Más tarde se consagra con su autobiografía “Vivir para contarla”, en donde hace gala de su acuciosa memoria con detalles tan íntimos como precisos y reveladores. Todas sus obras transpiran un dejo periodístico que convierten a García Márquez en uno de los más grandes de la literatura hispana y que algunos ubican al lado del inmortal escritor Miguel de Cervantes.

En 1994 el genio colombiano lanzó junto con un grupo de colegas la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, que dirige Jaime Abello y que a lo largo de veinte años ha capacitado a cientos de jóvenes comunicadores de Colombia, México y del resto de los países latinoamericanos.

En varias ocasiones tuvimos la fortuna de convivir con el laureado escritor, siempre en torno a eventos del gremio periodístico.

En 1996 en Los Ángeles, California, fuimos testigos de su célebre discurso “El Mejor Oficio del Mundo”, en donde resalta las fallas en el periodismo moderno y culpa de ello a las escuelas de comunicación que -según sus palabras- “enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo y casi nada de las dos materias más importantes: la práctica y la ética”.

Denostó en esa ocasión a la grabadora por ser “la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista”. García Márquez ironizó que “la grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón”.

En Los Ángeles, el escritor mostró su aversión a los reflectores pero aprovechó la oportunidad para convivir con sus colegas pese a que ciertos editores veían con recelo su presencia en la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Muchas personas no le perdonaban su cercana amistad con Fidel Castro y su afinidad al régimen cubano a pesar de que en ese país ni periodistas ni la libertad de expresión merecían el más mínimo respeto.

Ocho años después nos encontramos de nuevo con García Márquez en otra reunión de la SIP celebrada en Los Cabos, Baja California Sur.

“El Gabo” prefirió decir “yo no vengo a decir ningún discurso” para participar en el evento como un periodista más. Lo recibimos en el aeropuerto y lo trasladamos al hotel sede en compañía de su esposa y fiel guardián, Mercedes Barcha, y su brazo derecho Jaime Abello.

Le preguntamos, entre otras cosas, su recomendación para lograr penetrar con un diario en español en Estados Unidos ante el bajo nivel de lectura de la población hispana, a lo que respondió: “Hay que contar historias, contarles sucesos de su alrededor, aquellas historias que realmente les interesan”.

Siempre amable, parco y risueño, el escritor disfrutó en serio la convivencia en Los Cabos, incluyendo un paseo en barco para observar ballenas en donde mostró sus aptitudes para el baile y el canto regional.

García Márquez siguió hasta el final de su vida inmerso en la capacitación de reporteros a través de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Promovió infinidad de seminarios y talleres además de un prestigiado certamen que patrocinó con la empresa Cemex de Monterrey.

A pesar de su fama y su agenda llena de trabajo y compromisos, “El Gabo” se daba tiempo para dar cursos, conversar con periodistas y respaldar iniciativas que impulsaran la calidad, el desarrollo y la ética del periodismo en español.

No hay escritor ni celebridad latinoamericana que haya dado tanto a favor del periodismo, por ello vale la pena destacar que antes que novelista, cuentista y Premio Nobel de Literatura, García Márquez fue desde su juventud y hasta su muerte un reportero de pies a cabeza.

El gremio tendrá que darle en su momento su reconocimiento a tan valiosa y generosa faceta a lo largo de su brillante trayectoria.- Chulavista, California.

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*) Periodista




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