¿Felicidad en el trabajo o estrés laboral?

Cuando hablamos de estrés sabemos que se trata de un estado no deseado en el ser humano, pero olvidamos que, en sí, es una respuesta fisiológica natural que funciona como un mecanismo de defensa para hacer frente a situaciones nuevas, de amenaza o que presentan exigencias de mayor nivel para la persona; desde luego, deja de ser natural cuando esa respuesta se activa constantemente y en exceso.

El estrés laboral es un tipo de estrés que se ha propagado como epidemia en las sociedades empresariales y que, en las propias palabras de la OIT, se ha convertido es una “enfermedad peligrosa para las economías industrializadas y en vías de desarrollo perjudicando a la producción, al afectar a la salud física y mental de los trabajadores”. Se manifiesta de maneras diversas en el plano tanto fisiológico como psicológico y emocional. Algunos síntomas frecuentes van desde la irritabilidad, sensación de impotencia o frustración, agotamiento físico y/o mental, angustia y, en ocasiones, hasta la depresión.

Ante esto, no queda más que reconocer que éste es un tema de carácter relevante para las organizaciones, pero principalmente para los individuos que la encaran todos los días. Es un problema severo y de gran magnitud porque no solo tiene repercusiones en la calidad de vida de las personas que lo padecen, sino también económicas para las empresas. Tan sólo en EEUU, el estrés laboral ocasiona pérdidas anuales de más de 150.000 millones de dólares, derivadas del ausentismo de los empleados y la disminución de la productividad de los afectados.

Las tres principales causas del estrés laboral son: 1) Una carga de trabajo excesiva. 2) Un nivel de responsabilidad que confronta al individuo con sus capacidades reales. 3) Relaciones interpersonales en el trabajo poco satisfactorias. Es verdad que no todas las personas reaccionan con estrés por las mismas razones ni de la misma forma o con la misma intensidad, pero estas son las causas que la gente reporta con más frecuencia como origen del estrés que viven en su entorno laboral. Una combinación de estas causas puede agravar la situación y hacer mucho más difícil que la persona pueda encontrar solución a su problema, pues otros factores se pueden añadir generando otras situaciones estresantes.

En relación a este tema, México se encuentra en una situación crítica: encabeza la lista de países con mayor tasa de estrés laboral. Este dato no debe sorprendernos si recordamos que también se encuentra entre los países que más horas de trabajo promedian. Las estadísticas nos muestren cifras cercanas a un 40% de empleados mexicanos que se encuentran afectados por este tipo de estrés; si tomamos en consideración que todos ellos padecen las exigencias impuestas por jornadas laborales demasiado extensas, esto también podría explicar porqué vemos un constante descenso en la productividad de las empresas mexicanas.

 

No sabemos cuánto tiempo pasará antes de que empiecen a gestarse cambios reales en nuestro sistema laboral que permita que el desempeño de un empleado sea medido no por el tiempo que invierte en el trabajo, sino por los resultados que ofrece. Tampoco sabemos cuándo las empresas mexicanas comenzarán a mostrar un interés genuino por las demás necesidades que un trabajador tiene – más allá de la remuneración económica – y que se asocian con una contribución hacia la salud, el descanso, la recreación y la facilitación para que el empleado sea capaz de cumplir, atender y disfrutar de sus responsabilidades individuales y hacia la familia.

En tanto esto no ocurra – y aunque ocurriese – no debemos perder de vista que las causas del estrés laboral son también síntomas de afectaciones de carácter emocional y psicológico que el empleado no ha podido resolver a nivel personal. Como la misma experiencia nos ha mostrado, la productividad de un trabajador tiene que ver con él mismo, no solo con lo que ocurre en su entorno. Si bien la extensión de las jornadas y otros factores influyen considerablemente en el rendimiento de un empleado, la productividad está fuertemente vinculada a la disposición de una persona para adaptarse a los cambios, la capacidad de hacer frente a los retos, la tenacidad para desarrollar nuevas habilidades y la capacidad de cultivar relaciones satisfactorias con sus compañeros. Pero hay un elemento que atenúa aún más la tendencia de un individuo a estresarse, y se trata del grado de satisfacción y felicidad que esa persona tiene en las demás facetas de su vida.

Como respuesta a lo anterior, empresas como Google, GE Capital Bank, Ernst & Young
 y Coca-Cola consideran la felicidad de sus trabajadores como un elemento esencial de la productividad y, en virtud de ello, no tienen reparo en implementar estrategias diversas para contratar y retener al más valioso talento humano. La edición mexicana de la revista Forbes enlista a las 10 empresas más consentidoras y las tácticas a las que recurren para elevar la satisfacción laboral de sus empleados y complementar sus necesidades; estrategias que van desde gimnasios dentro de las instalaciones, asistencia médica en el lugar de trabajo, lavandería, espacios de entretenimiento y descanso hasta cortes de cabello y masajes sin costo. ¿Es esta la respuesta para disminuir el estrés laboral?

Primeramente, hay que reconocer el estrés en el trabajo como una respuesta inadecuada a la percepción de situaciones complejas o de gravedad. Hay que mirarlo como una señal de que el individuo necesita fortalecer su confianza en sí mismo para hacer frente a esas situaciones e ir en la búsqueda de las herramientas que le ayudarán a afrontarlas. Es decir, la persona debe responsabilizarse de su estrés y hacer algo al respecto y la empresa debe contribuir a lograrlo. Las dos partes deben promover una cultura donde se conduzcan mediante valores como el optimismo, el equilibrio y la justicia. El objetivo principal debiera ser atenuar los factores que detonan el estrés y no dejarse dominar por el miedo o la preocupación, promoviendo en cambio la reflexión y evitando las decisiones reactivas.

Como podemos apreciar, la disminución del estrés laboral y el aumento de la felicidad están en función de un trabajo conjunto entre empresa y empleado, donde ambas partes están comprometidas con la productividad y el rendimiento, al mismo tiempo que reconocen la importancia de dar cabida al descanso, a gestionar un agradable clima laboral y a dar prioridad a la motivación desde un enfoque más humano.

En conclusión, creo que hemos evolucionado lo suficiente como para hablar de felicidad en el trabajo y empezar a reconocer el impacto del estrés en las organizaciones y los individuos. Pero en México no hemos avanzado lo suficiente como para dar cabida a este tema con acciones contundentes y despertar a una realidad donde la felicidad ya no es una opción para el éxito empresarial, sino una necesidad. Expresémoslo de esta forma: La felicidad es buena para los negocios, el estrés no y es inminente hacer algo al respecto.

 

*Por Gabriela Soberanis Madrid

Dirección General Enfoque Integral

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