Estampas: Izamal y su maestra

Estampas: Izamal y su maestra

Jorge H. Álvarez Rendón (*)

Aparte del convento franciscano de San Antonio de Padua ya con cinco siglos a cuestas, además de las pirámides o “cerros” prehispánicos que la circundan, incluido el Kinichkatmó, la galana ciudad de Izamal, dama en amarillo, cuenta con otra leyenda, pero ésta de carne y hueso, viviente y ostensible: la maestra Nidia Góngora López.

Profesora de español en la que fuera única secundaria por más de 40 años, Nidia Góngora López formó lingüísticamente a tres cuartas partes de los vecinos de la ciudad con escrúpulo más de madre que de simple profesora. Entre sus agradecidos exalumnos podemos enrolar a comerciantes de claro éxito, políticos notorios, poetas en prosa y verso, e incluso hasta el mismo cronista de la urbe, doctor Miguel Vera Lima.

No era Nidia Góngora de esas enseñantes que aplica sus clases al buen tuntún y corre enseguida hacia Mérida para estar “al día” y en donde políticamente se cuece lo que debe y conviene. No, señor. Ella escogió vivir en la misma Izamal para estar más próxima a sus chiquillos y llegar a conocer profundamente las costumbres del medio. Fiestas religiosas, aconteceres sociales, rumores, ocasiones de solidaridad…

Le encantaban los atavíos de la declamación, así que de ahí “sacó raja” para forjar generaciones de buenos lectores y expositores de la belleza lírica. Sus clases no eran de las cuajadas de información, definiciones y síntesis, verbos y declinaciones, sino de aquellas otras, más intimas, con mayor contacto en la esencia de la asignatura, el lenguaje activo, funcional. El español ahí donde canta y duele.

Villaurrutia, Bécquer, Sor Juana, Espronceda, López Velarde… En primer término, los alumnos la escuchaban y, después de los comentarios orales, también ellos intentaban leer en voz alta aquellos renglones rítmicos y bien medidos: “Mar sin viento ni cielo, / sin olas, desorientado, / nocturno mar sin espuma en los labios, / nocturno mar sin cólera.”.

Conocí a la maestra Nidia desde los años 70 del pasado siglo, en razón de esos fatídicos concursos de declamación que por zonas geográficas organizaba la voluble SEP. Ambos éramos jueces “de oficio” y viajábamos en una camioneta blanca hacia donde fuese el destino marcado por la superioridad: Motul, Tekax, Ticul, Valladolid.

Ella y yo íbamos a esos certámenes un poco a disgusto. Por culpa de esos actos protocolarios nos apartaban de nuestros alumnos, de esas aulas donde estaba nuestra labor auténtica. Y es que esos concursos, cuando decían llegar, eran uno tras otro, generalmente en los meses de mayo y junio, cuando ya los programas requerían afinaciones y redondeos.

Recuerdo que -antes, durante y después de los viajes- intercambiaba con ella algunos trucos para lograr la atención de los alumnos y sus consejos se adaptaban bien a mi organización, pues sus métodos tenían muchos puntos de contacto con los de mi maestra formadora, la ilustre tabasqueña Rosario Gutiérrez Eskilsen, de quien era buena amiga.

En estos días, la maestra Nidia ha sido designada Maestra Distinguida para el año 2014, según determinó un inteligente jurado.

Sus alumnos izamaleños de media centuria, sus eficientes declamadores y todos aquellos maestros que aprendimos de ella la pasión y el coraje por la enseñanza del Español estamos satisfechos y orgullosos.- Mérida, Yucatán.

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*) Cronista de Mérida




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