EstampaComo cortar una flor…

Jorge R. Álvarez Rendón (*)

-Son mil doscientos por la sala y dos mil quinientos para el doctor… tiene que ser antes, chulita.

Lo escuchaste bien, Matilde. Sólo que no imaginaste nunca que sería tan burdo, tan insípido, tan común.

La secretaria te miró sin expresión alguna, esperando tu reacción, cualquiera que esta fuera; con el lápiz preparado para anotar las cifras y descontar el IVA.

-¿Está en ayunas? Porque no nos hacemos responsables si no cumple las indicaciones. ¿Tomó el líquido azul que le dieron?

Esperaste mucho, mi amor. Esto se hace en los primeros dos meses, no en el cuarto. Ya te sufriste quién sabe cuántos vómitos y mareos. ¿Y qué me dices de los dolores de espalda? ¿Creíste que esto era una fiesta?

Tampoco te imaginaste que este sitio que te recomendó doña Jacinta fuera tan sórdido y jodido. Hubiera sido lindo encontrar rostros alegres, corredores limpios, algunas macetas con flores tan siquiera. Algún signo de esperanza, un pájaro cantando entre las matas.

Y ese ni vino. Ni lo esperes. Tiene más miedo que tú. También quiere salir del problema, pero no le gusta paladear la hiel de estos momentos que parecen interminables. Es cobarde, mi amor, como la mayoría de los hombres cuando se trata de estos problemas de vientre y feto.

-Ya puede pasar… quítese la ropa y póngase la bata esa que está en la silla… ahorita viene el doctor.

La mesa ya esta lista. Un poco angosta ¿verdad?

Apenas para tu cuerpo, total es un ratito. Hurgar, hurgar, romper huesitos, cortar tendones, quebrar los nervios de ese intruso que llegó para hacerles la vida imposible.

Te lo han dicho muchas veces… eres la señora de tu cuerpo. Nadie tiene derecho a decidir sobre su funcionamiento… así que, chula, si decides acabar con este feto no habrá quien te lo reproche. Total, él ni piensa, ni siente ni protesta. Sólo es un bollo de carne, la mitad, eso sí, es igual que la tuya. Las mismas células de mier…

-Recuéstese bien, por favor. Las piernas extendidas y me forma el arco. Dele espacio al doctor para trabajar.

-¿Tarda mucho?

-No mi amor, nada más se fractura, se desprende, se extrae y se arroja en esa bolsa clínica.

-¿Me va a doler?

-Nada, mi cielo. Te lo garantizo. Es rápido y fácil… Como cortar una flor.- Mérida, Yucatán.

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*) Cronista de Mérida




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