Equidad de ambos lados

Equidad de ambos lados

Por Ramón Valdés Elizondo

El presidente Enrique Peña Nieto firmó hace unos meses una controvertida iniciativa de reforma a las leyes electorales para que del total de candidaturas a diputados o senadores que presenten los partidos políticos se integren con un 50% de candidatos propietarios y suplentes de un mismo género y el 50% restante con candidatos del género opuesto.

Esta equidad forzada y no cultural ha detonado una renovada discusión. Si bien las cuotas de género han sido un vehículo eficaz para aumentar la presencia de mujeres en los cargos de elección popular, hay quien afirma que esta imposición atenta contra varios principios fundamentales de la democracia, como es el de la libertad de postularse a un cargo de elección popular o el de la libertad del elector de decidir quién lo va a representar.

Por supuesto que existen argumentos a favor de las cuotas de género muy sólidos, el más contundente es el que defiende que poco más de la mitad de la población en México son mujeres, por lo que resulta natural y justo que la proporción de legisladoras debe ser similar a la proporción de mujeres en la población.

Hay también quienes defienden que las cuotas de género no vulneran el derecho de los votantes a elegir a sus representantes, puesto que el veredicto final sobre cualquier candidato o candidata estará en las urnas.

Otro argumento es que las cuotas de género son una especie de medida compensatoria que nivela las barreras y discriminación que históricamente han padecido las mujeres. Las perspectivas que tienen ambos géneros de la vida son diferentes; un hombre legislando asuntos de las mujeres con seguridad atenderá intereses distintos.

Un grave problema está en que según varias encuestas, son menos las mujeres interesadas en el ejercicio político-legislativo que los hombres. Los valores e intereses de la mujer tienden en mayor medida a su desarrollo integral. Son más las mujeres emprendedoras que los hombres, por dar un ejemplo.

En lo personal, el defecto más grave de pretender generar igualdad a fuerza de plumazos es que se asume que pertenecer a un género es un atributo de mayor relevancia que otras cualidades de un posible candidato como podría ser su experiencia o capacidad. Y quisiera dejar clara una cuestión: la equidad es para ambos lados. ¿Qué sucedería si los mejores perfiles para contender por un partido político fueran en su mayoría mujeres? La misma ley imposibilitaría esas candidaturas y obligaría a postular hombres por simple hecho de ser hombres…

Dentro de pocos meses se iniciará el proceso de selección interna de los partidos políticos, de hecho en varios de ellos ya se inició y, sin temor a equivocarme, las cuotas de género se convertirán en una verdadera preocupación. Presenciaremos negociaciones y ofertas políticas inéditas. Incluso rostros que no aparecen en el radar político se harán presentes. Desafortunadamente hay quienes ya han encontrado la manera de sacarle la vuelta a este “candado”, la solución está en las candidaturas de facto, aquellas que se impulsan por un partido distinto al de la verdadera militancia del candidato y, una vez obtenido el escaño, renuncian al partido que los postuló para regresar a su alma máter política.

Posdata Ciudadana

La equidad no se logra por decreto, sino por un proceso de educación y concientización, que inicia en casa, se desarrolla en las escuelas y se perfecciona por el resto de la vida.- Mérida, Yucatán.

[email protected]

Ramon Valdes escritor & pintor

@ramvaldes

—–

*) Escritor




Volver arriba