Entre triunfos y derrotas

Entre triunfos y derrotas

Partidos políticos

Por Armando González Rosado (*)

El PRI se ha debilitado en el país porque no atiende la opinión y la voluntad de su base mayoritaria o porque no la interpreta con autenticidad, afirmó hace años Alfonso Martínez Domínguez, quien fue su presidente.

El sistema político mexicano ya no es el mismo en todos los partidos. La ideología ha sido cambiada por el más vulgar de los pragmatismos y, como era de esperarse, las defecciones y traiciones partidarias están a la orden del día. Atrás quedaron los días cuando los políticos mexicanos obedecían a una causa y defendían hasta con su vida su ideología.

No sólo el PRI, sino todos los partidos de México deben tener presente que pueden cometer errores en su organización y funcionamiento. Percatarse a tiempo de las fallas que comenten puede conducir a una renovación vigorosa. No hacer caso de las demandas de un pueblo podría significar un colapso desde el punto de vista político, del que sería difícil recuperarse.

No existe duda de que muchas veces estamos expuestos a los males que corresponden a los partidos políticos. Los dirigentes deben estar siempre cerca de sus filas. Entre aquellos y éstas debe efectuarse siempre un contacto cotidiano. Al mismo tiempo que están obligados a orientar a la masa, deben amalgamar sus ideas con las necesidades y planteamientos que la propia masa les presenta. Los dirigentes como activos propagadores de las ideas deben tener una voluntad de conocimiento sólo comparable a su afán de transformar la realidad.

La acción sin ideas lleva al oportunismo. Las ideas sin acción llevan, si acaso, a las academias. La política es acción de ideas, perseguir objetivos que se tienen capacidad de alcanzar.

La base, para evitar que el equipo degenere, debe ocuparse en forma permanente del partido, debe ser activa y ver en la apatía su peor enemigo. Estimamos que las fallas en los partidos son benéficas, sobre todo en el caso del PRI, por estar integrado de fracciones de distintas clases. Estamos seguros que serán superadas.

Si el PRI no tuviera equivocaciones y polémicas dentro de su organización, significaría que alguno de los sectores que lo integran no defiende sus intereses. Los errores no serán difíciles de corregir si se toman en cuenta el reconocimiento de principios y los intereses mayoritarios, atendiendo los aspectos que se refieren a la justicia social.

Un partido como el PRI tiene el problema de aquellos que, a falta de ideas en que creer, sólo creen en sí mismos. Para impedir su triunfo el camino es cerrar filas. La renovación de los cuadros dirigentes del PRI es factor decisivo para su vitalidad y capacidad para lograr enfrentarse a los problemas.

Los puestos públicos no constituyen botín de vencedores. Esa es la principal razón que los partidos de México deben de tener para eliminar a tiempo a las camarillas y oportunistas.

No es tarea sencilla para ningún partido superar a tiempo esos problemas. Pero con la constante formación ideológica y capacitación política, con el constante examen de los problemas vistos, incluso desde el ángulo político de los adversarios, posición que revelaría el verdadero temple de los dirigentes, se pueden prevenir esos males y curarse radicalmente cuando aparecen.

El PRI, como partido al servicio de México, debe tener presente que en su actuación habrá triunfos y derrotas. Las derrotas no son estigma para una persona ni para el partido. Son riesgos inherentes de quien toma parte en la lucha. Es más: para los efectos de nuestro desarrollo político y social, bien pudiéramos calificarlas en el fondo de triunfos, porque son expresiones brillantes de madurez cívica del pueblo y su desarrollo democrático.

Estamos seguros de que el PRI sabrá modificar estructuras y corregir errores. Creemos que aceptará perder en batallas electorales cuando la voluntad del pueblo no le favorezca alguna vez, mas nunca perderá en sus principios que nacieron de la mente iluminada de Madero, que fueron pasión en el grito de Tierra y Libertad de Zapata, que fueron ley en el vigoroso carácter de Venustiano Carranza, genio de la guerra en Obregón, brazo armado en Francisco Villa, principios, en fin, que son pasión, bandera, meta y esperanza del pueblo mexicano.- Mérida, Yucatán.

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*) Ex supervisor escolar

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