Entre el ser y el tener

Sentido común

Por Cholyn Garza (*)

Quizás nunca como en la actualidad el deseo de tener, de acumular, de poseer se ha incrementado al grado, en no pocas personas, de convertirse en obsesión.

La mercadotecnia nos lanza mensajes diariamente, que si no estamos preparados para enfrentarla es fácil caer en tentaciones que pueden llevarnos a sufrir desilusiones y, en algunos casos, se puede caer en la frustración personal con daños irreversibles.

Siempre las competencias han sido y siguen siendo bienvenidas; en la escuela, por ejemplo, nos enseñaron a competir desde el punto de vista participativo. Es decir, el alumno se preparaba para tomar parte en alguna actividad en su centro educativo.

Así, teníamos actividades que nos mantenían ocupados tanto en la escuela como en los hogares, ya que nos esforzábamos por hacer las cosas lo mejor posible.

Esa era nuestra competencia; investigar si se trataba de un trabajo literario; practicar una y otra vez para no quedar mal ante nuestros compañeros y maestros; había lectura de comprensión, de rapidez, de calidad. Se leían poemas, se escribían composiciones sobre un tema determinado donde el alumno desarrollaba su creatividad dando rienda suelta a la imaginación.

A quien le gustaba algún deporte estaba puesto a competir; todos sabíamos que la participación en una actividad física o intelectual, deportiva, cultural, artística resultaba verdaderamente emocionante y, ¿por qué no decirlo?, hasta podría darse el caso de que de una actividad escolar surgiera el gusto, el deseo de seguir adelante al sembrarse la semilla de la vocación.

Que yo recuerde, y quizás no pocos me acompañarán en ese viaje al pasado, cada quien, ubicándose en su época de estudiante, donde la competencia era por adquirir conocimientos, por el simple placer de participar y si obteníamos un lugar, bienvenido era; si no, ya sería en otra ocasión.

Había la camaradería, el aplauso al ganador, la solidaridad con el que se esforzó. El reconocimiento al esfuerzo se hacía presente.

Una mamá joven me comentaba un caso que a mí en lo personal me pareció preocupante y realmente inaceptable. Además de las agresiones físicas que muchos alumnos están padeciendo en centros de estudios, se suma la humillación que reciben algunos niños y jóvenes, por parte de los mal llamados “compañeros”. La agresividad, la burla, la violencia van subiendo de tono al grado de llegar a una actitud reprobable de aventarle dinero a aquel estudiante que no vaya con algo de marca. Ropa, calzado, celular, lo que sea. La humillación está y queda.

“Toma, para que te compres…”, le dicen. No pongo en duda lo que me platicó esa madre de familia porque no es la primera vez que alguien me expone una situación parecida en cuanto a humillar y burlarse de alguien se refiere. Esto sucedió en una escuela de la ciudad de Monterrey, pero puede darse en cualquier lugar.

Tal pareciera que ciertos niños y jóvenes van a competir para brillar pero no precisamente por sus conocimientos sino por lo que llevan encima. De sobra sabemos que quien va a una escuela particular es porque sus padres pueden pagar la colegiatura; habrá quienes realizan un sacrificio para cubrir los gastos o habrá quien recibe una beca para educarse en un centro de prestigio.

Sea cual sea la situación, nadie tiene derecho a burlarse de los demás, mucho menos humillar. ¿Qué clase de sociedad se está conformando? ¿Acaso una sociedad compuesta por personas obsesionadas por las marcas? ¿Es normal que alguien se burle de quien no lleva consigo algo de firma?

Esto no es para tomarlo a la ligera porque se están mandando mensajes equivocados que les pueden afectar a los niños y a los jóvenes creándoles un complejo. “Hay que comprarles tal o cual cosa porque ‘todos’ lo traen” y para que no se sientan mal. Un grave error porque puede llegar el día en que los padres no puedan ofrecerle al hijo lo que pide y quizás lo exija. ¿Qué sucederá?

Hay que motivar a nuestros hijos a ser creativos, a estimularlos para la competencia, para que alcancen la excelencia, para que sean mejores cada día, pero a través del ser y no precisamente del tener. Que actúen con humildad y no con soberbia; que demuestren su calidad humana respetando a los demás.

Que aprendan a distinguir entre lo que la mercadotecnia ofrece -tener por un tiempo determinado- y el aprendizaje y la práctica de los valores, que es lo que realmente perdura.- Piedras Negras, Coahuila.

[email protected]

—–

*) Escritora

Etiquetas:,