Encuestas electorales: Amplían período para difusión

Jesús Cantú (*)

De acuerdo con el proyecto de Ley General de Delitos Electorales, aprobado en el Senado de la República el pasado 30 de abril y en comisiones en la Cámara de Diputados, la veda para la difusión de los resultados de las encuestas de preferencia electoral se reducirá de 8 a 3 días previos a la jornada electoral, lo cual debería tener un impacto favorable para la precisión de las mismas, pero eventualmente generará mayores conflictos por el impacto que las mismas pueden tener en los resultados electorales.

En la actual legislación electoral se establece que no se podrán difundir los resultados de estos ejercicios demoscópicos ocho días antes de los comicios y, en la correspondiente normativa, en el artículo 403 del Código Penal Federal se señala: “Se impondrán de diez a cien días de multa y prisión de seis meses a tres años, a quién: … XIII. Durante los ochos días previos a la elección… publique o difunda por cualquier medio los resultados de encuestas o sondeos de opinión que den a conocer las preferencias de los ciudadanos”. De ser aprobada en San Lázaro, de acuerdo con lo establecido en la fracción XV del artículo 7, la nueva legislación modifica dicha disposición en dos sentidos: aumenta el monto mínimo de la multa de 10 a 50 días y reduce el período de ocho a tres días previos a la elección.

Aunque todavía no se conoce ningún proyecto de la Ley General de Procedimientos Electorales, que seguramente también contemplará disposiciones al respecto, el cambio en la legislación de los delitos electorales permite anticipar dicha modificación, ya que no tendría sentido establecer períodos distintos para las faltas administrativas y los delitos penales.

El cambio es muy interesante, pero seguramente también será polémico, ya que puede tener efectos positivos y negativos. Por un lado, los encuestadores seguramente expresarán su beneplácito por el mismo ya que les permitirá acercar la fecha del último levantamiento con la fecha de la elección, lo cual se debe traducir en una mayor cercanía en los resultados de las encuestas con los resultados oficiales.

Obviamente que el momento del levantamiento no tiene ningún efecto sobre los posibles errores muestrales y/o metodológicos de las encuestas, pero sí sobre dos aspectos: uno, permitirán recoger los impactos de acontecimientos y noticias, entre las que se encontrarán los cierres de campaña de los candidatos, que pueden incidir en las preferencias electorales de la ciudadanía; y dos, el momento de la fotografía será mucho más cercano al de la elección.

Pero especialmente por lo sucedido durante las campañas electorales presidenciales de 2012, donde muchas de las encuestas -en especial las difundidas periódica y sistemáticamente por los medios masivos de comunicación- arrojaban resultados muy distintos a los oficiales, lo cual alimentó la especulación de que las mismas se utilizaron como una herramienta más de propaganda electoral e incluso de su posible manipulación intencionada para favorecer al candidato finalmente ganador.

Las especulaciones también se nutrieron de la irracional estabilidad de las preferencias electorales a lo largo de todo el proceso electoral, a pesar de que los distintos eventos que se presentaron durante las campañas electorales. De acuerdo con estas series, las preferencias electorales de los electores mexicanos eran totalmente ajenas a los sucesos que se presentaban durante la campaña, como si éstas no tuvieran sentido, pues la elección estaba decidida incluso desde antes de que se iniciase el proceso electoral, en la primera semana de octubre de 2011.

Así, ni la incapacidad de Enrique Peña Nieto para mencionar tres libros que lo hubieran marcado en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, ni la visita a la Universidad Iberoamericana o el surgimiento del movimiento #Yosoy132 afectaron sus preferencias electorales o las de sus principales opositores. Las sospechas crecieron cuando los resultados oficiales mostraron que sí hubo movimientos importantes en las preferencias electorales y que las diferencias de más de 15 puntos porcentuales entre Peña Nieto y AMLO se reducía a menos de la mitad, escasos 6.8 puntos de acuerdo al Instituto Federal Electoral.

Con la nueva norma los candidatos, los encuestadores y los medios masivos de comunicación podrán difundir sus últimas encuestas el miércoles previo al domingo electoral, justo en el último día de las campañas electorales, con lo cual el margen de maniobra de los candidatos y sus equipos se reduce considerablemente, lo cual incrementa el impacto propagandístico de las mismas.

La medida sin duda es benéfica para los profesionales de la demoscopia, ya que mejora sus condiciones de trabajo y ensancha sus posibilidades de acertar en el resultado electoral; pero también expande los márgenes de acción de los simuladores, encuestadores al mejor postor, charlatanes y hasta los llamados estrategas electorales inescrupulosos, que manejan y alteran las encuestas impunemente.

Llama la atención que la reacción frente al uso de las encuestas electorales en la elección presidencial de 2012, sea de abrirles más espacios, en lugar de cerrárselos como ha sido la regla general en la legislación electoral mexicana. Incluso la lógica general de la mencionada ley pretende cerrarle las puertas a los distintos operativos de defraudación de la voluntad ciudadana que se utilizaron precisamente en el pasado proceso electoral. Bien vale la pena observar el impacto que estas nuevas disposiciones en materia de encuestas tendrán en actores políticos, encuestadores y medios de comunicación, pues es una realidad que la respuesta a la manipulación de las encuestas es una excepción a la regla general, habrá que ver si los resultados también lo son.- Mérida, Yucatán.

[email protected]

—–

*) Periodista

 



Volver arriba