En la educación está la clave

Mujeres en desigualdad

Por Marcelo Pérez Rodríguez (*)

Es en la educación en donde comienzan a darse las desigualdades de género y a fortalecerse el espíritu machista en muchos varones. Si en la infancia se adquieren los valores y las perspectivas de género, entonces una educación discriminatoria puede causar confusiones y malos entendidos.

Muchas veces no dejamos que los niños pequeños jueguen con las niñas, remarcamos mucho esa diferencia: “Tú eres varón, no niña”, “Las muñecas son para ellas”, “Tú juega carritos o carreras”. En esa edad los pequeños juegan por jugar, son niños y niñas para hacerlo. No hay en su mente ninguna diferencia o malicia. Los adultos vamos creando esos pensamientos que más tarde, como adolescentes y adultos, surgen para discriminar, menospreciar o humillar.

También en el hogar y en las escuelas con mucha frecuencia se remarcan las divisiones en las tareas cotidianas. El niño no puede lavar trastos, ni barrer ni ayudar en la casa, porque es obligación de la hermana, de las niñas; lo mismo puede pasar en la escuela si el maestro hace énfasis en cuanto a dividir las responsabilidades por género y no hacerlo en forma equitativa, en donde todos colaboren haciendo de todo.

Luego, como adolescentes y adultos, es difícil quitarnos la formación machista y surgen entonces las divisiones y las discriminaciones. Como amigos o novios muchas veces dejamos a la mujer las tareas de cocinar, servir y barrer, y dejamos que nos sirvan. Esta comodidad se va fortaleciendo y como cónyuges y padres de familia repetimos los estereotipos y dejamos la carga a las mujeres en las tareas del hogar e incluso la educación de los hijos.

De esta manera no sólo nos aislamos y buscamos la comodidad en el hogar, sino que educamos y formamos a los hijos con nuestro ejemplo pasivo y machista de dividir las tareas por género. Asimismo, encontramos a mujeres con una carga pesada que las daña física y emocionalmente, aunque inmersas también en esa educación machista no se dan cuenta de que también ellas colaboran a continuar con las discriminaciones.

Por eso en la sociedad hay remarcadas diferencias. Todavía en las cuestiones políticas y partidistas se están rompiendo los monopolios de los hombres en las designaciones de candidatos. Ahora se busca la mitad para las mujeres. En el trabajo hay mucha prioridad hacia los hombres en los ascensos sobre las mujeres, aunque también se han ido rompiendo estos prejuicios.

En las leyes estamos también muy atrasados. Los feminicidios no están catalogados como delitos graves. Todavía en el paquete de iniciativas que envía el gobierno del Estado incluye una reforma para tipificar el feminicidio como delito grave en el Código Penal del Estado.

Falta mucho en la sociedad para sonar las campanas y decir que hay igualdad y no discriminaciones de género. Sin embargo, hay avances que son importantes estimular y fortalecer. Pero es en la educación, en el hogar y en las escuelas, donde se puede hacer mucho con los pequeños para iniciar desde temprana edad con el respeto, valorarse mutuamente y una convivencia donde no se margine a ningún género.

Hombres y mujeres juntos, con igualdad en derechos y como seres humanos, en la búsqueda de una mejor sociedad y una educación sin discriminaciones, ni rechazos ni marginaciones en las generaciones venideras. A diario convivimos hombres y mujeres; por lo tanto, desde la infancia hay que educar de igual manera sin remarcadas distinciones ni menosprecios. En la forma de educar está la clave para fortalecer la igualdad y el respeto a los derechos de la mujer.- Mérida, Yucatán.

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*) Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional

»Falta mucho en la sociedad para poner campanas al vuelo y decir que sí hay igualdad y no discriminaciones de género

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