El vía crucis con Rosario

Cuestión de convencer

Jorge Zepeda Patterson (*)

Hay una regla no escrita que afirma que a los miembros de gabinete no hay que cambiarlos antes de los dos años. Un cambio de ministro con apenas un año en funciones es interpretado como el correctivo de una mala designación del Presidente, de la misma forma que sacar a un jugador de fútbol en el primer tiempo es considerado un error de estrategia del técnico. Hacerlo a partir del segundo año de gobierno (o el segundo tiempo en caso del fútbol) es visto como un ajuste del estratega para responder a le evolución de los acontecimientos.

Tiene lógica, salvo en el caso de Rosario Robles, responsable de la Sedesol. El costo de asumir el error de una mala decisión de arranque me parece menor que el costo del desprestigio que significa mantenerla a lo largo de todo 2014. Colocar a una operadora política electoral a cargo del ministerio de bienestar social es un error que desdibuja algunos de los aciertos peñanietistas.

¿Cómo puede uno creer que éste es un PRI renovado cuando se usa la pobreza con fines políticos de manera tan ostensible? Incluso el PRI de Zedillo había superado esa etapa. Santiago Levy, un técnico reconocido, encabezó al equipo que diseñó el programa de Oportunidades, que luego sería retomado por el propio PAN. Pero la reconversión de la Sedesol en una agencia de promoción político-electoral es un retroceso incluso a los Pronasoles de Salinas de Gortari. Una práctica que creímos que México había dejado atrás.

Rosario Robles tiene una accidentada carrera política que la llevó a convertirse en jefa de Gobierno del Distrito Federal, en sustitución de Cuauhtémoc Cárdenas; luego del escándalo con Carlos Ahumada y sus comprometedoras donaciones al PRD, y su polémico papel como licitador de obra pública, Rosario Robles acabó siendo expulsada del partido por su cercanía con el empresario argentino. Vivió un corto exilio político y se refundó a sí misma convirtiéndose en asesora de candidatos en campaña, particularmente de mujeres priistas. Se convirtió en experta y alcanzó logros importantes en esta materia.

No es mi interés descalificar a Rosario Robles. Incluso me resulta notable su regreso a la escena política prácticamente desde las cenizas. Convertirse en consultora exitosa como operadora político-electoral tiene méritos. El problema no es ella, como tampoco lo sería un delantero reconvertido en portero de un equipo de fútbol. El problema consiste en haberlos colocado en esa posición.

Esto significa que los programas sociales del gobierno de Peña Nieto estarán preñados de una sospecha política constante. Los usos electorales de las ayudas sociales en la campaña de Veracruz al inicio de este sexenio no hacen sino confirmar lo que todos suponíamos. Las reformas estructurales que pone en marcha el gobierno de Peña Nieto pueden inspirar adhesión u oposición, pero nadie negará la importancia que tiene el intento mismo de salir de la parálisis. Sin embargo, me parece que cualquier esfuerzo innovador quedará trunco si no va acompañado de una propuesta profunda y radical sobre el tema de la pobreza.

El regreso del PRI tendría que ser apuntalado por una cruzada histórica a favor de los pobres. Mal que bien, es el partido que creó al IMSS, el reparto ejidal o la noción del salario mínimo. Instituciones históricas que en algún momento refrendaron el “compromiso social” del régimen. Desde luego era otro país, pero los pobres siguen allí, frente al desinterés de dos sexenios panistas que hizo poco por atenderlos.

Convertir a la Sedesol en la punta de lanza para una revolución social requiere imaginación y legitimidad. Lo primero supone un titular con amplio conocimiento en el sector, capaz de convocar a sus pares para evaluar lo realizado hasta ahora y diseñar propuestas innovadoras, ambiciosas y efectivas. Rosario Robles carece de esa experiencia. Y más importante aún, para ser exitosa tal cruzada requerirá de la participación de la sociedad misma; una participación que sólo puede originarse en la legitimidad. Una operadora política, un cuadro del partido, como Rosario Robles, nunca obtendrá la participación desinteresada de los actores sociales ajenos al priismo.

La elección del titular de la Sedesol tendría que tener los mismos criterios que la designación de un secretario de Hacienda: un especialista con experiencia y credibilidad nacional e internacional, y que no esté contaminado por una obvia agenda política. Sólo así Peña Nieto podrá convencernos de que cuando habla de los pobres no está pensando sólo en los votos.— México, Distrito Federal.

Sitio web: www.jorgezepeda.net
@jorgezepdap
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*) Periodista




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