El turismo

El turismo

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Una actividad asombrosa

Eduardo Seijo Solís (*)

El turismo es una actividad asombrosa, que ha llamado la atención de propios y extraños, porque en menos de 60 años pasó de ser una actividad marginal y prácticamente irrelevante a convertirse un fenómeno mundial que motiva el desplazamiento voluntario de miles de millones de personas cada año (Unwto 2008), lo cual no es poco decir, tomando en cuenta que la población mundial es de poco más de 7,000 millones (USCB, 2013). Es este gran movimiento de personas el que le da gran relevancia en los terrenos de lo económico, lo social y lo ambiental.

Al día en que se publica este artículo el turismo supera, a escala mundial, en términos de generación de empleo, contribución al Producto Interno Bruto (PIB) e inversión, a casi todas las actividades económicas del planeta, algunas con cientos o miles de años de presencia en el mundo, como la agricultura, la ganadería y la pesca, así como también a casi todas las manufacturas y casi todos los servicios (WTTC, 2013).

Globalmente, el turismo emplea a una de cada 11 personas en el mundo y genera aproximadamente el 10% de todos los nuevos empleos que se crean. Contribuye en un 9.3% al PIB mundial, lo que equivale a 6,630.4 billones de dólares.

Representa el 5.4% y el 4.7% del total mundial de exportaciones e inversión, lo que equivale a 1,243 y a 764.7 billones de dólares respectivamente (WTTC, 2013).

A diferencia de otras actividades que también requieren tecnología de punta y personal altamente capacitado, el turismo ha sido uno de los sectores que con mayor frecuencia se ha convertido en motor de crecimiento para países en vías de desarrollo, como lo muestra la evidencia reciente en naciones como Filipinas, Aruba, Seychelles, Maldivas, Perú, República Dominicana, Croacia, Namibia, Tanzania, Turquía, Costa Rica y México, entre otros.

En contraparte, el turismo es una actividad altamente riesgosa por el elevado número de elementos fuera de control que le afectan. En ese sentido, un país o destino que busque el crecimiento económico a partir de un desarrollo desmedido e irresponsable del turismo (dicho en otras palabras, a partir del crecimiento turístico “a como dé lugar”) puede generar un peso excesivo de esta actividad en la economía, lo que implica necesariamente que cualquier evento desestabilizador global, regional o local tenga un efecto aumentado en dicho país o destino.

En el ámbito social, el turismo es tradicionalmente una actividad que promueve y difunde elementos del patrimonio y la cultura del lugar visitado, lo cual resulta más útil en la medida en que la cultura del sitio es menos conocida. Debido a relatos de viajeros, hace aproximadamente 150 años el mundo educado conoció la existencia de grandes pirámides en las selvas del Sureste mexicano y hoy cada día, vía las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s), decenas de millones de personas se enteran de detalles de sitios ubicados en todos los rincones del mundo. De igual forma el turismo también favorece la preservación de tradiciones locales y motiva la permanencia o incremento del orgullo por la propia cultura. Asimismo, gran parte de la población en destinos turísticos se beneficia directamente de la infraestructura creada para poder desarrollar al turismo y por último, en cuestión de género, el sector suele emplear a mujeres en una mayor proporción que a hombres, lo cual ayuda a frenar el desequilibrio general existente (Unwto, 2010).

Por otro lado, debido en parte a su relativamente reciente aparición en el escenario mundial que dificulta prever y calcular con claridad la magnitud de los impactos que genera, el desarrollo a gran escala del turismo puede generar un deterioro en la calidad de vida de la población local. Por mencionar algunos: genera multitudes y congestionamientos humanos; incrementa problemas de alcohol, drogas, prostitución e inseguridad, tanto por el aumento de visitantes como por el aumento de inmigración que genera el propio desarrollo; puede afectar los derechos humanos de la población local al ser desplazados, ya sea de sus tierras para construcción de espacios turísticos o de espacios públicos de uso común para beneficiar al visitante (Unwto, 1997, 2010).

Finalmente, todo tipo de desarrollo genera impactos al ambiente y el turismo no es excepción. El desarrollo de centros turísticos inclusive en zonas de alto valor ecológico provoca la devastación total o parcial del entorno original. El tráfico aéreo, terrestre y marítimo necesario para la llegada y salida del turista y los insumos que consume genera contaminación del aire y el agua. El propio turista suele contaminar los espacios que visita. Sin embargo, el turismo, por el propio interés manifiesto del turista por conocer los diversos atractivos naturales de los sitios que visita, fomenta activamente la protección de áreas naturales como selvas y arrecifes. Ayuda al financiamiento de reservas ecológicas y parques marinos a través del pago de cuotas hecho por los visitantes. Ayuda a difundir una mayor conciencia sobre el planeta y genera corrientes de turistas ecológicos y responsables. En muchos casos, principalmente en países en vías de desarrollo, limita la sobreexplotación natural por parte de la población local, al proveer fuentes alternativas de empleo (Unwto, 2013).

Un caso interesante y familiar para los yucatecos, que puede ejemplificar los tres impactos mencionados anteriormente, es Tulum. En este sitio se han combinado dos elementos fundamentales: por una lado, la observancia relativamente efectiva del uso de suelo de baja densidad y, por otro, su ubicación geográfica, que lo coloca en un espacio limitado y carente de infraestructura entre la zona arqueológica homónima y la reserva de la biosfera de Sian Kaan, patrimonio de la humanidad por la Unesco. El área, bañada por las espléndidas aguas del Caribe y protegida de las olas por el gran arrecife mesoamericano, se ha mantenido al margen del gran desarrollo masivo que han tenido sus vecinos Riviera Maya y Cancún. En el ámbito económico hoy es un sitio con un modelo microempresarial en el cual el turismo genera riqueza, empleo e inversión, pero que ha desplazado las actividades tradicionales convirtiéndose en una economía monoproductora con el riesgo que esto implica. En el ámbito social, las imágenes de sus vestigios mayas, sus playas y palmeras le dan la vuelta al mundo diariamente, difundiendo el patrimonio histórico y natural de la región y mucha gente de todo el orbe con conciencia ambiental y social ha hecho del sitio su lugar de vida convirtiéndolo en uno de los principales centros “eco-chic” del planeta.

En el ámbito ecológico, la construcción de espacios turísticos ha degradado el entorno y desplazado a la fauna original de la zona; sin embargo, prevalece e inclusive se demanda por el consumidor el uso de energía renovable para el funcionamiento de hoteles y restaurantes; el desplazamiento de turistas y habitantes se da en gran medida a pie, en bicicleta o en otros medios no contaminantes; se privilegian en mayor proporción que en otros destinos del país los paseos o excursiones a áreas naturales protegidas y a atractivos que beneficien a la población maya autóctona de la región.

En resumen, el conocimiento de los alcances que el turismo puede llegar a tener, así como los impactos positivos y negativos que puede generar, resulta esencial para una óptima planificación de su desarrollo en el cual, desde mi punto de vista, puedan coexistir el crecimiento económico responsable con el desarrollo humano y la conservación de nuestro patrimonio y del medio ambiente.- Orlando, Florida, 10 de febrero de 2014.

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*) Licenciado en Economía por el Tecnológico de Monterrey; candidato a doctor en Turismo por la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid; ex presidente de Cetur y vicepresidente de Exatec Yucatán

»Globalmente, el turismo emplea a una de cada 11 personas en el mundo y genera aproximadamente el 10% de los nuevos empleos




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