El papado de Juan Pablo II: tres eventos relevantes

El papado de Juan Pablo II: tres eventos relevantes

Ana Teresa López de Llergo (*)

En un pontificado tan largo como el de Juan Pablo II (1978 a 2005) y con una personalidad tan atractiva, es muy difícil hacer justicia al elegir unos eventos y dejar otros. Sin embargo, pido benevolencia a quienes consideren poco acertada mi selección, pero no puedo ser imparcial, ni tampoco puedo prescindir de mi historia, ni del modo de percibir las huellas de Su Santidad.

Su entrega total, dentro de su personal estilo, al servicio de Dios y la Iglesia. La naturalidad para mostrarse joven, jovial, vibrante, con dotes histriónicas, y de seguir siendo así, aunque decreciera la capacidad física, son indicios de que la fuerza no estaba solamente apoyada en el cuerpo, sino en el cultivo de la espiritualidad, muy sobrenatural, muy cercano a Dios y, evidentemente, lleno de ternura hacia Santa María…

Como todos sus antecesores, fue un pastor que, como ahora dice el papa Francisco, tenía olor a oveja, tan cercano a su grey que inauguró un estilo que llenó de alegría al mundo, viajó e hizo posible que muchos que no habían soñado ir a Roma pudieron estar cerca de él.

Supo tomar decisiones que en conciencia le competían, aunque le dejaran solo o le ocasionaran problemas. El rabino David G. Dalin dice: “Durante la década de 1980, Juan Pablo II hizo fuertes declaraciones de condena a los actos de terrorismo contra sinagogas y comunidades judías, tanto en Viena como en Roma, enviando mensajes de simpatía a sus víctimas.

“Por ejemplo, el 29 de agosto de 1981 condenó el ataque con bombas a una sinagoga de Viena, calificándolo de acto absurdo y sangriento, que constituía un asalto a la comunidad judía de Austria y del mundo entero, y advirtió del peligro de una nueva ola del mismo tipo de antisemitismo que provocó tanto duelo durante siglos (‘El mito del Papa de Hitler’, p. 225)”.

George Weigel, en el prólogo de la biografía de Juan Pablo, hace ver el absoluto dramatismo de la vida de Karol Wojtyla, que desafía la imaginación de los más afamados guionistas; fue un hombre moderno con la convicción de que en los designios de la Providencia no existen meras coincidencias. Es el Papa que orienta al mundo para adentrarse en el tercer milenio.

Los tres eventos elegidos son: la publicación del Código de Derecho Canónico y del Catecismo de la Iglesia, y la propuesta de los misterios luminosos del Santo Rosario. En estas decisiones ejerce su legítima autoridad y su clara conciencia de ser el Vicecristo en la tierra, vinculado a sus antecesores y responsable de llevar a término todo aquello que por las circunstancias espacio-temporales requerían del toque final.

El Derecho Canónico responde a la necesidad de toda institución de contar con un “kanon”, regla, norma o medida. El Código vigente es promulgado por Juan Pablo II el 25 de enero de 1983, con la Constitución Apostólica “Sacrae Disciplinae”. Hasta entonces regía el Código Canónico del año 1917.

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*) Colaboradora de Yo Influyo




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