El IFE, al centro del debate

Análisis ciudadano

Rubén Osorio Paredes (*)

El IFE ha estado en los últimos días en el centro del debate con amagos de desaparición o desfiguración por parte de un grupo de legisladores reformistas. Hoy es el patito feo e incómodo del sistema político nacional.

En principio fue un árbitro en el que todos los mexicanos confiábamos. Hoy es un árbitro a medias que cuenta solamente con tarjetas amarillas, porque el Trife es el que tiene todas las tarjetas rojas.

En el IFE del 90 al 94 predominaban las decisiones de Estado; del 96 a 2003 se consigue cierto equilibrio institucional al convertirse en un órgano ponderado donde se toman las decisiones colegiadamente. Pero luego de la reforma de 2003 se perdió ese equilibro y predominó en el interior la influencia de los partidos. En 2007 el instituto es acotado y amarrado por el sistema. Entonces el IFE se convierte sólo teóricamente en un órgano ciudadano.

En síntesis, el legado de 22 años de existencia institucional sería que los mexicanos contamos hoy con un Instituto Federal Electoral que ha acumulado una basta experiencia organizando elecciones, sin embargo, aunque hemos avanzado en ciertas estructuras, aún no hemos logrado igualdad entre los competidores porque el factor dinero sigue siendo un elemento importante para decidir los resultados en una elección, pues dicho instituto no cuenta con mecanismos eficaces para controlar el uso del dinero en el día de la elección.

Resulta preocupante que a estas alturas todavía no tengamos claro cómo se regula el ejercicio y el acceso al poder con dos estructuras electorales paralelas que chocan y son costosas, como las estructuras estatales y la federal. Por eso creo que es necesario unificar y homogeneizar la materia electoral en todo el país, debido a que en la práctica la mayoría de los conflictos electorales terminan en el Trife.

También es importante dejar claro que más leyes e instituciones no nos van ayudar a tener una mejor democracia. El problema es más una cuestión de madurez democrática en la clase política mexicana. Tal vez por eso los legisladores siguen paralizados en la creencia de crear más organismos electorales y más leyes para levantar una fachada que oculte graves vicios, pero la verdadera pregunta sería: ¿Cómo le vamos a hacer para que los partidos políticos y los ciudadanos aceptemos al mismo árbitro en unas elecciones?

Todo eso sólo se puede explicar a partir de la idea de que nuestro sistema electoral está inspirado en la sospecha, en la suspicacia y en presumir la mala fe. Es ahí donde tenemos que reflexionar que bajo esas circunstancias el derecho sirve para muy poco si la cultura cívica es deficiente.

En definitiva, a nuestra democracia no le conviene un IFE sin credibilidad ni un IFE acotado o, peor aún, desaparecido.

La asignatura pendiente de nuestros políticos es la de fortalecer al instituto, proporcionarle mejores elementos para generar confianza, pero sobre todo que los que toman las decisiones en México alcancen el grado de madurez democrática suficiente que les permita respetar las mismas reglas y los mismos principios.

Los mismos acuerdos y las mismas prioridades. Es decir, que en verdad nada ni nadie se encuentre por encima de la ley.- Mérida, Yucatán.

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Ruben Osorio

@rubenosorio5

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Abogado y asesor jurídico. Catedrático de la Universidad Anáhuac Mayab

»Resulta preocupante que ha estas alturas aún no tengamos claro cómo se regula el ejercicio y el acceso al poder con dos estructuras electorales paralelas que chocan




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