El compromiso se conoce en la adversidad

 

Por Gabriela Soberanis Madrid (*)

 

 

“Compromiso es lo que transforma una promesa en realidad, es la palabra que habla con valentía de nuestras intenciones, es la acción que habla más alto que las palabras, es hacerse al tiempo cuando no lo hay, es cumplir con lo prometido cuando las circunstancias se ponen adversas, es el material con el que forja el carácter para poder cambiar las cosas, es el triunfo diario de la integridad sobre el escepticismo”, S. Lehman

 

Estamos viviendo una época donde prevalece el individualismo, la incertidumbre y una falta de comprensión hacia las necesidades ajenas. Esta forma de vivir y de actuar con independencia de los demás, con escasa empatía hacia otros, aunado a la creciente gratificación inmediata que los individuos buscan en el marco de sus relaciones laborales y personales, impide no sólo que se cultiven vínculos sanos y duraderos, sino que la gente presente grandes dificultades para mantenerse motivados, hacer compromisos y alcanzar sus objetivos. Desafortunadamente, éstos son tiempos en donde el compromiso no es uno de los valores que se cotizan a la alza. Los “compromisos” se han vuelto algo pasajero, algo que con mucha facilidad se rompe o, sencillamente, ni se ofrece. Más y más personas abandonan proyectos, trabajos, matrimonios, hijos, carreras y negocios cuando las cosas se ponen difíciles.

Si bien no podemos ir por la vida satisfaciendo a todos o haciéndonos responsables por las cosas que no nos corresponden, velar únicamente por nuestros propios intereses y promover esta forma de obrar ha traído graves consecuencias emocionales en las personas. La gente se ha desvinculado de la necesidad humana que tenemos de asirnos a otros para crecer y de hacerlo con un profundo sentido de responsabilidad.

Una de las definiciones que más me gusta de compromiso es ésta: “El compromiso es un acuerdo por el que dos partes enfrentadas reducen sus demandas o cambian sus opiniones en un intento de llegar a un entendimiento”. En esta definición se encuentra implícita la idea de que nadie puede ni debe vivir como un ente aislado, por ende, es necesario que las personas hagan concesiones y aprendan a ceder con el fin de lograr la armonía, el bienestar y la consecución de sus objetivos –cualesquiera que éstos sean –.

Las personas se comprometen con otros o con algo cuando realmente lo consideran importante en sus vidas. Cuando tenemos claro lo que es importante para nosotros, estamos dispuestos a ceder y a hacer sacrificios razonables para apegarnos a las promesas que nos hemos hecho y que hemos hecho a otros. Así es como el compromiso se convierte en un asunto de convicción y no de imposición. Es por eso que el compromiso está íntimamente ligado a la escala de valores de una persona y, por ende, a su integridad y congruencia.

Pero lo cierto es que mucha gente ni siquiera conoce su escala de valores. Creen que algo es importante para ellos simplemente porque desean que así lo sea o porque creen que debería serlo. Pero en sus actos podemos corroborar lo contrario. Digamos que una persona dice estar comprometida con su salud física. De ser así, tendrá muy claro lo que eso significa y hará todo lo que sea necesario para garantizarla. Hará ejercicio regularmente, comerá sano y se asegurará de descansar lo suficiente. No habrán pretextos ni excusas para hacer lo que se requiere. Si un individuo dice que está comprometido con su familia, se asegurará de dar lo mejor de sí a sus miembros, creará los espacios para compartir, ofrecerá su tiempo, su ayuda, su apoyo; cederá en asuntos que requieren llegar a acuerdos y contribuirá a que las necesidades de quienes le rodean sean satisfechas. No se quejará por tener que hacer concesiones; simplemente las hará porque sabe que eso favorece a todos. Lo mismo ocurre con un trabajo o con cualquier relación que preciemos importante en nuestras vidas. Por eso es claro que cuando alguien está realmente comprometido ese compromiso va de la mano con lo importante que esa persona, ese trabajo, esa relación, ese vínculo resulta para ese individuo.

La falta de implicación que algunos individuos presentan se ha estudiado por los expertos y éstos comprueban que quien tiene dificultades para comprometerse en la esfera de las relaciones personales lo presenta también en otros ámbitos de su vida. Ahora bien ¿cómo podemos distinguir a una persona que conoce el valor del compromiso? ¿cuáles son las características de las personas que han cultivado esta virtud en sus vidas?

Por un lado, la gente comprometida es consciente del lado luminoso que ofrece el compromiso. Los estudios revelan que son mucho más efectivas en el logro de sus metas, tienen mayor capacidad para influir en otros porque saben ceder y negociar, no se desmotivan fácilmente ni se rinden ante las adversidades. Son un claro ejemplo de resistencia frente a los infortunios y los reveses, lo que a su vez les permite crecer y escalar otros niveles en su vida. Por otro lado, las personas comprometidas son más sensibles a las necesidades de los demás, conocen las implicaciones que tienen sus acciones, saben discernir entre lo que es conveniente no sólo para ellas mismas, sino para los que le rodean y cuando las cosas no resultan como esperaban, buscan dentro de sí la respuesta a esos resultados desfavorables. No se sienten víctimas de nada ni de nadie.

Las personas comprometidas reconocen que existen muchos caminos para permanecer fieles a sus ideales, a sus relaciones y, en principio, a su escala de valores. Saben que en cualquier travesía que elijan, en cualquier relación en la que se encuentren, en cualquier compromiso que adquieran, todo, al final, se reduce a una elección: desistir o insistir. Las personas comprometidas siempre optan por lo segundo. Podrán cambiar de planes o de estrategia, podrán considerar nuevas formas de hacer las cosas, pero jamás cambian el acuerdo que han pactado. Sea consigo mismos o con otros.

Por ende, la palabra compromiso adquiere sentido en la medida en que responde a una realidad que se vive desde lo más intimo de nuestro ser y cobra un valor sin precedente cuando está acompañado de empatía, autenticidad y honestidad. El compromiso va más allá de cumplir con lo acordado, el compromiso es ser fiel a lo que nos hemos propuesto en la vida, a las personas que son parte de ella y a lo que es importante para nosotros.

Es una realidad de nuestros días: la gente presenta una gran resistencia para comprometerse. El compromiso se confunde con estar presente o hacer las cosas mientras no se expongan los desafíos; algo que prevalece mientras es novedad, mientras se disfrute y en tanto se deslice suavemente. Sin embargo, el verdadero significado del compromiso nada tiene que ver con circunstancias favorables. Por el contrario, sólo podemos hablar de compromiso cuando la gente lucha por lo que es importante para ellos y no deja de serlo sólo porque los resultados no son lo que esperaban. El verdadero compromiso se manifiesta en los momentos de adversidad, cuando las cosas se complican, cuando hay turbulencia, cuando hay duda, cuando hay incertidumbre.

El compromiso es la espina dorsal de cualquier relación, cualquier meta o actividad y, aunque es intangible, nadie tiene duda cuando existe. Es evidente cuando una persona está comprometido con otra, cuando lo está con un proyecto, con un grupo o con una organización. De la misma forma que es evidente cuando no lo está. El compromiso no es sólo una palabra, ni tampoco un requisito de urbanidad, es ante todo una virtud que cultivamos en nosotros mismos especialmente en la adversidad. Por ende, el compromiso es absolutamente necesario para poder crecer como individuos en todos los ámbitos de nuestra vida.

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*) Directora general de Enfoque Integral. Consultoría, capacitación y “coaching”




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