Drogas: ¿cambio de rumbo?

Drogas: ¿cambio de rumbo?

Por: Eduardo R. Huchim May (*)

La estrategia de combatir a sangre y fuego el contrabando de drogas posee una diversidad de irracionalidades que han sido señaladas por muchas voces. En ese contexto pueden situarse las declaraciones del relator especial sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias de Naciones Unidas, Christof Heyns, quien urgió a México a dejar atrás el enfoque militarista sobre seguridad, pues pone en riesgo el derecho a la vida, y recordó las cifras del drama mexicano: más de 100 mil ejecuciones desde 2006, 70% relacionadas con el narcotráfico (“Reforma”, 12/06/14).

No obstante que ya es un lugar común señalar que la guerra antinarco es un fracaso, en México aún se rechaza la posibilidad de cambiarla por una estrategia que considere el problema desde una visión sanitaria y apueste por la regulación y la instauración de eficaces programas de rehabilitación y prevención.

Sin embargo, una ventana parece estarse abriendo a la posibilidad de cambiar la estrategia, si nos atenemos a las declaraciones que la semana pasada le hizo el presidente Enrique Peña Nieto al periodista Javier Moreno (“El País”, 09/06/14) y que derivaron de una pregunta: ¿La legalización de la mariguana en una veintena de estados de la Unión Americana no le complica el discurso tanto a usted como al presidente Obama en la lucha contra el narcotráfico? Cuatro puntos clave en la respuesta:

a) Hay ahí (en la postura de EE.UU.) un tema de inconsistencia e incongruencia. Es una política que evidentemente tiene que revisarse y tener una definición hemisférica, pero pareciera que EE.UU. no ha querido entrarle todavía al toro por los cuernos. (Obviamente, tampoco México ha querido sujetar al astado por los pitones).

b) Aunque la mariguana es ilegal, en varios estados de EE.UU. no es tan ilegal. Uruguay ya la aprobó y eso no tuvo ningún efecto en el orden de la relación diplomática ni en el orden del universo.

c) Personalmente no estoy en favor de la legalización de las drogas ni de la mariguana, pero su legalización es un fenómeno creciente y nosotros demandamos revisar la política que se ha seguido en los últimos 30 ó 40 años y que a la postre ha arrojado mayor consumo y mayor producción; por lo tanto, es una política fallida.

d) Es necesario debatir el tema, no podemos seguir en esta ruta de inconsistencia donde en unas partes, como en EE.UU., se legaliza la mariguana y en México seguimos criminalizándola.

La sensatez de estos planteamientos presidenciales permite avizorar la posibilidad de un cambio en el rumbo seguido hasta ahora, pero por supuesto las palabras no bastan. Amigas que son del viento, hay que sustanciarlas y robustecerlas, y la vía del debate es un inicio correcto, a condición de que se tomen con seriedad y se atiendan sus conclusiones. Por lo pronto, la Cámara de Diputados ya anunció un foro internacional sobre el tema, para fines de julio.

Uno de los ángulos del debate debiera ser si los países que, como México, poseen zonas estragadas y convulsas a causa del prohibicionismo deben esperar a que EE.UU. levante la interdicción o deben tomar sus propias decisiones, como lo han hecho Uruguay y su célebre presidente José Mujica.

Ciertamente, un siglo de prohibicionismo pesa mucho sobre la conciencia social y sobre la clase política mexicana, pero el peso se puede aligerar si se recuerda que la prohibición no siempre existió. Hace poco más de un siglo, el consumo de opio en forma de láudano y otros compuestos opiados era legítimo y usual en México y, además, los vinos (cordiales) con coca y los cigarrillos de mariguana para combatir el asma formaban parte de los productos que se ofrecían en las farmacias y se anunciaban en periódicos y revistas de finales del siglo XIX y todavía hasta los años 30 del siglo XX (Luis Astorga, “El siglo de las drogas”, Plaza Janés, 2005).

El prohibicionismo vino después, pero mantenerlo, además de inútil consume grandes recursos que podrían servir para otros fines más nobles, genera zozobra social, cobra una alta cuota de sangre y, ciertamente, pone en riesgo el derecho a la vida.- México, D.F.

[email protected]

@EduardoRHuchim

—–

*) Periodista




Volver arriba