¿Dónde está el dinero?

¿Dónde está el dinero?

Por Filiberto Pinelo

No cabe duda que el de Zapata es un gobierno mediático. Que le apuesta a la publicidad del día a día para salir adelante, con la ayuda de algunos sectores de empresarios que se ven favorecidos en sus negocios con las pocas obras que hace o los escasos contratos que asigna.

Ahora, algunos de estos apoyadores se le fueron a la yugular a Ricardo Dájer Nahum, porque denunció un presunto fraude cometido con dinero público, en la Secretaría de Turismo, en lugar de exigir que se aclare.

Sin embargo, son bastantes los cadáveres que guarda en el closet la administración estatal, que no sabe cómo explicar, menos justificar, cuando alguien los descubre.

Muy calladito se tenía el grupo gobernante del Estado que uno de los últimos actos de saqueo de su correligionaria, la anterior gobernadora Ivonne Ortega, fue vender al Isstey en 332 millones de pesos, que salieron de las vapuleadas arcas de la institución, los terrenos donde, se supone, se edificará la tan cacareada plataforma logística de Yucatán, mismos que, ahora, han entrado al campo de la especulación inmobiliaria, como bien confiesa uno de los operadores de la ex gobernadora, el propio director actual de la institución, Ulises Carrillo.

Éste acaba de afirmar que “hoy, el valor de las 330 hectáreas de la Plataforma Logística asciende, según avalúo actualizado y depositado en Fideicomiso ante Banobras, a 412.8 millones de pesos”, esto es, 80.8 millones más (Diario, 16-IV-14).

¿Cuál será la consecuencia? Que cuando los terrenos vayan a ser utilizados, el gobierno los volverá a comprar, pero usando decenas de millones de pesos de nuestros impuestos, esos con los que los gobiernos actuales, tanto nacional como local, están sangrando cada día más a los contribuyentes, para pagar el sobreprecio.

Un hecho de la magnitud de éste debió de darse a conocer a la opinión pública cuando ocurrió o, posteriormente, en algún momento de los largos 18 meses que lleva en el poder la administración actual.

Pero no ha sido sino hasta que por la acción de una agrupación de jóvenes, Acciones Líderes, que se da a la tarea de buscar información que los gobiernos intencionalmente ocultan, ha saltado la liebre. Y es así como hemos podido enterarnos los ciudadanos de tan extrañas maniobras, que parecen más actos de mafiosos que procedimientos empleados por gobiernos que presumen de democráticos y como tales están obligados a informar de lo que hacen a sus patrones que, se supone, somos nosotros, los electores.

Por lo visto, este gobierno está sirviendo de tapadera a los malos manejos de su antecesora dejando en la impunidad las acciones contrarias a los intereses de la sociedad que cometió durante su mandato y cuyas consecuencias aún persisten.

Una sola palabra no ha dicho para responder a la pregunta que, obligadamente, se desprende de la atípica venta del terreno a una institución que no tiene entre sus funciones la de la especulación inmobiliaria: ¿A dónde fueron a parar los 300 millones de pesos que cobraron por la venta Ivonne y quienes la acompañaron en este acto que se antoja de rapiña? ¿En los bolsillos, o mejor dicho, las cuentas bancarias de quién está ese dinero? ¿No merece la sociedad una explicación que la saque de dudas sobre las anteriores preguntas, en lugar de dar la callada por respuesta?

Los yucatecos necesitamos tener un gobernante que no esté dedicado sólo a las cámaras, sino que dedique tiempo a abordar los problemas de fondo. Entre éstos está el de la impunidad de los políticos que con sus acciones han causado grave daño a la sociedad. Si Rolando Zapata piensa que repartiendo volantes a los vacacionistas, acudiendo a cuanta carrera pedestre hay para dar el disparo de salida; vistiéndose para que lo retraten de verificador sanitario o empleado de protección civil o mientras, dadivoso, raparte objetos de diferente tipo, va a lograr que la sociedad se olvide que hay delincuentes políticos sueltos, se equivoca.

Urge que el gobernador hable -y actúe-: ¿a dónde se fue el dinero que recibió Ivonne?- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro




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