Día del Maestro: De formación muy humana

María de los Ángeles Matos González (*)

He conocido a profesores extraordinarios que han cambiado la historia de jóvenes para bien, pero también a otros que por tener algún título de nivel superior forman parte de flamantes universidades y han arrastrado a sus alumnos a la falta de respeto hacia su propia persona.

Durante mucho tiempo era poca la exigencia de la maestría para ser profesor de universidad; desde hace algunos años esto ha cambiado, ahora es requisito para formar parte del equipo académico y vemos a profesores desesperados por tener el nivel de estudios requerido, incluso nos enteramos por los medios de comunicación que han comprando títulos en alguna universidad “patito”; poco importa el conocimiento y menos la ética y la formación del hombre en su totalidad, porque en algunos casos sólo se busca el nivel académico y el beneficio económico y no la promoción y el desarrollo integral de la persona.

El joven de hoy, a pesar de los adelantos del mundo contemporáneo, se nos presenta con una fragilidad personal ante la ausencia de referentes emocionales claros, confiables y perdurables, que le permitan sentirse seguro por un patrón de afectividad por el cual se sabe sostenido, valorado y amado.

Se trata de carencias que normalmente aparecen ligadas ante los cambios en los modelos de familia y a las propias experiencias que desde muy corta edad viven los menores dentro de ella.

El educador debe contribuir a la formación ética de sus alumnos, si bien es necesario distinguir lo profesional de lo personal, lo público de lo privado, pero al final no se puede separar y ver al ser humano sólo desde un aspecto, es necesario mirarlo como un todo.

De los profesores no sólo se espera que sean profesionalmente competentes, sino que se les debe exigir que sean ejemplo para sus alumnos, que exista armonía entre lo que piensa y dice en el aula, y lo que hace en su vida cotidiana. Como reza el dicho: “Aquel político que engaña a su mujer es muy probable que lo haga también con sus electores”.

Como educador, docente, profesor, pedagogo, maestro frente a sus alumnos, a la sociedad y al país debe preguntarse: “¿Estoy haciendo con mi trabajo lo propio que beneficia a este alumno(a), lo necesario que beneficia a la sociedad donde estoy inserto, lo trascendente para mi país y para la raza humana? Necesitamos buenos maestros pero también maestros buenos”.

El mayor reto del ser humano es conseguir portarse a la altura de su propia dignidad.

El maestro debe orientar, acompañar y ayudar a formar la conducta integral de sus alumnos, y para esto es necesario:

-Profundizar en el conocimiento personal para descubrir sus fortalezas y debilidades.

-Desarrollar habilidades personales.

-Adquirir técnicas y herramientas psicológicas y pedagógicas para orientar al alumno en su proceso de madurez integral entre otros…

Con la participación positiva del maestro, el alumno tiene más posibilidades de lograr un crecimiento personal para ser líder en el medio donde se desarrolle.

La esencia del verdadero maestro radica en la formación humana que demuestra en todos los actos de su vida. Feliz día del maestro.- Mérida, Yucatán.

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*) Coordinadora de Infolaicos




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