Deterioro de nuestra sociedad

Maltrato Animal

Por Miguel Carbajal Rodríguez (*)

Como género humano hemos tardado en aprender, aun no lo hacemos, a respetarnos entre nosotros mismos. Esto se puede ver en la lucha de las recientes décadas por los derechos humanos (DH). No es hasta mediados del siglo pasado en que al menos en papel se reconocen cuáles deben de ser los DH fundamentales para toda la humanidad. Sin embargo, hoy podemos atestiguar una gran cantidad de atropellos hacia los mismos en diferentes grupos señalados y estigmatizados por su color, raza, género, condición física, estatus social y económico, y religión, entre otros.

Han sido generalmente estos grupos marginados y abusados quienes han levantado la voz y se han manifestado para exigir el respeto a sus propios derechos. En el caso de grupos minoritarios o sin voz, han sido las ONG´s u otros sectores de la población quienes han salido a la defensa y reconocimiento de sus derechos. Así la historia y así la situación de un mundo donde en muchísimas partes y de muchísimas maneras se siguen violentando los DH.

Desde un tiempo relativamente corto, diferentes agrupaciones de corte humanitario y hasta académico han puesto en la mesa el tema de la violencia de seres no humanos, refiriéndose al maltrato que sufren diversos animales en escenarios como los circos, las corridas de toros, los torneos de lazo en el interior de nuestro Estado, la cacería deportiva y los sistemas masivos de producción animal por citar algunos ejemplos.

La ciencia aporta evidencia contundente del dolor que pueden padecer diversas especies e incluso se ha llegado a comprobar la existencia de emociones en diversos mamíferos. Como resultado se han abierto debates muy interesantes sobre la existencia o no de los derechos de los animales que han incluso culminado en el establecimiento de leyes de protección animal en algunos países. El debate es interesante y polémico. ¿Deben ser los animales entidades morales sujetos a derechos?

Independientemente de que si sean o no sujetos a derecho, el maltrato animal y principalmente el referido al entretenimiento debe de cesar, entre otras cosas porque lacera nuestra convivencia social y nos aleja de un respeto hacia la naturaleza. La mayoría de las personas se consterna de la violencia que se vive en lo familiar, en lo social y hasta entre países. Una leída a cualquier rotativo para ilustrar la manera en que la violencia se manifiesta de manera cada vez más grotesca. Sin embargo, poco se hace para resolver las diversas causas y orígenes que puede tener esta violencia, que refleja en gran parte una desensibilización de unos por el dolor y sufrimiento de otros.

La violencia ejercida sobre otro ser vivo para fines de goce o entretenimiento tiene un nombre y se llama sadismo, un sadismo que se nutre del dolor padecido por otros seres vivos y que generalmente encuentra un gran aporte del dolor de los animales. El apoyar y fomentar prácticas de esta naturaleza, en donde a los animales se les someta a dolor innecesario y a un maltrato con consecuencias a su integridad que de forma natural no tendrían, muestra el egocentrismo humano y nos aleja de virtudes como la bondad y la compasión que tanta falta hacen en este mundo.

En ocasiones, y bajo el argumento de tradición cultural, se defienden y fomentan ciertas prácticas, como los torneos de lazo que tienen altísimas muestra de violencia. Es preocupante ver familias enteras expuestas a este espectáculo, donde el climax llega cuando un caballo es alcanzado por la cornamenta de un toro abriéndole el abdomen. El sentir placer y excitación ante un espectáculo tal, alimenta y contribuye a un proceso de desensibilización de las personas en un mundo en donde lo que más necesitamos es crear redes sociales que nacen de tener la capacidad suficiente de reconocer la necesidad del otro para entablar puentes de empatía y solidaridad.

Acostumbrarnos como sociedad a martirizar a animales para nuestro goce, a sentirnos todopoderosos para disponer de la vida como trofeo, puede tener un efecto negativo a largo plazo con consecuencias sociales severas en términos de violencia. Además de ser la única especie racional, insisto en que la piedad, la compasión, la empatía por otro ser vivo son características cualitativas que nos definen como especie y que son necesarias para poder vivir en comunidad, y que se desdibujan del ser humano cuando se acostumbra a ejercer y ver el dolor como fuente de entretenimiento y placer.

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*) Director de la Escuela de Recursos Naturales de la Universidad Marista de Mérida. Maestro en Bioética y Derecho y en Educación

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