Desde mi periscopio

Desde mi periscopio

Nuevo ecumenismo que despunta

Por: Enrique de Jesús Trava Díaz (*)

Conmovedoras son en verdad las imágenes de los diferentes actos cargados de simbolismo durante la visita del papa Francisco a Tierra Santa. Particularmente emotiva es la escena del llamado “abrazo de las tres religiones” entre el líder musulmán Ombar Abboud, el rabino judío Abraham Skorka y el papa del barrio de flores, cuya mirada al borde de las lágrimas lo dice todo.

Asimismo, las miradas de los líderes de las otras dos religiones abrahámicas y del judío ortodoxo que atestigua la escena no son menos entrañables, toda vez que parecieran converger en un punto que de ninguna manera se encuentra ubicado en el estrecho mundo tridimensional que cada vez nos encierra menos. Creemos que este sentimiento fraterno debiera extenderse a la humanidad entera.

Y no es difícil para nadie imaginar la manera como la energía proveniente de la devoción profunda de judíos y cristianos converge y se potencia de manera exponencial, ante el sencillo acto de Francisco de depositar en las oquedades del muro de los lamentos, un sencillo Padre, nuestro escrito en un simple papel, en una instantánea que corta el aliento por su calidad estética y extraña belleza. Un rabino atestigua con serenidad la escena.

Y qué decir de los rostros de profundísima introspección, de absoluto recogimiento y respeto de los testigos de diferentes religiones que se encontraban en la estancia, al presenciar los besos depositados del jerarca católico y del patriarca Bartolomé sobre la piedra en que, según la tradición, se depositó el cuerpo del dulce nazareno después de su resurrección. Y lo mismo sucede en la residencia oficial cuando el Papa moderno y el presidente Israelí Shimon Perez plantaran un olivo conmemorativo.

Y a propósito de imágenes bellas, me hubiera encantado, aquí desde mi periscopio, poder observar a los diferentes jerarcas orando junto con Francisco a orillas del río Jordán, en otra fotografía de extraordinaria serenidad.

Y es que un gnosticismo universal despunta. Un conocimiento intuitivo y particular, que al mismo tiempo es colectivo y que tiene que ver con el despertar de la chispa Divina en los corazones de mucha gente.

Nos ha quedado claro que las distintas sendas místicas y las religiones todas son bellos jirones de una luz única y superior que al propagarse como fuego de velas encendidas de amor entre los hombres insuflarán su luz del uno al otro, terminando por iluminar el mundo entero.

Quién pudiera proponer a los líderes de los pueblos una humanidad complementaria, antes que aislacionista. Una comprensión y aceptación del concepto de que cada pueblo tiene cualidades intrínsecas y atávicas que los demás no poseen, y que la suma de estas capacidades es precisamente la que va a crear un mundo mejor para nosotros y para las generaciones del futuro.

Esperanza

Es por lo anteriormente expuesto que las escenas mencionadas en Tierra Santa nos han conmovido, haciéndonos abrigar una esperanza de poder aglutinar las cumbres de las diversas espiritualidades del orbe en un solo sentimiento progresista y de vanguardia.

Ahí queda, pues, la enseñanza que nos deja la reciente gira histórica que el papa Francisco ha realizado en compañía de representantes de las comunidades judía y musulmana por Jordania, Palestina e Israel. Y no nos extrañe que las vibraciones que recibimos desde allende el velo desemboquen en fechas no muy lejanas en la reconciliación de nuestros hermanos en el medio oriente.

Vaya pues un humilde reconocimiento a los protagonistas del llamado “abrazo de las religiones” y un saludo optimista a este nuevo día que despunta.- Mérida, Yucatán.

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*) Escritor




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