Debemos protegernos unos a otros

Sentido común

Cholyn Garza (*) 

 

La delincuencia ha ido posicionándose peligrosamente y, por ende, los actos delictivos que se cometen actualmente no sólo se han incrementado, sino que las señales que se están enviando, tanto a ciudadanos como a autoridades, son realmente preocupantes.

Al delincuente ya no le preocupa lo que crean o piensen los ciudadanos. Tampoco lo que diga la autoridad. Hace tiempo que quienes se han convertido en verdugos de la sociedad dejaron de sentir respeto hacia nosotros, los ciudadanos. ¿Por qué? Seguramente porque nunca recibieron un castigo ejemplar a sus fechorías. No hacía falta más que aplicar la ley. Lamentablemente esto no ha sucedido y es por eso que ni respeto ni temor hay en quienes transgreden la ley.

A los ciudadanos nos dejaron desprotegidos. Llegó el momento en que ya nadie cree en la eficacia de quienes deben poner orden en el sistema de justicia. Y créanme, no es gratis la falta de credibilidad hacia autoridades como tampoco lo es la mala voluntad hacia policías o jefes policíacos. No, de ninguna manera, ese “divorcio” entre autoridades y sociedad se produjo ante la pésima respuesta de quienes debieron haber sido nuestros protectores, nuestros aliados en cuanto a seguridad se refiere.

Sin embargo, al modificarse las leyes -inexplicablemente- los cambios se fueron haciendo para proteger a quienes actuaban y actuarían a futuro como agresores de los ciudadanos. Sí, el ciudadano que trabaja honestamente para construir su patrimonio, el que ahorra en lugar de irse de parranda, el previsor que piensa a futuro en alguna contingencia familiar.

En fin, cada quien tiene sus propias necesidades.

No pocos delincuentes -se deduce de su historial delictivo- empezaron su carrera dañina a muy corta edad. ¿Por qué? Por un lado se encuentra la mala dirección en el hogar; la falta de atención de los padres que no supieron a tiempo educar a sus hijos, la permisividad, el consentimiento al desorden, el consecuentar todo lo que hacían los hijos sin detenerse a reflexionar en el daño que se les estaba ocasionando.

Por otra parte, la sobreprotección de las leyes a los menores de edad y la pésima interpretación de ellas.

“No toques al alumno porque tiene derechos”; sí, pero está faltando el respeto al maestro o a sus compañeros. “No le digas nada al niño porque va a sufrir traumas”. ¡Por favor! ¿Cuándo corregir fue ocasionar daño de cualquier índole a las personas? Si eso hubiera sido, muchos de nosotros estaríamos más que traumados.

En cuanto a leyes que protegen al delincuente, tenemos la de la “flagrancia”, que equivale a pescarlo con las manos en la masa o en lo robado, si no, pues no hay castigo. ¡Qué aberración! Se han encontrado ladrones de todas las edades vendiendo, empeñando o bien portando los objetos robados y no se les pueden levantar cargos porque un abogado de oficio, a los que tiene derecho el delincuente y al que pagamos nosotros los ciudadanos, lo defiende y alega inocencia porque no hubo flagrancia.

¡Wow! ¿Y los ciudadanos? Bien gracias. ¿Para qué denunciar? ¿Para qué tomarnos la molestia de acudir a un tribunal si de antemano sabemos que las leyes no están hechas para protegernos, al menos no al honesto, no al trabajador, no al que ha sufrido en carne propia los abusos de la delincuencia sino la falta de atención de autoridades que, o dan largas al asunto y nos traen vuelta y vuelta, o simple y sencillamente le dan “carpetazo” al asunto. ¿En quién se puede confiar? ¿Quién estará dispuesto a ayudarnos?

Considero algo muy importante: nuestros vecinos, nuestros amigos y conocidos. Tenemos que ayudarnos unos a otros porque ayuda significa protegernos de alguna manera. Acudir unos en auxilio de quien o quienes está siendo víctima de la delincuencia porque a fin de cuentas todos estamos expuestos a caer en esa red perversa de individuos sin escrúpulos, que si continúan su carrera vertiginosa dentro de la criminalidad es porque se sienten muy bien protegidos por las leyes y las autoridades.Un reclamo directo sin duda es a los legisladores, a aquellos que en su momento idearon leyes absurdas de protección al delincuente -por aquello de que también tiene “derechos”- pero también a los diputados que no se han atrevido a corregir los errores cometidos por sus antecesores.

La criminalidad se ha incrementado de manera peligrosa ¿Qué esperan para actuar? El peligro acecha día a día y a cualquier hora. ¿Acaso es creíble que una casa se vacíe totalmente, se lleven hasta los muebles de baño, cocina, puertas y demás, y nadie se dé cuenta?

Si la sociedad como tal no se une para apoyarse y defenderse ¿Qué va a suceder? Hay que apoyarnos unos a otros y exigir que quienes están ocupando cargos en los congresos cumplan con su deber. Que desquiten lo que se adjudican en sueldos y, si no pueden, tanto diputados como funcionarios, tan sencillo es que renuncien.

Urge una revisión de las leyes, buscar la forma de proteger a los ciudadanos honestos y decentes, y combatir a la delincuencia sin contemplaciones.- Piedras Negras, Coahuila.

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*) Periodista



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