De utopía social a sueño capitalista

De utopía social a sueño capitalista

Por Héctor S. Durán Castillo

Hay muchos episodios en la historia de Mérida que han quedado inscritos en la memoria de sus habitantes. Mucho se recuerda y difunde acerca de las gestas fundacionales o la gloria porfirista, por ejemplo. Cada uno de estos períodos representó un cambio social que, claro está, vino acompañado de su manifestación arquitectónica y urbana.

Sin embargo, hay episodios de nuestra ciudad que son igual de importantes pero no son plenamente apreciados, tal vez por su cercanía en el tiempo o su corta duración. Nuestra historia moderna, que abarca lo acontecido a partir de mediados del siglo pasado, con frecuencia es menospreciada.

Uno de estos momentos históricos incomprendidos tiene como protagonista a Cordemex, la megafábrica que comenzó a funcionar en 1969 y que en estos días, casi medio siglo después, con la desaparición de sus naves principales, completa el círculo de su agitada vida.

Mérida ha cambiado radicalmente en los últimos 45 años, en su número poblacional, en su extensión, en su economía. y la zona de Cordemex ha sido testigo y partícipe (¿víctima tal vez?) de esos cambios sociales que han transformado incluso la identidad y el carácter mismo del asentamiento.

Y al cerrarse el último capítulo de su historia, vale la pena destacar por qué Cordemex es relevante para la memoria de la ciudad. En mi opinión hay varios motivos.

Aunque no conozcamos su origen a detalle, por su escala y ubicación las naves industriales siempre han llamado nuestra atención.

Desde su fundación en 1969 en el Km 7 de la carretera Mérida-Progreso como una gran empresa paraestatal, Cordemex se convirtió en uno de los íconos de la ciudad. Incluso apagado su esplendor, esos colosos detenidos a la orilla de la carretera, estáticos como ruinas, como monumentos vencidos por la hierba crecida, causaban admiración de quienes pasaban a su lado sin imaginar que adentro aún latía cierta actividad.

Ya fuera en tren -abriéndose paso entre kilómetros de henequenales-, luego en autobús -en la aún existente ruta Tapetes- y en los últimos años en auto, varias generaciones de meridanos inevitablemente han transitado a su lado.

Su separación de la ciudad convirtió al complejo en un lugar especial, un hito en el camino al puerto del cual todos guardamos una imagen en la memoria, tanto de las fábricas como de las particulares estructuras -cráteres, puentes, pirámides- que se asomaban enfrente.

Durante su período de auge, que duró aproximadamente 10 años, Cordemex conformó el complejo más grande y moderno de América para la industrialización de la fibra de henequén y causó un gran impacto en la vida social y económica de la entidad -que aun hoy busca sin hallar un nuevo soporte para su economía-, y en forma directa en las vidas de sus empleados y sus familias, que recuerdan esos tiempos con nostalgia y sentimiento de pérdida.

Otro de los motivos de su importancia, que no ha sido debidamente valorado, es que representó un modelo sin precedente de proyecto urbano y arquitectónico en Yucatán, ya que detrás de esa imponente maquinaria económica existió y existe todavía una importante comunidad que significó el soporte invisible de la gran industria cordelera. Los trabajadores formaron al otro lado de la calle una sociedad única en su tipo en Yucatán.

Durante la construcción de sus naves industriales, Cordemex mandó levantar un conjunto habitacional para que los cordeleros pudieran estar cerca de su lugar de trabajo. La Unidad Habitacional Revolución estuvo conformada inicialmente por 710 viviendas ubicadas alrededor de un núcleo con instalaciones deportivas, culturales y recreativas. El conjunto habitacional, por lo menos durante una década, funcionó como una ciudad satélite, al margen del radio de influencia de Mérida, la ciudad central (continuará).- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro en Arquitectura, profesor de la Universidad Marista




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