De política y otras cosas

Catón

Mis arduos estudios de la historia del mundo y de Saltillo me han llevado a una conclusión interesante: las izquierdas terminan siempre por tener razón. Sus utopías de hoy son las realidades de mañana; sus actuales locos y perseguidos son los futuros próceres y héroes.

Por eso no critico al diputado del PRD que se encueró en la Cámara: a lo mejor mis nietos verán estatuas suyas en las cuales aparecerá en calzones mostrando en alto la Constitución. La reforma energética ha suscitado la protesta de los nacionalistas. Los estudios que arriba dije, sin embargo, me han llevado a otra interesante conclusión: nacionalismo y racionalismo muy rara vez van juntos.

El racionalismo -su nombre lo señala- tiene su fundamento en la razón; el nacionalismo se basa en dogmas, mitos y proclamas. El paso del tiempo mostrará si la reforma energética fue un robo a la nación o un valeroso acto para impulsar su desarrollo. Lo que podemos decir ahora es que esa reforma no provocó un levantamiento popular, y ni siquiera manifestaciones multitudinarias. Se dirá que eso es por causa del suceso lamentable que en un crucial momento sacó de la escena pública a López Obrador. Yo me temo que más bien se debe a la indiferencia de los mexicanos por los asuntos que tienen qué ver con la política. Un pueblo pobre es un pueblo indiferente; a lo más que acierta es a ir tras un pastor o líder, sin saber siquiera a dónde lo conducirá. Pero, por favor, espérenme un momentito.- Saltillo, Coahuila.

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