De política y cosas peores

Por Catón

No sé si sea deformación profesional -soy abogado, y eso jamás se quita-, pero pienso que muchos de los problemas de México derivan del menosprecio que los mexicanos sentimos por la ley.

Mientras en otros países la ley se aplica con rigor, en el nuestro es letra muerta, o por lo menos desmayada.

Ricos y pobres, débiles y poderosos, se apartan de ella por igual. Eso genera un ámbito de impunidad que a su vez da origen a la inseguridad y el desorden en que vivimos siempre.

La corrupción y la negligencia son habitantes permanentes de muchos recintos judiciales, y menudean los casos en que la justicia se vende a quien la puede comprar.

Las cárceles están llenas de inocentes, o de quienes purgan largas sentencias por delitos menores, en tanto que los delitos de cuello blanco quedan las más de las veces sin castigo, y los culpables campean orondos por sus fueros.

Un país donde la ley no se cumple es un país condenado al atraso. El respeto al orden jurídico es pilar básico de la vida comunitaria.

“Multae hominibus at malitiam viae sunt”, decían los romanos para explicar la necesidad del derecho. Los caminos del hombre hacia la maldad son muchos. Sólo la recta aplicación de la ley puede evitar que los ciudadanos se dañen unos a otros.

Y en México la ley es desvirtuada con frecuencia por el poder político o el económico. En ese aspecto estamos, si me es permitida la expresión, ligeramente jod…- Saltillo, Coahuila.

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