De política y cosas peores

De política y cosas peores

Catón

Andrés Manuel López Obrador me hace recordar a aquellos dos monarcas absolutos de Francia, el que dijo: “El diluvio soy yo”, y el que afirmó: “Después de mí, el Estado”.

(Nota de la Redacción: al parecer nuestro amable colaborador confunde esas dos frases. La primera dice: “El Estado soy yo”, y la pronunció Luis XIV, el mismo que preguntó irritado después de que el ejército francés fue vencido por el duque de Marlborough -el famoso Mambrú que fue a la guerra-: “¿Acaso Dios se ha olvidado de todo lo que he hecho por Él?”. La otra frase: “Después de mí, el diluvio”, se atribuye a Luis XV, a quien muchos tienen por fabricante de salas).

En efecto, AMLO es absolutista, lo cual explica su negativa a unir su Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) con el PRD en el movimiento contra la reforma energética llevada al cabo por Enrique Peña Nieto. Por eso tampoco asistió a la concentración que en el Zócalo presidió Cuauhtémoc Cárdenas.

El tabasqueño jamás se allanará a ser segundo de nadie, y en ese mitin habría ocupado el lugar número dos junto al líder moral de las izquierdas y portador de la herencia de Lázaro Cárdenas. Pero así como digo una cosa digo la otra.

Pienso que AMLO terminará por concentrar en su persona el capital político izquierdista, y que es desde ahora el candidato natural de ese sector a la Presidencia en 2018.

Lo favorece hoy por hoy un elemento psicológico importante: su reciente quebranto de salud, que le atraerá la simpatía de muchos. Lejos de ser un inconveniente, ese factor sentimental es ya un plus. Desde luego no soy dado a hacer profecías (Segunda nota de la Redacción: el último vaticinio que hizo nuestro amable colaborador fue el de la victoria de Napoleón en Waterloo), pero si la elección presidencial fuese hoy, y López Obrador se presentara como candidato, seguramente saldría vencedor, por la palpable irritación que las medidas económicas del actual gobierno han provocado en vastos sectores de la población.

Fíese el PRI, para ganar la próxima elección, en nuestra mala memoria y en la sempiterna división de las izquierdas…- Saltillo, Coahuila.

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