De la visita del presidente Peña Nieto al Vaticano

Rosamaría González Romero (*)

El pasado 8 de junio el presidente Enrique Peña Nieto hizo una visita de Estado al Vaticano, con el objetivo de invitar al Papa a visitar México. Dado que el Vicario de Cristo habrá de participar en otoño 2015 en el Encuentro Mundial de las Familias que se realizará en la ciudad de Filadelfia, Estados Unidos, tanto el Ejecutivo Federal como el Episcopado mexicanos no dejaron pasar, cada uno por su ruta institucional y en sus tiempos, la oportunidad de promover la eventual visita de Francisco a nuestro país. El Papa le dijo a Peña Nieto que sí acepta la invitación. Y aunque la Santa Sede no dio fecha, todo hace pensar que, en efecto, ésta será en los días cercanos al evento católico dedicado a la familia del próximo año.

El encuentro entre los dos jefes de Estado se dio pocos días después de que los obispos de México terminaran la obligada visita ad límina apostolórum que, de acuerdo con el Código de Derecho Canónigo, todo obispo tiene obligación de realizar para “presentar al Romano Pontífice cada cinco años una relación sobre la situación de su diócesis, según el modelo determinado por la Sede Apostólica y en el tiempo establecido por ella”. De esta manera, la relación que los obispos mexicanos presentaron al Papa que contiene sus iniciativas pastorales en relación con los problemas del país permitieron al Pontífice estar muy bien enterado de las realidades nacionales en el momento de encontrarse con el presidente Peña Nieto. Por ello, los breves 25 minutos que duró aproximadamente la entrevista entre ambos mandatarios fueron de fructífero intercambio, más allá de lo protocolario.

Fue importante para los católicos y demás creyentes mexicanos que el Presidente quisiera en su visita “reafirmar que México es un Estado laico, que no significa un Estado antirreligioso, sino todo lo contrario, un Estado en el que se preserva y se respeta la libertad de credo, de culto y que el gobierno está para ser garante de este derecho que consagra nuestra Constitución, con fundamento en los principios constitucionales”. Esto es, que el Estado mexicano establece una relación de respeto con todas las religiones sin que favorezca o prefiera a alguna en particular. Quiere decir, también, que de acuerdo con lo que estipula el Derecho internacional reconoce que la libertad religiosa es un derecho humano, con todo lo que conlleva.

También el presidente Peña Nieto, como él mismo lo expresó a los medios de comunicación, habló con el papa Francisco de temas relativos a la migración, la violencia, el narcotráfico y la pobreza, reconociendo la importante labor de las asociaciones católicas que apoyan especialmente a los migrantes. Finalmente, refirió al Papa de las reformas estructurales que se están realizando en el país.

Al despedirse, el papa Francisco regaló al Presidente mexicano un ejemplar de su exhortación apostólica “Evangelium Gaudii” (El gozo del Evangelio) que promulgó en el mes de octubre de 2013. En ella toca, entre otros temas, el drama de la pobreza, de la migración, la violencia y otros grandes problemas sociales que de manera global azotan por muchas partes del planeta, como sucede en México, especialmente en algunas regiones.

Al dar el Pontífice el documento al presidente Peña Nieto le mostró los capítulos en donde están abordados los asuntos de tipo social que le podrían interesar.

Encuentro fructífero, de cordialidad y de buenas noticias. México ya empieza a prepararse para recibir próximamente al Papa argentino que en tan poco tiempo está moviendo a la Iglesia Católica y a los corazones de tantos seres humanos que lo respetan y admiran. Recemos por él. Eso pide siempre.- Mérida, Yucatán.

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*) Escritora. Integrante de la Academia San Juan Diego




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