Culturas que conviven, valores que se conservan: Mérida y Monterrey

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Es un privilegio ser invitado para participar en esta columna, así como dirigirme a ustedes desde Monterrey. Pretendo en este relato que consideren, en su abanico de opciones, aprovechar oportunidades de estudio y de trabajo para desarrollarse en un estado diferente a Yucatán. Hoy día la disponibilidad de cambiar de residencia es un requisito importante para laborar en una empresa global.

Hace 39 años, en una de las reuniones que solíamos hacer cuatro entrañables amigos después de “las visitas” a las novias, me sorprendió enterarme de que dos de ellos estudiarían fuera de Mérida; yo desconocía inclusive qué carrera tomar. Esa noche no dormí bien; al día siguiente, a primera hora, toqué la puerta del cuarto de mi tío, Monseñor Álvaro García, quien ha sido mi tutor toda la vida, para que me ayudara. En dos patadas realizó los arreglos necesarios para que me aplicaran unas pruebas psicométricas en el Roger’s Hall y el resultado fue que mi perfil apuntaba a la Ingeniería Industrial y de Sistemas. Por su prestigio en esta modalidad, seleccionamos al Tecnológico de Monterrey. Ahí comienza esta aventura.

A los 17 años ingresé al internado del Tec; conseguí una beca-préstamo que cubría el 90% de la colegiatura; un año más tarde obtuve otra beca de manutención que otorgaba la Pepsi-Cola de Mérida al mejor estudiante. La experiencia de vivir solo un año en el Tec y el resto en departamentos alrededor de éste me marcaron para toda la vida, definitivamente me hicieron madurar mucho. Convivir con estudiantes de todos los estados de México y varios países con distintas ideas, en medio de una ciudad con gente con tanto tesón, franqueza y trabajadora, alimentó mi proceso de pensamiento y soñar con alcanzar altas metas.

La vida laboral en Monterrey. Al término de la carrera el profesor de Sistemas de Administración y Control me invitó a colaborar con él en Grupo Cydsa, ofrecimiento que no pude rechazar: un sueldo bastante atractivo y un puesto retador, analista de nuevos proyectos de inversión; era la época del “boom” de las adquisiciones de varios grupos industriales regiomontanos, caracterizados por su empuje y liderazgo en el país.

Al cabo de 18 meses me invitaron a trabajar en la subsidiaria de Caterpillar, líder mundial en la fabricación de equipo pesado, con quien Cydsa formó un “joint-venture”. Durante 10 años estuve ligado a esta experiencia laboral, en la cual disfruté y aprendí muchos procedimientos y políticas de trabajo de clase mundial. Después de esa etapa tuve la satisfacción de ocupar la vicepresidencia ejecutiva en Laboratorios Griffith de México y seguidamente la dirección general en una empresa de Bancomer con capital extranjero, en la ciudad de México.

Nunca condicioné mi desarrollo profesional a que tuviera que darse en Yucatán. La realidad es que he tomado las oportunidades que la vida me ha ido sorteando y he puesto mi mejor esfuerzo en el desempeño de mis tareas y las cosas se han ido dando gracias a Dios. Moverme de residencia cuando existe un verdadero beneficio no ha sido un impedimento en mi trayectoria laboral.

Actualmente estoy de nuevo en Monterrey, en Grupo ABX, conglomerado industrial con cinco unidades de negocio en el ramo del acero, en la que después de 12 años de ocuparme de la Dirección Corporativa y dos años de la Dirección Comercial, llevo a la fecha tres años como director de Recursos Humanos y Tecnología.

En resumen: Es importante tener claro que en Yucatán contamos con la capacidad y competencias necesarias para conseguir el éxito profesional en cualquier ambiente, nacional e internacional.

Otra gran ventaja que esta tierra me ha brindado ha sido la accesibilidad del alto nivel educativo que ofrecen sus reconocidas instituciones. Consciente de la importancia de estar preparado para desempeñar mejor las funciones de los puestos que nos han sido confiados, cursé un MBA y un diplomado en Mercadotecnia en el Tec de Monterrey; posteriormente el Programa de Dirección de Empresas del Ipade y el año pasado dos diplomados en la Universidad de Monterrey, uno de ellos en Gestión Gerencial, que diseñé para desarrollar el talento de mis mandos intermedios.

La vida personal. Después de tres años de graduarme, contraje nupcias con una guapa y lista regiomontana, Ana Marcela Cavazos Hinojosa, quien junto con mis suegros me hicieron sentir el calor familiar que siempre es importante. Dios nos bendijo con 4 hijos: Ana Marcela, Mariana, Alvaro y Francisco.Durante estos años hemos apoyado y fungido como tutores de varios hijos de nuestros amigos y familiares que han venido a estudiar a Monterrey, hoy importantes médicos y empresarios yucatecos; también hemos brindado apoyo para cualquier trámite de negocios. Hasta la fecha, los sábados al mediodía hay en la casa “open house” donde abrimos las puertas a los amigos foráneos o locales y frecuentemente disfrutamos de la tradicional carne asada. Las pláticas y carcajadas son de primer nivel.Otra de las ventajas que ofrece vivir en Monterrey es su cercanía con la frontera, que permite cruzar a los Estados Unidos durante el año. Vivimos muy a gusto a las orillas de la Sierra Madre Oriental, en el municipio de San Pedro Garza García, rodeados de mucha vegetación y áreas de esparcimiento.Monterrey me ha permitido disfrutar de dos de mis pasatiempos favoritos: La música -he podido asistir a 43 y 55 conciertos de artistas de habla hispana e inglesa respectivamente- y el fútbol -me hice fan hace más de 35 años de los Rayados de Monterrey y cada 15 días acudo al estadio a presenciar los partidos en vivo, buen pretexto que me permite convivir con mis hijos varones.Otra de mis actividades fuera del trabajo ha sido el Movimiento de Cursillos de la Cristiandad, al que he estado ligado por 23 años ocupando diversos cargos y asistido a varios retiros católicos, para que líderes de diversas comunidades tengan un encuentro vivo con Dios y una conversión profunda.

Yucateco por siempre. Nunca me he desconectado de mi Yucatán querido, cada año acostumbramos darnos una vuelta; en un inicio en forma alterna pasábamos una Navidad en Mérida y otra en Monterrey; en épocas más recientes procuramos pasar unos días en la “temporada” (verano) para salir cuando menos un día de pesca con mi hermano Rommel y uno de mis hijos. Al final en la marina nos despachamos un fresco ceviche.

Nos sentimos afortunados de tener muchos amigos y también viajamos a Mérida para estar presentes en sus festejos especiales y los de nuestros familiares. Los amigos entrañables que les comenté al inicio hoy son mis compadres del alma y nos visitamos. También procuro hablar frecuentemente con mis hermanos y el tío Álvaro.

Finalmente, les confieso que me siento orgullosamente yucateco, la tonada en la forma de hablar me delata; mi esposa dice que no se me quita porque soy muy terco… Puede que tenga mucha razón. Tengo la costumbre muy arraigada de que todos los días al mediodía, en la tortillera me ponen un chile habanero asado para acompañar mis alimentos.

Hace seis semanas fuimos bendecidos por primera ocasión con la llegada de dos hermosos nietos “cuates” de mi hija Mariana y su esposo Mauricio, se llaman Mauricio y Maximiliano. Mayor felicidad no merecida es imposible.

Les envío un cordial saludo desde aquí, la “Sultana del Norte”.- Monterrey. Nuevo León, abril de 2014.

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*) Ingeniero Industrial y de Sistemas (1978), con maestría en Administración (MBA, 1984), ambas por el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey. Director de Recursos Humanos y Tecnología en Grupo ABX, en Monterrey

»Es importante tener claro que en Yucatán tenemos la capacidad y competencias necesarias para conseguir el éxito profesional




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