Cuando te hundes en la depresión

De Adicto a Adicto

Ernesto Salayandía García

Nadie sabe lo que pesa el muerto, sólo el que lo va cargando. Platiqué ante un grupo de maestros de mis depresiones, de esa época triste, muy triste de mi vida, cuando dejaba en la almohada infinidad de cabellos, y en la coladera de la regadera se me caía de manera impresionante el cabello. Y lo que sucede muchas veces cuando doy un taller, una plática o una conferencia es que algunas personas, alguien, por fortuna no siempre, te interrumpe; como en esa ocasión, cuando una maestra me dijo:

“Esa no es depresión, tú no eres maniaco-depresivo, estás equivocado”.

-Respeto tu opinión -le respondí. No entré al debate, únicamente le pedí la oportunidad de describir mis crisis existenciales y ubicándola, que mi testimonio era parte del taller que estábamos llevando-. Recuerdo que pasaban días enteros y no tenía la fuerza de levantarme de la cama, duraba más de cinco días sin bañarme, desganado, no comía, con el cuerpo adolorido, por supuesto, la autoestima baja, encerrado en mi recámara, hundido en un estado de ánimo fatal, con la loca de la azotea bailando zumba y con mucho ruido de pensamientos, especulando, conmiserándome, justificándome, enojándome con el pasado, resintiéndome con la vida y recurriendo a los antidepresivos.

Celotipia infernal, obsesión que mata. Otra de mis fugas mentales, la gran pérdida de energía, pretexto o no, yo estuve secuestrado por mis celos patológicos, por demás enfermizos, mi mente no tenía paz y mis acciones menos; me obsesioné tanto que le hice mucho daño a mi mujer, a mí mismo. Tuve pérdidas, grandes pérdidas, como mi dignidad, mi autoestima… perdí mi imagen, salud y estabilidad mental, y al final, quedaba yo totalmente deprimido, en la lona. Y he escrito tantos artículos como La Loca de la Azotea, Cuestión de Segundos, El Príncipe que se convirtió en Sapo y muchos más, que están ahí en mis libros, como Secuestrada por un Neurótico, Parejas Disparejas, Ayer y Hoy, La Saliva del Diablo y, finalmente, Celotipia Infernal. Todos ellos salen a la luz pública en junio de este año: nueve libros como un tributo de gratitud a mis primeros 15 años limpio.

Enfermedad maniacodepresiva. Quien padece una enfermedad maniacodepresiva experimenta cambios del humor o de su estado de ánimo mucho más intensos que los que la mayoría de las personas experimentan a lo largo de su vida.

Estos cambios de humor pueden ir desde la tristeza presente en la depresión, hasta la euforia que caracteriza a las fases maníacas.

La mayoría de los pacientes padece ambas fases de la enfermedad, depresión y manía, aunque algunos experimentan únicamente fases maníacas o fases depresivas.

Esta enfermedad también es conocida con un término más técnico como es el de “Trastorno Afectivo Bipolar”. Las dos fases de la enfermedad, los problemas que presenta cada fase, las formas de afrontar la enfermedad y los diversos tratamientos disponibles.

Aunque es una enfermedad grave, con el tratamiento adecuado es posible llevar al cabo una vida en la que esta enfermedad no interfiera demasiado.

Vives secuestrado, en una cárcel emocional, un callejón sin salida, no tienes libertad de nada, ni de pensamiento, ni de acción, sufres, te abandonas a ti mismo, te hundes en ese cuadro mediocre y no hay medicamento ni droga que te ponga bien; por el contrario, entre más te metes, más te complicas la vida y sé perfectamente que soy un enfermo mental, emocional y espiritual, que sólo por la gracia de Dios estoy en recuperación y mi problema no son las sustancias.

Indicios y síntomas. Las personas que padecen del trastorno maniacodepresivo probablemente exhibirán uno o más de los siguientes comportamientos durante la fase de manía: euforia excesiva o estado de ánimo expansivo, irritabilidad y cólera, inconsistente con la situación, hiperactividad, ideas grandiosas o delirios; optimismo extremo, falta de buen juicio, grupos de ideas y pensamientos acelerados, conversaciones apuradas con cambios bruscos de temas y pensamientos desorganizados. Menor necesidad de dormir, ira repentina, irritabilidad o paranoia.

La fase depresiva tiene los mismos síntomas de la depresión grave o “unipolar”: sentimientos de falta de valor, falta de esperanzas, de impotencia, indiferencia total o culpa extrema, tristeza prolongada, llanto incontrolable, irritabilidad, retracción de actividades o relaciones de las que disfrutaron en otros tiempos. Incapacidad para concentrarse o recordar detalles, falta de apetito o aumento en el apetito, fatiga constante, insomnio, problemas físicos que no tienen otra explicación, pensamientos sobre la muerte o intentos de suicidio.

Cualquiera que quiera, ahí no se queda. Sí hay solución, no es necesario establecer una farmacodependencia, que también es una adicción más clara.

Como siempre, a tus órdenes. Una sonrisa por dentro y otra por fuera. Gracias por leerme y más por escribir a [email protected] Sigue la huella por http://www.canal28.tv/ los miércoles a las 14:30 horas tiempo de Chihuahua, Chihuahua, México; jueves y sábados a las 11 de la mañana. En Chihuahua, canal 170 de Cablemas.

[email protected]

@teo_luna

—–

*) Periodista




Volver arriba