Cosecha colectiva:

Mala reputación

Por: Federico Reyes Heroles (*)

El negocio ha sido muy lucrativo para las partes. Llevamos ya muchos años en él. Es de los pocos trabajos colectivos en el cual los mexicanos hemos actuado al unísono, coordinados. Sin distingo de partidos, ni divisiones ideológicas, todos actuando por un fin común. Podría servir de ejemplo para muchas otras actividades. Por fin llegó la hora de cosechar. ¡Lo logramos! De 200 países México ocupa el lugar número 192, sólo nos superan Libia, Irán, Pakistán, Somalia, Yemen, Iraq, Afganistán y Siria. Con la misma tenacidad en poco tiempo podríamos rebasarlos. Es cuestión de ser constantes y lo estamos siendo. Pero la verdad no sé si el cetro merezca tanto esfuerzo, hay otros mejores. Pero como en todo lo demás cada quien cuida sólo su parcela, será difícil perder.

Hemos superado a Ucrania que ha tenido algunos problemas, a la multibombardeada belleza de Líbano, a Bosnia-Herzegovina con algunos problemas de convivencia, a Nigeria a pesar de sus tropiezos con el islamismo radical, a Gambia que logró su independencia apenas en 1965, a Belice que la alcanzó en 1981, a la preciosa Myanmar, con un Índice de Desarrollo Humano de menos de 0.5 cuando México se acerca al 0.8. Ha sido una labor titánica superar a Tanzania, a Gabón, a Senegal con un PIB per cápita de alrededor de 900 dólares al año, a México se le reconocen más de 11,000. Orgullo nos debe generar situarnos por arriba de Namibia o de Zambia que tiene al 86% de sus moradores por debajo de la línea de pobreza.

El único problema es que ese lugar puntero, 192 de 200, sea en mala repu- tación. El índice de la marca país (Nation Brand Perceptions Indexes) nos otorga tan respetable sitio. Un centro de cómputo rastrea millones de menciones que miles de publicaciones realizan todos los días sobre los diferentes países. Después se realiza una ponderación sobre el perfil positivo o negativo del material y se establece en un rango del 0 al 100. Bastante sencillo. Después de años de esfuerzo colectivo somos difíciles de superar. Se podría decir que los sucesos de Michoacán o Tamaulipas son la explicación. Me temo que el asunto va más atrás.

La alternancia en 2000 estuvo basada en una campaña muy eficaz de desprestigio del PRI y, de pasada, de México. Setenta años de corrupción, mal gobierno, represión, obscuridad. El cambio liberaría a México de la opresión y el sojuzgamiento. Por supuesto que había cierto contenido de realidad en la campaña, pero también mucho de caricatura. La fórmula funcionó en las urnas pero dañó severamente a México. La ansiedad invadió al país, casi 100 millones de mexicanos vivíamos en el horror, en la inopia, éramos idiotas en el sentido aristotélico. La caricatura se instaló no sólo en la mente de decenas de millones de mexicanos que no tuvieron asideros para otra explicación un poco más ponderada, sino en el mundo. La alternancia no subsanó el daño.

Ya en el poder el discurso oficial machacó durante seis años la misma verdad, invadió los diarios, las estaciones de radio y la televisión. Fueron seis años de bombardeo no sólo al interior, sino también en el mundo, el cual tomó el relevo de mando de 2000 casi como una leve esperanza para un caso perdido. En 2006 se ratificó la estrategia, ahora por la izquierda que se encargó de denigrar a la mancuerna PRI-PAN como la misma porquería. O sea que no habíamos salido de la oscuridad. Pero entonces quién construyó la infraestructura nacional, las carreteras, las escuelas, las universidades, los hospitales, los institutos reconocidos internacionalmente, los aeropuertos y puertos, cómo se edificó la industria petrolera, quién electrificó a México. Por lo visto la oscuridad no era total, por lo menos en términos de electricidad pues el 98% de los hogares cuentan con ese servicio. De nuevo nuestra democracia y nuestro pasado se convirtieron en carroña. El daño se agravó.

Esa campaña dio nuevos bríos al descrédito nacional, cierto ánimo vengativo se acentuó en el gobierno, ya no sólo estaba en la oposición de izquierda. Además, como Calderón llegaba con un déficit de legitimidad, la gestión tuvo la genial idea de hacer de la violencia su principal bandera. Así logramos una hazaña, que la percepción sobre la violencia en México superara por mucho a la realidad. En descargo de esa administración hay que recordar la campaña de narcoterrorismo que vivimos. Hablar del combate a la violencia tuvo un sesgo de negocio político. Así llegamos a los montajes que tan caros le salieron a México. Ahora le toca a Peña recuperar la reputación mexicana ante el mundo. El reto es enorme, la inercia es muy poderosa y, por si fuera poco, la violencia vuelve a ocupar un gran espacio en los medios.

El pronóstico de crecimiento fue de nuevo ajustado a la baja. Pero cómo, si el presidente reformador pasó lo inimaginable por el Congreso. Un economista, hoy en desuso, decía que la economía pura no existe, es economía política. Se llamó Carlos Marx. Hoy cosechamos esa irresponsabilidad colectiva.- México, D.F.

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*) Académico y analista político




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