Cosas del mayab

Por: Miguel Ángel Orilla (*)

“Historias que vivimos juntos”

A mi amigo el “Diario de Yucatán” todas las mañanas lo espero: con la luz del alba llega a las puertas de mi hogar; enseguida lo leo para enterarme de las noticias del día; no está de más decir que durante cinco décadas lo he leído en compañía de mi familia. De esta manera inicio el día para después realizar mis actividades habituales.

Con motivo de celebrar 89 años de existencia de este medio de comunicación me parece interesante compartir con nuestros lectores una de las “Historias que vivimos juntos”, como bien reza su lema de aniversario.

Desde los 10 años me inicié como lector del Diario, gracias al ejemplo cotidiano de mi papá Catalino, quien me relató que en los tiempos de la persecución religiosa mi difunto abuelo Crescencio, por las tardes, con el pretexto de comprar su botella de gas morado para su quinqué de viento, iba a la tienda “El Tigre” del rico del pueblo, Don Petronilo, quien regularmente viajaba a Mérida donde adquiría su periódico y después de leerlo lo comentaba entre los lugareños, porque muchos no sabían leer ni escribir.

A mediados del siglo XX, Ixil, bendita tierra de las cebollitas, estaba muy alejado del progreso en todos los aspectos. El “Diario” se vendía en la tienda “La Alicia” de don Arturo Ramírez, pero al fallecer éste nos quedamos sin información.

A raíz de esta situación, tome la estafeta del señor Ramírez y muy joven -y buen mozo como decía mamá- me convertí en agente y corresponsal del “Diario” en esta localidad.

Siguieron tiempos de estudios; después mi matrimonio con Candy. Cuando nacen mis ocho hijos, crecen junto con el “Diario”, porque se disputaban los “chistes” y la sección deportiva, y también fueron voceadores. Aún me parece verlos montados en su bicicleta repartiendo la publicación por las empedradas calles del pueblo; hoy que, con la ayuda de Dios, todos son profesionales, estas vivencias constituyen un grato recuerdo familiar.

En 1980, a golpe de letras, el “Diario” me hizo el honor de abrirme su Página Editorial como colaborador.

Después de un receso de un lustro, retomo la pluma con nuevos bríos, alentado por las voces de aquel nutrido grupo de chavales.

El que escribe posee una modesta hemeroteca de miles de recortes periodísticos de interés general, artícu- los, fotos, mapas, notas relacionadas con el solar nativo, etcétera. Tengo el temor de que cuando definitivamente haya dejado de teclear mi vieja máquina de escribir, algún despistado diga: “Pobre papá, mira cuánta basura acumuló durante su vida”, y poniendo manos a la obra -emulando a Fray Diego de Landa- prenda fuego a todos mis “tesoros”.

Ya para finalizar esta relación evocadora no podría dejar de mencionar a escritores que en distintas épocas han desfilado en páginas del “Diario”, como son: José Esquivel Pren, Lorenzo González, Fernando Espejo, Hugo Sol, Carlos Castillo Peraza, Jim Bishop, Margarita Viana Rivero, Jorge Álvarez Rendón, Gabriel Paz, Armando Fuentes Aguirre, Felipe Escalante Ruz, Germán Arciniegas, Juan Francisco Peón, Eduardo Huchim y Manuel Triay Peniche; por supuesto, ni son todos los que están ni están todos los que son.

Que el Creador Supremo conceda larga vida a quienes con su esfuerzo, dedicación y desvelos ponen su granito de arena para hacer posible que el “Diario de Yucatán” sea uno de los mejores periódicos de México.- Ixil, Yucatán.

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*) escritor




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