Cosas cotidianas

Cosas cotidianas

La dramática debacle

Javier Caballero Lendínez

Hoy no son los castillos, las historias de reyes, condes, duques y marqueses, algunas plazas atolondradas y otras majestuosas de Castilla; hoy no hablamos del arte culinario, ni de las hojas de Toledo escondidas bajo tierra ni de las tumbas de los héroes de nuestra propia Reconquista, que comenzó con don Pelayo allá por el norte y en tiempos inmemoriales. Hoy ya nadie se acuerda de la historia, de la sangre mestiza que nos corre por las venas, de nuestra grandeza y miseria pasadas, de las alboradas que corren despavoridas por los montes granadinos repletos de mística nazarí, del Madrid del Escorial, la Puerta de Alcalá o incluso el peliculero edificio de Schweppes (Carrión), en la estratégica plaza castiza de Callao. Hoy queda atrás la grandeza de unas olimpiadas perfectas en Barcelona, el hito de tener los olivares con la mayor producción de aceite y aceitunas del mundo. Hoy no queda nada de eso…

España ha cambiado. En los últimos ocho años, tiempo que llevo residiendo en México, España ha pasado de ser un pobre venido a rico a un rico venido a pobre. De la noche a la mañana. Sin miramientos. Sin pausas. Sin fin.

Colapsado por la corrupción latente que cada vez más sale a relucir ante la mirada atónita, rencorosa, vengativa, de miles de españoles desahuciados y sin trabajo, destrozado por las obras negras que a bombo y platillos aprobaron a mansalva ayuntamientos ineptos, consejeros poco visionarios -y #políticosladrones vestidos de corderos sin darse cuenta de la burbuja inmobiliaria que ya soltaba aire por uno de sus costados-, España sigue agrietando su endeble estructura financiera y, lo peor, social.

La debacle dramática de mi país se observa desde fuera y se siente desde dentro. Es muy probable que así opine el 26.3% más de españoles que dejó el país en 2013 en busca de nuevas oportunidades en el extranjero respecto al año anterior. También es probable que eso opinen los más de 400,000 españoles que han dejado el país entre 2008 y 2013 o el millón 600,000 (incluidos estos 400,000) que ven los toros desde la barrera, dispersos en un planeta con menos fronteras. A esto se une la reducción de entradas desde el extranjero porque mi país ya no es lo que tantos inmigrantes soñaban. España, en lugar de crecer, ha bajado su población y no precisa y únicamente por el envejecimiento de la misma.

A esta triste situación se unen los desahucios. La palabra, de por sí una de las menos estéticas del diccionario, según mi punto de vista, abraza la fría cifra de 115 diarios sólo en 2012 o, lo que es lo mismo, uno cada 15 minutos. Un dato curioso: tres de cada 10 desahuciados son extranjeros. Si estas cifras son duras, más lo son éstas, además de irónicas: sólo en Andalucía el número de viviendas vacías oscila entre los 700,000 y el millón. En otras comunidades autónomas como Madrid, Valencia o Castilla León baja a 200,000, pero sigue manteniendo los 6 dígitos.

Acabo de regresar de España y a pesar de todo veo una ligerísima mejoría, tan ligera que es casi imperceptible. Sigo viendo carteles de “Se renta” y “Se vende” en las calles más “chic” de las principales ciudades, aquellas en las que antes lucían todo tipo de marcas con el símbolo del euro por las nubes. Sigo viendo españoles pidiendo limosna en las calles y amigos que a pesar de su capacidad, potencial e inteligencia no encuentran un trabajo. Vi todo eso durante los 14 días que pasé en mi tierra, pero también vi los bares llenos de gente riendo, compartiendo con familia y amigos los momentos difíciles. Vi que los problemas son menos problemas si los compartes, que sigue habiendo calor en las casas, en las alamedas y que el español de a pie confía en que poco a poco se superará esto, poco a poco… muy poco a poco.

Réquiem

Yo no vine huyendo de la crisis porque cuando decidí venir España vivía en la opulencia. No vine por no tener trabajo ni por falta de oportunidades en mi país. No vine por aventurero ni para cambiar de aires así sin más. Vine a conocer México tres meses y regresar. Pero nunca hice lo segundo. Si hoy viviera en España una situación difícil no me lo pensaría dos veces. Probablemente sería el millón 600,001 que se va en busca de otro futuro.- Mérida, Yucatán.

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@erjavievie

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*) Periodista




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