Contra el analfabetismo político

La oposición responsable

Antonio Plascencia Gómez (*)

Lo que ha sucedido en estas últimas semanas en ambas cámaras es digno de fotografiarse, enmarcarse y venerarse. Una mayoría aprobó reformas constitucionales que -sentencian- beneficiarán al país en un plazo de cinco años.

Una minoría se opuso y -con legalidad- se manifiesta, según lo que ella cree es “lo mejor” para el país. Periódicos, semanarios, revistas, no hubo en general ningún medio de difusión que no hubiera tocado el tema; nadie escapa de tener una simpatía política (y qué bueno) y en ese sentido las publicaciones fueron realizadas algunas a favor, aplaudiendo y vanagloriando las acciones, otras en contra, llamando incluso delincuentes y “vendepatrias” a los que aprobaron especialmente la reforma energética.

Pero en una república las mayorías ganan y las minorías pierden. Esta minoría nuestra que es reacia, necia y en ocasiones ofensiva (léase Fernández Noroña y Martí Batres), y que no ha aprendido a aceptar derrotas legislativas prácticamente desde 1997. Nadie le ha dicho que no tiene la patente de la verdad ni defiende a todo lo que usualmente llama “pueblo”, para referirse a los ciudadanos comunes.

Se da por sentado que ahora se confía en el IFE porque todos los partidos políticos tienen a un representante sentado en el Consejo General y reciben dinero público hasta para hacer campaña.

Los legisladores cobran un sueldo bastante tranquilizador para la realización de sus arduas y extensas tareas; los diputados del PRD no tenían por qué levantarse de la mesa de negociaciones ni retirarse del pacto por México.

Fueron votados por ciudadanos que exigían (espero) su voto o lucha, pero dentro de las cámaras legislativas. No se cabildea a golpes ni desnudándose, no son las personalidades energúmenas las más adecuadas para dialogar o cabildear en una mesa sobre pros y contras de una reforma constitucional.

Lo que debería hacer esta minoría -a la que me resisto a llamarle “izquierda” por razones históricas- es ir a sus distritos y convencer (y apuesto que no desnudándose o a gritos) a los electores de votar a su favor y por varios periodos, ya que así se podrá hacer por una de esas reformas aprobadas la política, aunque mocha. Debe el PRD preguntarse por qué no supera la barrera del 5% en el estado de Yucatán; con buenas ideas y defensores de los derechos de las minorías étnicas y sociales se esperaría que tuvieran más simpatizantes y votos, pero no ha sido así.

Los ciudadanos vemos con atención cómo los años cambian las ideas de los legisladores: en 2008, Manlio Fabio Beltrones se opuso, con palabras domingueras y gallardas, a la reforma energética porque era darle un espaldarazo al gobierno de Felipe Calderón; en diciembre de 2013, su voto fue a favor y sabemos qué partido gobierna a México. Si alguien salió ganando con estas reformas han sido unos partidos de oposición responsables y por ende los ciudadanos. Debemos estar atentos a quién votamos y conocer hasta el hartazgo el sentido del voto que hará la o el diputado o senador que llevemos al Poder Legislativo.

Para ello se requiere educación y erradicar la peor epidemia que ha tenido México desde la conquista: el analfabetismo político.

Quien no conoce la política, no vota y opina únicamente en cantinas que no espere nada del cielo. Primero educar, luego opinar, exigir, votar y después fiscalizar cada acción y paso que den los empleados públicos.

La vida da muchas vueltas y un día un secretario de Estado pudiera ser un empleado suyo pero, mientras eso pasa, lea, vote y defienda.- Mérida, Yucatán.

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*) Politologoblasto y dermatólogo

»Los legisladores cobran un sueldo bastante tranquilizador para la realización de sus arduas y extensas tareas; los diputados del PRD no tenían por qué levantarse de la mesa…




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