Construyendo a una persona sin cera

Historias de “Malolandia”

Alberto López Vadillo (*)

Durante el Renacimiento, los escultores españoles que cometían errores mientras tallaban estatuas de mármol disimulaban sus defectos con cera. Por eso una estatua que carecía de defectos y, por tanto, no necesitaba retoques era alabada como una “escultura sin cera”, lo que hacía que se incrementara su valor artístico y monetario.

Miguel Ángel Buonarotti, aquel gran escultor y pintor italiano que vivió precisamente durante el Renacimiento, cuando tenía ante él un gran bloque de mármol, decía que lo único que había que hacer era quitar lo que no servía, porque dentro de ese bloque estaba lo que debía de haber, la escultura misma.

¿Imagina, estimado lector, trabajos magníficos, hechos con tal perfección, como La Piedad, el Moisés o el mismo David, siendo creados utilizando ese pensamiento?

Durante los once años que llevo viviendo en el Centro de Reinserción Social, he apoyado en los aspectos psicológico y espiritual a muchos seres humanos con los que tengo en común que tenemos un sinfín de defectos. Cada día que trabajamos juntos la consulta se termina pareciendo más al taller de alguno de aquellos antiguos maestros escultores del Renacimiento que a un lugar donde se da terapia.

Curiosamente con el paso de los años me he dado cuenta que el trabajo con las personas se parece mucho a lo que hacían estos maestros con sus obras. Los seres humanos somos muy parecidos a esos bloques de mármol.

En cada persona que acude buscando consejo, uno mira más bien esculturas llenas de cera, que ciertamente cubren sus defectos para aparentar que están bien, pero que sin embargo lo único que hacen es evitar que ellos puedan verse como lo que son.

Se miran también esculturas que están inconclusas, en las que aún existe mucho mármol que no les sirve, que no se les ha quitado, que aún está con ellos, con el que además cargan.

En este orden de ideas, la consulta se vuelve entonces una labor de identificar dos cosas: la primera es, ¿cuáles son los defectos que las personas fueron cubriendo mientras crecían? Y que para ellos resultaron defectos tan graves que hubo que esconderlos para que nadie los descubriera y pudieran aparentar lo que no eran.

La segunda cosa a identificar es: el momento en el que dejaron de formarse como seres humanos. ¿Cuándo decidieron que como estaban era correcto y por tanto así debían quedarse? Sin darse cuenta que al hacerlo se quedaban con muchas cosas que no les servían, con lo que su vida se volvió más pesada y además aún no han podido descubrir cómo son a ciencia cierta, cómo quedaría la obra cuando esté totalmente terminada.

En el Centro de Reinserción Social trabajamos con personas que ofendieron a la sociedad con la que vivían, lo hicieron a tal punto que tuvieron que ser castigados por las leyes de los hombres con lo que se conoce ahora por los nuevos teóricos de la reinserción social como “la terapia en cautiverio”, que no es otra cosa que la idea de que al separar a una persona de su comunidad y enseñarle nuevos modelos de conducta utilizando como herramientas: la educación, el trabajo y el deporte, podrá ser reinsertado en un tiempo determinado a su misma comunidad. Esto es con la certeza, que si no absoluta sí cuando menos grande, de que podrá vivir respetando las normas de convivencia y urbanidad social.

Es por esto que al trabajar con ellos utilizando y explicándoles esta metáfora de las esculturas inconclusas y de la cera que cubre sus defectos, los ayudamos a que entiendan el por qué de sus conductas desadaptadas, apoyando su reinserción a la sociedad como personas más sanas y con la convicción de que pueden cambiar y ser mejores.

Los seres humanos buscamos con vehemencia a lo largo de nuestra vida la perfección, ser una persona sin defectos, pero conseguirlo no es cosa fácil. En mi experiencia profesional he observado que no existe nada más difícil y complicado que reconocer nuestros defectos, pareciera que nos aferramos a esa cera que le pusimos para cubrirlos y la hacemos parte de nosotros.

La gran tarea será siempre la de reconocerlos y trabajar con ellos, además de recordar siempre, que dentro de cada uno está lo que tiene que haber, sólo es cuestión de quitar lo que no nos sirve y construir una persona sin cera… Que así sea.- Mérida, Yucatán.

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*) Psicólogo. Interno en el Cereso meridano




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