Comunicación No Violenta: el lenguaje del corazón

 

*Por: Gabriela Soberanis Madrid

“Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar”. – André Malraux

 

Por trágico que resulta, comprender a los seres humanos que nos rodean es cada vez más difícil. No tanto porque no existan formas de lograrlo, sino porque nos hemos sumergido en una dinámica de vida en donde cada vez nos disponemos menos con tiempo y paciencia para escuchar y reconocer las necesidades, tanto propias como ajenas. El fin último de la comunicación es acercarnos, pero las formas que hemos adoptado no sólo nos han separado los unos de los otros, sino que han creado conflictos de gran escala en todo el mundo.

La atmósfera en los hogares, las escuelas, oficinas y, en general, en todas partes no solo no es la óptima, sino que muchas veces es de conflicto.  La tolerancia de la gente se ve desafiada por las actitudes de otros y muchas veces se permiten sufrir por ello. ¿Cómo podemos atenuar esos conflictos? ¿De qué manera podemos fortalecer nuestras relaciones con otros en vez de desconocer o rechazar sus necesidades? ¿Cómo podemos progresar desde el reproche y el resentimiento hasta las relaciones sanas y duraderas?

 

Hace ya muchos años que leí por primera vez sobre la Comunicación No Violenta y llamó fuertemente mi atención porque su desarrollador, Marshall Rosenberg, hacía hincapié en varias premisas importantes para sustentar el movimiento que promovía a favor del mejoramiento de la comunicación y las relaciones humanas. La hipótesis principal es que “la violencia es la expresión trágica de necesidades insatisfechas”, pero otros supuestos de gran relevancia los enuncia casi de forma textual:

  1. Todas las formas de violencia tienen su origen en personas que se engañan a sí mismas y piensan que su dolor es provocado por otros. Por ende, justifican los actos violentos y el castigo.
  2. Lo que los demás hacen puede ser un estímulo de nuestros sentimientos, pero no la causa.
  3. Cuando tomamos conciencia de nuestras necesidades y las necesidades de los otros, se abren los canales para que fluyan sentimientos más armoniosos.

 

Como podemos ver, el primer paso consiste en estar atento a cómo surgen esas expresiones de violencia y encontrar la forma de conectarnos desde el corazón con uno mismo y con los demás. La columna vertebral de ésta propuesta reside en creer que las personas son capaces de resarcir sus relaciones en la medida en que aprenden a comunicarse desde sus sentimientos y necesidades, dando lugar a la receptividad y la capacidad de escuchar a los demás sin emitir juicios o presuponer malas intenciones.  El fin último es crear puentes y unir a las personas. Busca promover y establecer relaciones honestas, empáticas y equilibradas, que favorezcan la voluntad de las partes a colaborar para que las necesidades de todos los involucrados sean atendidas.

Es imprescindible que las personas tomen consciencia de los juicios que hay por debajo de frases que, aparentemente poco trascendentes, sugieren una agresión: “No seas tonto”, “No piensas en los demás”, “Eres una carga para mi”, “Siempre me fastidias”, “Nunca haces nada bien”, etc. Rosenberg considera estos, ejemplos de lenguaje violento. A lo anterior, añadiría una síntesis de lo que el movimiento de la CNV deja en claro: los juicios y las críticas hacia los demás son sin duda una terrible manifestación de nuestras propias carencias.

 

Con el fin de empezar a practicar una comunicación más compasiva, aquí algunas sugerencias de lo que podemos hacer:

 

  • Evitar un lenguaje estático o de comparaciones (normal/anormal, bueno/malo, correcto/incorrecto)
  • Evitar palabras que connoten sentencia (debe, debería, tiene que, etc.)
  • Evitar emitir juicios (mentiroso, flojo, arrogante, deshonesto, etc.)
  • Evitar palabras que dicten sentencia utilizadas para exagerar (nunca, siempre, con frecuencia, rara vez, siempre que, alguna vez, etc.)
  • Al hablar, ser firme, claro y amable.

La comunicación no violenta se compone de cuatro pasos críticos. La idea en torno a estos pasos es  dar importancia a la observación para poder identificar sentimientos y necesidades y así, poder formular peticiones específicas, todo dentro de un lenguaje donde se eviten las connotaciones evaluativas o se sugieran etiquetas o definiciones limitadas de terceros, así como el uso del miedo, la culpa, la acusación, la coerción o las amenazas para satisfacer nuestras propias necesidades. Los pasos se resumen a continuación:

1. Observación: descripción breve de lo sucedido como se percibió, sin acusar a la otra parte, ni calificar con adjetivos.


2. Identificación de sentimientos

3. Identificación de necesidades

4. Formulación de una petición para satisfacer las necesidades identificadas

(petición clara, concreta y realizable en el ahora).

La CNV nos invita a ver más allá de lo que los demás dicen o hacen ya que cuando reconocemos nuestros sentimientos y necesidades, más fácilmente podemos hacerlo con respecto a los de los demás y esto cultiva el respeto y disminuye la  posibilidad de reproche o reprobación. En la CNV se trata más bien de concentrarnos en crear las condiciones necesarias para comprender los estados negativos que está viviendo la otra persona, en vez de hacerlo sobre la crítica y el disgusto que revelan sus palabras o acciones. Por otra parte, al dar cierre con una petición explícita pero respetuosa, nos aseguramos  de que la otra parte no interprete esa solicitud como una exigencia a una conducta específica, sino que queremos que haga lo que pedimos solo si realmente desea hacerlo y con el fin de asistir al bienestar común.

Todo lo anterior deja en claro que la comunicación no violenta no solo sirve para resolver conflictos sino que permite definir y clarificar los valores y principios que rigen la vida de una persona, ya que nos invita a concentrarnos en nosotros mismos y dejar que nuestra compasión natural se manifieste. La intención principal es aprender a conectarnos con los demás de forma más humana. Es tanto una herramienta como una práctica, por lo tanto se requiere tiempo y paciencia para incorporarla a nuestro modelo de vida. La esperanza que todos debemos guardar en nuestras relaciones, es que podemos hacerlas satisfactorias en función de cómo pensamos y nos comunicamos.

Por último, quiero compartirles la simbología que el modelo de CNV emplea a través de dos animales: la jirafa y el lobo. Siendo la jirafa el animal terrestre con el corazón más grande y el cuello más largo, éste representa la comunicación que proviene del corazón y la capacidad de tener una visión más general y clara de lo que acontece. Por otro lado, siendo el lobo  un animal depredador, se le relaciona con juzgar, criticar, moralizar y acusar y la incapacidad de ver otra cosa que no sea su presa. Por lo tanto, podríamos decir que el lenguaje del lobo divide y el de la jirafa, unifica. ¿A qué animal alimentarás en tu comunicación con otros?

 

 

* Dirección General Enfoque Integral

Consultoría, Capacitación y Coaching para el éxito

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