Cómo se entiende al político

Se dejen o no

Por Antonio Plascencia Gómez (*)

Luego de lograr ser un ciudadano cabal, consciente e irreverente, llegan las obligaciones. Las primeras son hasta cierto punto fáciles y consisten en observar, leer y/o escuchar a nuestros funcionarios públicos, a los administradores de nuestros dineros. Las segundas son más complicadas, a veces trágicas, inútiles e incluso frustrantes, ¿cómo entender a un político?

Para ello habrá primero que saberle oír, diferenciar entre mentira y verdad, entre ciencia y ficción, entre realidad o fantasía, aunque lo que siempre va a ser una constante es que lo que dirá será un dulce a los oídos, será justo lo que queremos oír en el momento indicado, a la hora indicada y en el noticiero o periódico de moda.

En política la verdad sólo se obtiene con la combinación de tres factores: la crítica de la oposición, la acción criticada que comete el Estado y -sobre todo- la respuesta de éste ante la crítica del primero.

Esta respuesta suele ser aprovechada por grandes pensadores, fuente inspirada de risas, poemas y prosas.

Un político no responde, cuestiona las preguntas hechas; un político no soluciona un problema, crea comisiones para hacerlo.

Un político va a querer continuar siendo político, tiene el sueldo seguro por tres o seis años, aunque el gobernador de este estado haya asegurado recientemente lo contrario. Obviamente no se refería a él, sino a sus subalternos.

Con sueldo asegurado por 3 a 6 años, lo que menos quiere un político actual son problemas. Estos vienen de las preguntas incómodas sobre sucesos reales que tras una verborrea abúlica, convierten en diatribas contra quienes las hacemos.

Así se entiende al político, como un animal político con fuerza, dinero, poder y, en ocasiones, hasta con inteligencia. Ignoran que esa fuerza es efímera y mínima ante unos ciudadanos unidos.

A un político no se le toca a la puerta, menos se le habla por teléfono.

A un político se le tira el muro, se le planta enfrente, se le cierran calles y avenidas, se le cierran oficinas, se crea el caos.

Entender a los políticos es el primer paso (con sus reglas) para avanzar en cualquier población civilizada. Los políticos de Maquiavelo no son los mismos que los de este México, aunque siempre actúen igual, así funciona el hombre.

En consecuencia, un ciudadano cabal, que sea consciente e irreverente -que haya ya oído y/o leído lo que sus empleados públicos hacen con su dinero- debe confrontarles, pues confrontar es auténtica crítica.

Se aprecia verdaderamente al pensador y se insulta tajantemente al estúpido. Así se entiende al político, confrontándole, se dejen o no.- Mérida, Yucatán.

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*) Politologoblasto y dermatólogo

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