Comercio informal: Más allá de la flogística

Antonio Salgado Borge (*)

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La multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo difíciles de descubrir -René Descartes, filósofo francés

Por ridículo que nos pueda resultar, durante muchos años fue aceptada una teoría que postulaba que la combustión en los objetos materiales era causada por un elemento interno, compartido por todos estos, denominado flogisto.

Como fácilmente se puede deducir de lo anterior, con la liberación total del flogisto presente en estos cuerpos, la combustión llegaba a su término. Empero, con el transcurrir de los años, diversos experimentos científicos se encargaron de echar abajo esta teoría, que hoy queda como un ejemplo aplicable a diversos momentos y ámbitos de la vida de la forma en que se puede atribuir una explicación o una estructura a fenómenos que se limitan a un orden observable específico.

Y es que, por útil que resulte, en diversas ocasiones la intuición no alcanza a aprehender las razones complejas que explican a determinados eventos cuya mera manifestación en un espacio y tiempo determinados resulta insuficiente para entender las causas que los hacen posibles.

En Yucatán éste es el caso del sempiterno fenómeno del comercio informal, que si bien alcanza su mayor intensidad en las calles del centro de Mérida, no se limita, ni por asomo, a esta zona. Cualquier meridano puede atestiguar la presencia de informales -ambulantes o fijos- en las principales avenidas, parques o espectáculos públicos que acontecen en esta ciudad. Desgraciadamente, también lo pueden hacer los turistas que visitan Chichén Itzá o el malecón de Progreso.

La voz que se levanta con más intensidad y frecuencia para exigir a nuestras autoridades alguna reacción ante este fenómeno es la de los comerciantes formales agrupados en cámaras empresariales, a quienes asiste la razón cuando aseguran que los informales representan una competencia desleal. Me parece que existen importantes elementos para afirmar que , aún en caso de ser atendida, la reiterada solicitud empresarial de remover llanamente a los informales de aquellas posiciones donde resultan más perjudiciales para el comercio establecido no tiene ninguna posibilidad real de éxito a mediano o largo plazos.

En días pasados, el secretario de fomento económico del estado afirmó que la economía yucateca lleva 10 años a la baja (Diario de Yucatán, 04/03/2014). No es difícil entender uno de los orígenes del comercio informal si a esta tendencia -que representaría una disminución de las actividades económicas formales del estado- aunamos el crecimiento poblacional ocurrido en el mismo periodo. Si bien una declaración de esta naturaleza es bienvenida, resulta importante subrayar que las acciones o planes del gobierno estatal para abordar el citado problema se antojan, por decir lo menos, insuficientes.

En este sentido, de poco o nada sirve regalar mochilas, pollitos o laptops, organizar ferias de empleo para acercar a potenciales trabajadores a empresas ya establecidas, o romper un Record Guinness, competencia altamente improductiva y en la que el ganador no compite realmente contra nadie. A pesar de que el pésimo desempeño económico de nuestro estado se enmarca en la tragedia vivida a nivel nacional en el mismo sentido, muchos de los factores que impiden el crecimiento de la economía de nuestro estado podrían, si así lo quisieran nuestras autoridades, ser abordados a nivel local; pero requieren de una auténtica visión de estado y difícilmente serían redituables políticamente a corto plazo.

El primero de ellos, descrito anteriormente en este mismo espacio (19/01/2014), es una completa falta de comprensión del potencial que representan los principales desarrollos científicos y tecnológicos mundiales, así como de las causas que hacen posible el acontecimiento de éstos. En Yucatán no se habla siquiera de la posibilidad de sumarnos, mediante una seria inversión en educación e investigación, a la revolución económica que han echado a andar los más recientes robots o las impresoras tridimensionales, que generaría empleos bien remunerados.

La corrupción es otro factor que limita nuestro crecimiento; dado que ésta cuesta alrededor de 10 puntos porcentuales del PIB (“La Jornada”, 17/04/2012), es inadmisible que ningún esfuerzo institucional serio de combatir la corrupción haya sido implementada como parte de los intentos por reactivar nuestra economía. Tampoco son visibles políticas públicas destinadas a reducir la inequidad que, de acuerdo con economistas de la talla de Joseph Stiglitz y Paul Krugman, representa uno de los más serios impedimentos para el crecimiento económico en cualquier nación.

Abordar manifestaciones de esta problemática, como el crecimiento del comercio informal, la mendicidad, el pandillerismo o algunos tipos de delincuencia común, exclusivamente desde una óptica de limpieza o de seguridad pública, como lo hizo Felipe Calderón durante su infame sexenio, o pretender acorralar a quienes incurren en este tipo de acciones en zonas específicas de la ciudad o del estado no resolverá la situación de fondo; tan sólo nos llevaría a perder de vista la real magnitud de eventos que, dadas las condiciones descritas, resultarán cada vez más frecuentes.

Mientras continuemos desestimando la verdadera naturaleza de estos fenómenos y conformándonos con explicaciones producto de observaciones sumamente limitadas, estaremos atados a fabricaciones flogísticas que, justamente por su comodidad y por su simplicidad, implican la trágica renuncia a la posibilidad de llegar a causas últimas que no podemos darnos el lujo de seguir desestimando.- Mérida, Yucatán.

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@asalgadoborge

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*) Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

»Me parece que existen importantes elementos para afirmar que la reiterada solicitud empresarial de remover a los informales no tiene ninguna posibilidad real de éxito




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