Ciudadanos irreverentes, duros

Ciudadanos irreverentes, duros

Antonio Plascencia Gómez (*)

Y sucedió: pasó el 30 de abril sin que las leyes secundarias en la reforma político-electoral (la madre de todas las reformas) siquiera se discutieran, se liberaron algunas superfluas y mediocres, como la ley de delitos electorales que -dicho sea de paso- es una perogrullada pero necesaria.

Las más importantes, que involucran el control de los consejeros electorales, los topes y en su caso las sanciones a los gastos de campaña, y sobre todo las candidaturas ciudadanas no fueron tocadas -como a la piel- ni con el pétalo de una rosa. Si revisamos las noticias notaríamos que esta reforma, la político-electoral, fue condición propuesta por el PAN para aprobar la reforma energética que en este sexenio el PRI propuso y que, dicho sea de paso, es casi similar a la que Felipe Calderón envió en su momento al legislativo y a la que el PRI se opuso en voz de Manlio Fabio Beltrones, quien cambia de opinión cada tres años, según se acomode su sueldo y el de su familia.

La reforma político-electoral propuesta entonces tenía dos ejes principales: eliminar el control de los gobernadores sobre los institutos electorales estatales y crear las candidaturas ciudadanas e independientes. Fue aprobada en lo general, pero faltaron las letras chicas, las leyes secundarias.

El PRI, como debe ser conocido, reconocido y ya sobreseído, ha dado largas para que por lo menos hasta 2018 tengan los gobernadores (20 de los 31 estados son gobernados por el PRI) el control de los institutos electorales estatales; esto, sabido es, les permitirá acomodarse a los tiempos, endeudar estados, formar coaliciones con los carteles, comprar yates, viajar, ser sordos y mudos a los reclamos de la ciudadanía y, peor, perpetuarse en la administración publica.

Ninguno de los temas se ha tocado y, aunque los tres principales partidos políticos han prometido que la sacarán en los períodos extraordinarios de sesiones que inician el 14 de mayo, ¿quién les cree?

Estos partidos proclaman a gritos que “urge” sacar la reforma político-electoral, pero lo hacen sentados, con tiempo y con calma; el PRI se ve más optimista y en voz de Miguel Ángel Chico Herrera asegura que hay un avance del 90% en las leyes secundarias, ¿alguien le cree?, cuando fueron ellos los que se levantaron de la mesa de negociaciones hace dos semanas antes de que terminara el período ordinario de sesiones. Lo que querían era botar su aprobación y lo lograron, son mayoría, votados por ciudadanos.

Lo que pasará es que se legislará, sí, pero tarde, justo para que los tiempos electorales no coincidan y los 17 estados con comicios en 2015 no tengan que modificar leyes -o lo hagan tarde- y los institutos electorales -el Ipepac en Yucatán- permanezcan intactos, es decir, no pasará nada, en México no pasa nada, realmente nada.

Antonio Matute González y Carlos Pavón Durán tenían razón, o al menos son visionarios. Pero quien acusa debe dar soluciones, pues fácil es escribir describiendo la realidad mexicana sin siquiera pensar en combatirla. Aquel analfabetismo político de Bertolt Brecht que abunda en el 90% de los ninis, 70% en jóvenes de 20 a 30 años y (asombroso) en 30% de adultos mayores -a excepción de José Manuel Mireles, vocero de las autodefensas michoacanas- lejos de erradicarse se ha hecho pandemia, la comodidad que otorga un buen sueldo o una pensión, el egoísmo mexicano descrito por Paz, la pereza, estupidez y mediocridad descrita por Jose Ingenieros parece no extraerse de las mentes mexicanas y, peor aún, parece contagiarse.

Hay palabras que producen nauseas pero resultan ciertas: “Cada pueblo tiene el gobierno que merece”; me resisto a repetirla y en cambio sí a combatirla. Pero las pruebas Pisa 2012 y Enlace 2013 me contradicen; México es el país con el peor desempeño en matemáticas, lectura y ciencias, estamos educando a más ninis, los jóvenes del futuro no nos llegarán a los talones. Además de irreverentes, los ciudadanos debemos ser duros, llanos, liberales, pragmáticos e incisivos. Si empezamos a hacer ciudadanos así, quizá en 65 años estos legisladores de todos los partidos políticos entiendan que no tienen la potestad de la política en sus manos y que la ciudadanización de la política se hará porque se hará. Ellos tendrán tiempo, nosotros no.- Mérida, Yucatán.

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@antonioplascen

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*) Dermatólogo y politologoblasto




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